Es imposible no concebir la muerte de Elsa Serrano como un simbolo del momento politio que atraviesa la Argentina. De la gloria de los 90 en la que junto con Gino Bogani, Serrano marcó el estilo de toda una epoca signada por sus caracteristicos pantalones palazzo a la muerte carbonizada en un departamento al contrafrente. Convengamos que el estilo siempre está vinculado con el poder en el sentido de que la imagen que uno tiene de si mismo acaba siendo negaciada con la imagen que el resto tiene. Entre la mirada ajena y la mirada propia se filtra lo social y en lo social la diferencia entre el querer y el poder. Por eso el estilo viene a compensar por las propias carencias. En el caso de Serrano, su estilo barroco, señorial y estridente llegaba mientras en el mundo triunfaba el minimalismo. De algun modo, el estilo de Serrano compensaba por un tipo de elegante austeridad que la desesperacion bulimica de la convertibilidad no permitia tener.

El final de Serrano sorprende por su desprotección. Es un final demasiado solitario y precarizado para alguien que supo gozar de las glorias comerciales durante los 90s. En ese final llama la atención la falta de personal de servicio que la asista, la carencia de sistemas de deteccion de humo e incendios y una sintomática desconexión con los vecinos. Todo esto vinculado de alguna manera con el tipo de país que se forjó en la decada del 90 en donde la industria nacional fue totalmente desmantelada dando lugar a una economía especulativa al tiempo que la sociedad se atomizaba resignando a las personas a su lugar intimo, proceso que el Covid terminó de consolidar. J A T