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@esteban.pastorino @delinfinito

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Los ‘paisajes’ de Esteban Pastorino en Del Infinito son un soplo de aire fresco en un circuito artístico en el que la terminación de la obra parece haberse convertido en algo innecesario (para algunos) o simplemente inalcanzable (por cuestiones presupuestarias y de costo de materiales en tiempos de devaluación, para otros). Pastorino pertenece a la camada de fotógrafos argentinos que rechazaron el virtuosismo técnico que los clubes de fotografos durante los ochenta sacralizaron así como a aquellos que confundieron fotografía con alguna variante de fotoperiodismo durante los setentas y los ochentas. Pastorino entiende a la fotografía como un digno contrincante de la pintura pero no en el sentido del paragone, es decir, de la ya milenaria pelea entre lo bidimensional y lo tridimensional (la escultura) sino desde el posmodernismo, en diálogo con el modernismo. Por esto me refiero a la obra de arte en tanto objeto autónomo y unitario colgado en la pared del museo o de la galería que tambien en sus variantes minimalistas se transforma en una escultura (Donald Judd o Carl Andre, por ejemplo) que invade el espacio del espectador y lo interpela de una manera ya no contemplativa sino corporal.

PASTORINO EN ‘DEL INFINITO’

Algo similar hizo Horacio Inchausti en su muestra del año pasado en Azur pero desde un punto de vista estrictamente modernista en el que dialogaba con la pintura y la ya muy establecida relación entre objeto y espectador aunque al entrar al espacio de la galeria, el brillo de lo mostrado impactaba al visitante no solo ópticamente sino al nivel del cuerpo. Sin embargo, si de buscar una diferencia se trata, en Inchausti las alteraciones a la lente de la cámara iban en la dirección opuesta al descriptivismo panorámico de Pastorino. En su muestra ‘paisajes’, este ultimo da un paso más en un proyecto artistico coherente de ya varias décadas en el que los diferentes registros visuales fotograficos son combinados con los modos en los que el cuerpo (en el caso de Pastorino) sigue al ojo. El titulo de ‘paisajes’ hace honor solo a esta muestra sino al genero que desde siempre este artista viene cultivando.

Horacio Inchausti EN AZUR

Casi como si se tratara de un rito el espectador es obligado a observar los panoramas presentados frente a él (en los que, además, se respeta la relación entre el abajo y el arriba como si de una mirada siempre antropocentrica se tratara) ajustando su cuerpo a la maravilla de lo que la vision aumentada de la camara puede ofrecer. Lo que resulta particularmente atractivo de esta muestra es el modo en el que espeja los últimos avances en materia de telefonos digitales (Samsung) y superficies en las que las imagenes digitales pueden ser vistas (como telas y papel). Desde un punto de vista modernista, su muestra es un ensayo en como aquellas formas esculturales que generaron un tipo de espectador mas participativo en la decada del sesenta se transforman en superficies en las que lo panoramico de la fotografia puede adaptarse. Dicho de otro modo, en la muestra lo contemplativo y lo fenomenologico entran en tension para generar una suerte de disciplinamiento del cuerpo que apunta a cómo los nuevos medios tecnologicos condicionan la vida. J A T

Horacio Inchausti EN AZUR