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@avemiseria

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La muestra ‘Deshuesado’ de Charly Herrera en Ruth Benzacar es otro episodio del neo-conceptualismo lírico afectivo post-Macchi del que Herrera parece haberse apropiado en su vertiente más de cabotaje. Prueba de esto es el aspiracionalismo comercial de la muestra y el uso ventrilocuista de un crítico prestigioso paraguayo para inyectarle una vocación política que, en realidad, la muestra niega. Mediante la inclusión de una serie de elementos que indican ciertos aspectos autobiograficos deliberadamente pobres, tristes y vinculados a lo que podriamos denominar como la Historia ‘Mínima’ del artista, Ticio Escobar en el texto del catalogo lo califica erroneamente como micropolítico.

Apenas vi la muestra, hubieron dos cosas que me llamaron la atención. Lo primero es lo optico y pictorialista de las obras hechas para ser colgadas en la pared y de forma rectangular como si aludieran a dibujos enmarcados. Lo novedoso de la misma es como comodifica en objetos colgables y listos para consumir lo que habitualmente en el neo-conceptualismo afectivo serían instalaciones. El genero es como lo dice su nombre ‘afectivo’, lo que significa que no apela a una decodificación cognitiva a traves de simbolos por parte de un espectador contemplativo. Esto no es una novedad (aunque para Escobar parezca serlo) sino que desde Gabriel Orozco, Jorge Macchi y Claudia Fontes, por dar tres ejemplos, se ha convertido en moneda corriente en la escena del arte latinoamericano e internacional. El objetivo de este tipo de arte es que mediante la colocación de ciertos elementos casi siempre derivados del Surrealismo, el espectador sienta algo afectivo a nivel corporal. Esta relación fenomenológica (y potencialmente afectiva) entre el espectador y la obra de arte (generalmente, instalación) tampoco es nueva sino que se remonta, en primer lugar, a los experimentos minimalistas de la decada del sesenta en los que el espectador se enfrentaba a una experiencia corporal en la que el vacío era llenado por las variaciones repetidas de su propio cuerpo en el espacio. Mas cerca nuestro en el tiempo, los experimentos locales de la Neo-Vanguardia como La Menesunda de Marta Minujin y Ruben Santantonín llevaron esa relación corporal entre el espectador y la obra al siguiente nivel con el objeto de ampliar los modos de percepción de aquel y abrirlo a nuevas experiencias. Con la explosión del mercado del arte a partir de la década del 90 y del 2000, los espacios exhibitivos necesitaron disciplinar esta experiencia de un modo, por así decirlo, apetecible para un publico de clase media y media alta que buscaba construir identidad mediante el consumo de arte. Dicho de otro modo, el mundo del arte necesito adaptar la suciedad y el ‘descontrol’ del happening de fines de los 1960s como modo de ampliacion de la experiencia a algo mas controlado, sentimental y disciplinado. Es ahi donde aparecen en el mundo del arte las paradojas visuales de Macchi y Fontes que, en realidad y como dije anteriormente, no son otra cosa que una derivación de algunos recursos visuales del modernismo y más especificamente del Surrealismo y de cierto Dada.

En ‘Deshuesado’, Charlie Herrera blanquea esta deuda con el Surrealismo tal vez porque se acaba de dar cuenta de que existe lo que pone en evidencia el precario nivel de discusión del conceptualismo local. Al Ticio Escobar erroneamente interpretar esto como un ensayo visual en el que se evidencia la opresion patriarcal sobre los cuerpos individuales, la atención es desviada del carrierismo y comercialismo de obras chatas listas para colgar en el living pequeño burgués. Esta cualidad pret a porter se ve reforzada por ese blanqueamiento del dialogo con el Surrealismo mediante la utilización de parte del arsenal simbólico usado, por ejemplo, por Buñuel y Dali como por ejemplo: escaleras, camas, ratones y arreglos florales como significando representación de los sueños y por lo tanto, del inconsciente. Si ‘significa’, Ticio Escobar está en lo errado al decir que la ausencia de significación es un rasgo politico. Los objetos elegidos por Herrera para ser colgados de las paredes derivan como ya dije del Surrealismo y del Dada y no son sino ‘objets trouvés’ o dispositivos mnemónicos que disparan recuerdos y sensaciones de la infancia o, como dice Herrera, aún no transformados en recuerdos al mantenerse en el estado alpha de la nostalgia.

El hecho de que los objetos ‘liricamente’ colocados por Herrera incluyan indices de su vida personal y familiar como arreglos florales, ratones de la granja de su familia en un pueblo de Santa Fe, etc sean erroneamente queerizados por Ticio Escobar como micropolíticos es particularmente problematico y lo coloca al paraguayo en la linea de fuego en tanto que pone su potencia critica al servicio de un proyecto comodificador y deliberadamente apolítico. Si la micropolitica es el testimonio de la opresión que el sistema patriarcal/ el Estado o el Mercado ejercen sobre los cuerpos en sus vidas cotidianas, esta muestra empaqueta y glamoriza de manera sentimental los rasgos ‘mínimos’ de la vida del artista como si en sí mismo tuvieran una potencia critica de la que, en realidad, carecen. El testimonio post-surrealista orientado al mercado de Herrera poco tienen de micropoliticos sino que son los sintomas de como el mercado (Benzacar) disciplina los afectos transformandolos en manipulación. J A T