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Nadia Martinovich @nmartybch

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Pólvora 720 es un espacio de arte ubicado en Venezuela 720 y es poco menos que espectacular como espacio. Techos de vidrio que permiten luz indirecta iluminan a las obras de arte de la manera que debe ser iluminadas. En la crisis habitacional que atraviesa la ciudad de Buenos Aires, estas joyas inmobiliarias pertenecientes a una arqueológica Argentina industrial en la que desde hace decadas ya no hay industrias emergen reconvertidas para este tipo de proyectos lo que, sin lugar a dudas, debe ser celebrado. La muestra en cuestión se llama ‘Equinoccio’ y reune a una serie de artistas alrededor de un concepto más o menos cercano al de un Buenos Aires ya no industrial sino post-apocaliptico al que sorprendentemente colocan en el futuro mientras un diputado nacional le chupa las tetas a su asesora. Una de las artistas expuestas es Nadia Martinovich cuya obra me interesa  no por los objetos producidos sino por el modo en el que su práctica nos permiten extraer significado desde otro lugar. En lo personal, siento que tengo que cambiar el eje de una critica de arte argentina contemporanea si lo que pretendo es recuperar la motivación de hacer ese tipo de críticas. Esto es necesario para devolverme la motivacion de hacer critica de arte contemporaneo argentino en medio de lo que a primera vista parece la nada misma. Dicho de otro modo, no puedo seguir culpando a estos artistas jovenes bruzzonianos argentinos por creer que no tienen otra alternativa que hacer lo que hacen sino comenzar a preguntarme por qué se resignan a hacer un arte que superficialmente se presenta como disruptivo pero en realidad es profundamente burgues y reaccionario, por un lado y tambien preguntarnos por qué se rehúsan a hacer arte sin pensar en el contexto mas abarcativo en el que ese arte es realizado. Estos artistas hacen arte sin preguntarse las implicancias que el medio elegido y su insercion en el mundo de la vida tienen para su proyecto. Esto no tiene otro nombre que narcisismo. Sin embargo, a esta altura tengo la sospecha de que pedirles que no se subordinen a los mandatos del mercado sería algo así como que aprendan chino cantonés por lo que sospencho no tener otra alternative que tratarlos como el sintoma de un enfermedad que los trasciende.

Una de las razones por las que decidí dejar de reseñar arte argentino joven es porque está compuesto de gestos y comentarios en el que solo hay variaciones de tema que adquieren sentido en tanto expresiones de la subjetividad del joven o la joven en cuestión lo que, de por sí, no puede interesarle a nadie mas que al proyecto pan-archivistico de Bruzzone y al grupo de amigos y colegas de los jovenes en cuestión. La pregunta es entonces cómo devolver la inversion libidinal a un proyecto de crítica de arte contemporaneo argentino. Sería muy fácil insistir desde la crítica de arte en lo reiterativo de estos gestos que en tanto tales renuncian a la posibilidad que debe tener el arte de cambiar la realidad tanto desde una perspectiva de arte autonomo unitario y negativo (Adorno) como de un arte social que opere directa o indirectamente sobre dicha realidad. En estos proyectos, lo que noto es cierto melancolia en tanto rechazo de hacer el luto de la realidad de un artista que no resigna su vida a tener que obedecer a los designios del mercado para poder pagar el alquiler.

Nadia Martinovich hace ‘collages’ pintados con ‘escenas post-apocalipticas’. El collage como medio es, tal vez, el más democratico ya que no se necesita conocimiento especializado para hacerlo ni entrenamiento artistico alguno. Sin ir mas lejos, este fue el medio elegido por los H.I.J.O.S. de desaparecidos. Sin embargo, ella usa la pintura (tempera ?) colocada como acuarela, un medio que historicamente ha sido usado para expresar la experiencia individual moderna del primer capitalista que trataba de justificar romanticamente que su destruccion de la naturaleza no era tan destructiva como podía pensarse. Dicho de otro modo, Martinovich amalgama una estetica progresista con una reaccionaria y el resultado es una unidad en la que se juntan diferentes elementos que refieren a ese futuro post-apocaliptico que, supongo, debemos entender como indeseable. Hasta alli su critica social. La pregunta que uno debe hacerse es quién es el público de dicha critica si esta obra esta destinada a ser colgada en un contexto de mercado del arte en un living pequeño burgues. Si lo que a Martinovich le interesa es la visiiblidad de la problematica ecologica y de la necesidad de cuidar el medio ambiente su eleccion de medio es profundamentamente conservadora y parece mas una justificacion para acceder a ese mercado que la elude no solo a ella sino a varias generaciones de artistas argentinos que la conviccion de poner su esfuerzo para que el mundo sea un mundo mejor. J A T