Debo confesar que no tenía ni idea de que Mario Pergolini tenía un hijo. Es más, si bien su padre me lleva diez años en mi mente quedó congelado en la epoca de CQC a la edad que me fui de Buenos Aires para instalarme en Inglaterra allá por el 2003. Tal es así que cuando vi el video en el que Tomás Pergolini en el programa que conduce en la radio de su padre (‘Vorterix’) se mofa de la muerte de Eddie Van Halen, me pareció ver a su padre pero a medida que su boca se iba abriendo y sonidos iban formando palabras dos cosas me llamaron la atención: lo primero fue su profunda pacatería disfrazada de actitud crítica y, lo segundo, su naturalización de la muerte como algo absolutamente normalizado como si fuera equivalente a irse de vacaciones o tener una gripe. Esto, desde ya, en una epoca en la que una gripe puede facilmente terminar en muerte. Desde ese punto de vista y teniendo en cuenta lo funcional que era la ‘critica de medios’ que solia hacer el padre al sistema (neoliberal/menemista/etc), Tomás es un digno hijo de su padre.

Cuando me refiero a la pacatería de derechas de Tomás Pergolini me refiero al modo en el que en su discurso transforma la ya muy problemática cultura hipster de ‘lo sano’ en un arma que direcciona contra aquellos que durante el siglo XX y por qué no durante este, eligieron una posición de rechazo del statu quo que, en algunos casos, solo puede ser mantenida haciendo que el dolor psiquico sea, al menos por un rato, aliviado mediante la utilización de drogas y alcohol. Dicho de otro modo, si elegimos no considerar a la adicción como una enfermedad (la que, de por sí, exigiría de Tomás un poco de comprensión) y que, para mí es una categorización problematica porque anula la importancia del contexto social y cultural en la necesidad de ‘olvidar’; podemos entender que el arte y lo dionisíaco muchas veces van muy productivamente de la mano. Con esto quiero decir que hay algo profundamentamente neoliberal en la ‘liviandad pseudo-cool’ de Tomás al suponer que no se puede perder ni un minuto de ‘pseudo-cool-ness’ recordando a los muertos y que aquellos que murieron por sentir demasiado cometieron el error de hacer, precisamente, eso: sentir.

Esto nos lleva a lo segundo que es la naturalización de la muerte como algo que no amerita ni siquiera que nos detengamos a presentar nuestros respetos. En el mundo de Pergolini Jr. el luto, la melancolia y la depresión no son otra cosa que interrupciones a la productividad o lo que en su caso de privilegios e ‘hijo de’ podriamos considerar como ‘productividad’ que es administrar su herencia osea levantarse de la cama, subirse al auto comprado por papa para ir al trabajo habilitado por papi y decir las boludeces que dice bajo el paraguas protector de papa quien le da una libertad que otros, seguramente, no tienen. Sin embargo creo que seria un error pensar a este joven como no cumpliendo una función social en un momento en el que se impone el mandato cultural de devaluar la vida como algo cool. Si en los 60s era cool vivir, en el 2020 parece ser cool no preocuparse si a uno o a alguien cercano le toca morir.

Todo esto no seria preocupante si no viniera de alguien a quien debemos considerar como parte de nuetra dirigencia. Como Maximo Kirchner, Tomas Pergolini hace lo que hacía su padre y recibe en bandeja no solo la infraestructura que le permite perpetuar con su pose cool el sistema que supuestamente critica sino que tambien es heredero de un tipo de legitimidad social sin la preparación minima que permita tranformar su vocación en liderazgo. Pergolini Jr. es la contracara de M’Hijo el Dotor de Florencia Sanchez. Dicho de otro modo, el hijo de Pergolini trabaja en la radio de Pergolini hacienda lo mismo que hacía Pergolini. Cero creatividad. Pura linealidad patriarcal degenerativa. Esta es la ruina spiritual de nuestro país. Endogamia infinita con privilegios. J A T