En un rimbombante articulo en La Nación, Meridiano (la asociacion de galerias de arte de la Ciudad de Buenos Aires), la Cámara Argentina de Arte Contemporáneo y la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI) junto con la Cancilleria Argentina acaban de anunciar como gran logro que van a subir el archivo de las obras disponibles de los artistas por ellos representados a Artsy, la plataforma global de venta de arte online. Artsy ya fue usado, con poco éxito, por ArteBA en su frustrado intento de que todo siguiera como antes del Coronavirus. El tipo de lógica detrás de este tipo de medida es adhitivo ya que suma lineal en lugar de cualitativamente. La sumatoria en masse de un acervo abrumador de imágenes e información a una web ya saturada de información para ser vista por un público internacional que no solo ha tenido que pasar sus actividades cotidianas a la web sino que ha visto intensificadas las ofertas digitales en diferentes vertientes: desde Amazon Web hasta Zoom, está destinada al fracaso. Dicho de otro modo, si Meridiano y la Cancilleria quieren lograr visibilidad para el arte argentino, subir una database amorfa e indiscriminada a la ya agobiante oferta de arte en la web sin siquiera saber hacia qué noción de arte quieren atraer atención no solo demuestra una falta total de creatividad sino que pone en evidencia cuan obsoletos son aquellos que lo proponen, es decir, las galerías.

 

 

El problema de Meridiano (y voy a mencionar solo a ellos para abreviar) es que son la epitomización de aquellos que se aferran a la creencia de que el ‘viejo orden’ (anterior al Covid) va a reinstaurarse apenas pase la pandemia. Llamemos ‘restaurador’ a este tipo de pensamiento. Los ‘restauradores’ son aquellos que tienen fe en el pensamiento mágico de que el cambio puede ser frenado. Convengamos que si el cambio ya era vertiginoso antes del Coronavirus, tras él, este es inexorable. Ya no existe un orden al cual Volver por que el presente se ha disuelto en la liquidez del futuro o, mejor dicho, el futuro es el distópico presente. Lo que el percepticida Meridiano se resiste a ver es que la noción misma de arte ha cambiado para siempre en unos pocos meses y las galerias, si bien no estan condenadas a desaparecer, se enfrentan a una encrucijada que puede resumirse en tener que elegir entre el arte como decoración (osea, el no-arte) y el arte con mayúsculas (es decir, como propuestas epistemologicas que permitan ampliar la percepción y para las cuales las galerias en un 99% no cuentan con los medios para promover).

Lo que creo no existirá más es el arte ‘espectaculo’. Ese arte que genera turismo por su espectacularidad y que, casi siempre, está vinculado al medio de la instalacion. Ese arte está a punto de extinguirse. Pensar que su opuesto de poner arte en las redes digitales es la solución es demasiado naif. A nadie le gusta ver arte online por la sencilla razon de que el arte es la promesa de nuestro reencuentro con la creación natural. No hay arte sin materialidad y encuentro y es precisamente eso lo que el Covid ha venido a poner en cuestión. Sin embargo, la desconcentracion de las ciudades a partir de la virtual desaparicion de las oficinas y su reemplazo por el trabajo en el hogar hacen que el rol del lugar en el que uno vive (la palabra en ingles para esto es ‘dwelling’) adquiera renovada importancia. Es más si uno trabaja en casa, los modos de relacionamiento de pareja van a cambiar y uno comenzará a buscar en aquellos con quienes estaremos ‘secuestrados’ otro tipo de atributos mas propios de una maratón afectiva que de una serie de encuentros sexuales esporádicos. Volviendo a la cuestión del arte, esta proliferación de casas suburbanas y rurales deberán ser decoradas para hacer el trabajo y las relaciones mas placenteras pero, como bien sabemos, la decoracion y la pose son las enemigas del arte. Las galerias, sobretodo en paises pobres como el nuestro, serán inexorablemente empujadas a vender arte ornamental que, por definición, es arte ‘con minúscula’. Es por esto que Meridiano ya no puede ser portavoz de políticas culturales ni mucho menos ya que ha quedado reducido a aquel que come las sobras de la extinción de las ferias de arte que ya podemos afirmar que son parte de la historia.

El otro tipo de arte osea el Arte con mayuscula que genera nuevos modos de percibir la realidad es la gran incognita y en esto las galerías y los museos tienen muy poco para decir porque durante los últimos treinta años no usaron un criterio creativo sino adhitivo creyendo que más es mejor. El Covid dejó en evidencia algo que este blog ha venido advirtiendo desde su creación y es que el rey está desnudo y pocos en la dirigencia cultural o en estas organizaciones tiene las categorias mentales para poder navegar las nuevas y profundas aguas de una cultura que tendrá como función (y lo digo sin vueltas) evitar que la gente se mate. Si la cultura será el único espacio liberado de farmacología en un mundo hipernormativizado en el que ni siquiera tendremos acceso a reunirnos con otros o trabajar en grupo, la misma no puede ser dejada en manos de comités o asociaciones de sobrevivientes (como los empobrecidos galeristas) ni mucho menos de un departamento estatal encargado de inversiones en un pais cuya política oficial ha demostrado ser adversa a eso. En lugar de eso necesitamos lideres culturales e intelectuales que puedan pensar el nuevo escenario con la practicidad suficiente de aquel que viene a salvar el mundo. Esto está muy lejos del mequetrefismo de los que siguen aferrados a una idea melancolica de lo que ya no puede ser. J A T