ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE GODDESS IN THE DOORWAY

By the way, cómo buena campesina tengo cierto fetiche con los cementerios y , lugar al que voy, lugar en el que visito el cementerio. Hace unos años hice una visita guiada a Recoleta, bastante divertida. Me quedo grabada la historia de Salvador María del Carril: cuando él murió, su esposa ordenó construir un semejante monumento, con el busto de su extinto esposo. Cuando ella murió, pidió en el testamento que a ella también le hagan un busto – mucho más grande que el de su esposo- y que lo coloquen de espaldas a él, ya que “habían vivido 30 años sin mirarse a la cara”. La viuda y posterior finada mantuvo la hipocresía mientras vivió, pero le puso punto final el día de su muerte. Y así están, de espaldas, con el nombre de ella en tamaño gigante y el de el – en el traste del monumento- chiquito, borroso y de espaldas.