Dejé pasar un par de días para procesar la nota que escribiera en primera persona y en su calidad de amiga Silvia Saravia de Neuss, la Curadora en Jefe del MALBA, Gabriela Rangel. Su tono circunspecto y a veces un tanto demasiado estetizado intenta establecer un puente entre las emociones y la politica (feminista) y esto es algo que Rangel sabe hacer bien, por supuesto, en primera persona. Decidí repostear el artículo en el blog para ver la reacción de los comentaristas a este ensayo micropolítico (osea a nivel de la experiencia personal) de feminismo por parte de una venezolana en un país que viene de experimentar una version del mismo totalizante en donde las grandes consignas y proclamas acapararon durante, al menos dos años, todo el espacio de debate. Por supuesto, esta puesta en escena del vinculo estetico entre el feminismo y la politica generó que comentaristas como Kika se desbordaran en halagos a la primera mención de palabras como ‘amistad’, ‘victima’ y femicidio. Kika dijo: ‘Qué bien escribe ésta mujer! Qué culta, clara y sensible! Me encantó! Con respecto al tema de su carta / artículo es increíble para quienes no conocíamos a los personajes en cuestión así qué imagino será aún más inexplicable para quién frecuentaba a la víctima. Todo está rodeado de tips muy border. Del hecho en si no hay mucho qué explicar el asombro. Pero hay otras situaciones qué demuestran el grado de negación y enfermedad qué envuelve a todos. Haber realizado un entierro formal (los presentes no asisten si alguien no avisa, no convoca) con ambos ! Víctima y asesino!’. Sospecho que la caracterización por parte de Kika de la curadora Rangel como ‘culta y sensible’ tiene que ver con que en la nota firmada por esta última en Clarín, dice: ‘Silvia era amante de la literatura de Albert Camus y de la ópera, curiosa, jovial, delicada e inteligente mujer que devino parte de un magro grupo de personas con quienes me siento en casa donde quiera que me encuentre, sin tener que explicar demasiado’. La amistad como algo grato, plácido, confortable con conversaciones (bucólicamente Plinianas?) vinculadas a las bellas artes, es decir, a las artes en tanto disciplinas: literatura, libros, opera, museos, etc. Una pregunta que emerge de la nota de Clarín es si esas charlas sobre arte e intercambios de libros eran un modo de evitar la intimidad (entre amigas para realmente conocerse) o, en otras palabras, si en esas interacciones el arte y la cultura eran un arma (not pun intended) para negar la realidad y mirar para otro lado tanto por la deprimida victima como por aquellos a los que no les convenía ver. Nuevamente el percepticidio como eje rector del mundo del arte y sus relaciones.

A quienes ni Rangel ni Kika dudaron en demonizar fue a los varones negadores de la familia que decidieron enterrar a víctima y victimario (papá y mamá) juntos. Personalmente, me resisto a culpar a una familia que, en condiciones normales, debería estar en shock por lo acontecido sobretodo si se tiene en cuenta el trauma adicional de ser observada y juzgada por la sociedad en el preciso momento en el que, para peor, tiene que repartirse una fortuna fabulosa, en sí misma, sospechada. Poner a ambos padres juntos es algo politicamente incorrecto y hasta obsceno pero desde el punto de vista de un hijo que, como cualquier otro hijo, en algún momento de la vida quiere volver a ser el bebé de mama, es perfectamente entendible que pretenda negar lo acontecido y restaurar el orden previo al asesinato. Este es el punto en el que el ambito privado se transforma en un campo de disputa entre la politica feminista y las emociones generadas bajo la patriarcal esfera de Edipo. Pueden hacerse, entonces, dos lecturas del sepelio. La cínica dirá que lo hicieron para salvar el buen nombre de la familia patriarcal y la empática les permitiría soñar, al menos cada vez que los visiten en su lugar de descanso eterno que el tiempo puede volver atrás en el Más Allá.

Pero en las ultimas horas comenzó aparecer un coro griego que intenta poblar con ‘amigos’ ese espacio doméstico, aparentemente monopolizado por la familia en varias casas vacías en diferentes lugares del mundo. A cargo de esta tarea se pusieron en Clarín, Rangel con el ya mencionado artículo testimonial y en La Nación, una psicofántica Celina Chatruc. Tras leer los testimonios de los ‘amigos’ a la conclusion que puedo llegar es que todos tenían una relación transaccional con ella. Al primero que hace referencia Chatruc es a Hugo Petruchansky que podriamos decir que es una suerte de competencia mía en los cursos de historia del arte y viajes de estudio. El se dedica a señoras paquetas (por lo general de la Cole) cuyo interés en el arte es estrictamente superficial mientras que yo apunto a un target de alumno más genuinamente interesado en el arte. Mientas mis clases transforman al arte en algo que se vive en el cuerpo, Petruchansky se refiere a él como objetos inertes colocados en pedestales con poca o ninguna relación con lo que nos pasa. La diferencia de profundidades en el modo en el que se trata el arte es impotante porque (y este pudo haber sido el caso de Saravia) casi siempre, el arte te puede salvar la vida. Este, al menos, fue mi caso y como en un parto, despues de esas experiencias uno cambia y establece una relación real. No es por mandarme la parte pero hoy recibí un mensaje de voz de un alumna de mis clases de los jueves de nombre Agustina que dijo sobre mi curso lo siguiente: ‘Quedo muy emocionada desde que se termina la clase los jueves porque me estan ayudando mucho a pensar en la vida’. Si no invirtiera nueve horas semanales de mi vida para explorar con ellos el sentido de la vida, me aburriría bastante y posiblemente me hubiese dedicado a otra cosa. La relación entre Petruchansky y su alumna muerta no puede ser más diferente: ‘Estaba apagada, un poco triste’. Sólo eso. Este es el problema cuando al arte se lo limpia y se lo divorcia de la vida. Se seca como la gente y las familias. Es cuando el arte pasa a ser usado como un instrumento para negar la realidad en una sociedad crecientemente desconectada en donde algo que te puede salvar puede hacer lo contrario y aislarte aún más. Prueben ir a una fiesta con el directorio de ArteBa o del MALBA y van a sentir la desconexión en su sentido más atroz y, por supuesto, desde mi segundo mes de playa en Grecia, no estoy hablando con resentimiento de clase ni mucho menos.

La segunda persona a la que recurre Chatruc es a Magdalena Cordero, ex presidenta de la Asociación de Amigos del Centro Cultural Recoleta cuya relación de ‘amistad’ (oh sorpresa!) tambien es ‘transaccional’ y su comentario incluso mas negador y dolorosamente superficial: ‘Hace años que estaba con nosotras, pero era muy reservada. Si hubiéramos sabido que el marido era agresivo habríamos hecho algo’. Eso no es un amigo. Un amigo aprende a leer entre lineas y transforma el goce de la vida en conocer al otro. En el caso de Cordero lo transaccional viene cruelmente despues al decir: ‘Silvia le había encargado a otra de las catorce alumnas treinta potes de cerámica para tomar el té, que quedó en pasar a buscar el viernes’.

Lo de Rangel no está demasiado lejos de esto ya que según cuenta que conoció a su ‘amiga muy querida’ Silvia ‘en Nueva York gracias a mi profesión en el mundo del arte’. Rangel dice que ‘con Silvia desarrollé a lo largo de estos años una sólida y bella amistad que superó la década y, sobre todo, pudo eludir varios desencuentros originados por la discrepancia sobre principios que básicamente abarcan los derechos reproductivos. Aún así logramos evitar que nuestros botes se volcaran en las agitadas aguas del río y continuamos viéndonos. Silvia, amante de la literatura de Albert Camus y de la ópera, curiosa, jovial, delicada e inteligente mujer que devino parte de un magro grupo de personas con quienes me siento en casa donde quiera que me encuentre, sin tener que explicar demasiado. Si bien nos dejábamos de ver durante meses, con lapsos mucho más estirados en los últimos tiempos, el reencuentro no costaba esfuerzo alguno, sino todo lo contrario, significaba la recompensa de un dialogo diáfano aunque con semitonos y alguna disonancia menor. Recuerdo haberle regalado My Brilliant Friend (La amiga estupenda) de Elena Ferrante como tributo a nuestra cordial diferencia’. Luego Rangel dice que ‘la ayudó a recaudar fondos para realizar exposiciones de arte argentino en Nueva York cuando ella era directora de Artes Visuales de la Americas Society’. Y remata: “Yo no hubiera podido hacer la muestra de Marta Minujín sobre el Minucode, en 2010, si ella no me hubiera ayudado. Y para la de Facundo de Zuviría, en 2017, ella misma aportó una cantidad apreciable”. Esta es claramente una amistad que le sirvió y mucho a Rangel y me pregunto si una vez que uno saca provecho de un ‘amigo’, la relación puede continuar gozando de esa igualdad que para Aristoteles es condición fundamental y necesaria de su existencia.

Como podemos ver y a partir de los testimonios, Saravia no tenía amigos con los que no tuviera una relación transaccional y son esos amigos quienes, segun confiesan, no la conocían o ‘de esos temas’ (aborto, por ejemplo, como con Rangel) preferían no hablar dejando la relación limitada a lo retóricamente culto. Es precisamente ese arte retóricamente culto (Camus, Pape, etc) del que Petruchansky y Rangel no son sino brokers (a falta de otro nombre para calificarlo) el que para funcionar transaccionalmente tiene que ser vaciado del conflicto y de la suciedad que caracteriza a la vida y que, eventualmente, le permite a una persona generar la identificación necesaria para conocerse. Estos ‘empleados’ le presentaron a su ‘amiga’ una version higiénica (distante en el caso de Petruchansky y Cordero y depurada de conflictos en el caso de Rangel). El problema es que sin problemas no hay amistad sino comercio.

Me pregunto (y esto es pura especulación de parte mía) si la amistad de Rangel no tendrá que ver con que fue Saravia quien le consiguió la entrevista para el cargo que finalmente obtuvo en el Malba y que el haberse dejado de verse no tuvo que ver con Saravia sino con que Rangel consiguió lo que quería. Uno tiene la impresión de que Saravia estaba sumida en una larga depresión que le impedía ver lo que tenía frente a sí y la gente que permitía que se acercara a ella era precisamente aquella incapaz de conectar. Hay algo demasiado estético y pulido no solo en el texto de Rangel sino en su vision del arte y la amistad que no solo debería llamarnos a la reflexión respecto de la muerta sino de a quienes ponemos a cargo del arte. J A T