ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE LJO

Les vengo a abrir las puertas del inframundo. Yo creo que a cierto nivel lo que pasó con Cirio tiene que ver menos con Foucault y más con cómo se articulan las figuras mediáticas hoy: sin mediación editorial. Cirio es sólo un caso más entre muchas de las metidas de pata que hoy protagonizan los llamados influencers, tiktokers, instagramers, youtubers, tuiteros que ya son lo mismo, porque cada uno de ellos tiene al menos una cuenta en cada red social. A ver, hay un mundo allá afuera, en las rede sociales para público joven (aunque Cirio técnicamente no es tan joven), donde estos furcios pasan todo el tiempo, porque se trata de gente que sólo es famosa por lo que dice y muestra. Y mientras más dice y más muestra más famosa es, más likes tiene y más dinero le entra, así que no piensan antes de hablar, solo piensan en producir contenidos y alcanzar millones de vistas. Todos en algún momento la han cagado, porque se mueven según el espíritu de época. Los más antiguos en esto hace cinco años hacían chistes sobre pedofilia y racismo porque estaba de moda el humor negro. Ahora todos somos inclusivos y se ponen a llorar por lo que hicieron, pero si se vuelve a poner de moda, lo van a volver a hacer, porque son gente que no se forma y por lo tanto no tiene eso que en guión se llama el arco del personaje. o sea esa transformación interna que enriquece al personaje y lo hace crecer emocionalmente. No, todos estos son personajes sin arco, aptos para el consumo adolescente y por eso se quedan siendo adolescentes.

Está Martín Cirio, pero también está Maratea, Lizardo Ponce, Yao Cabrera, Kenya Oz, Kimberly Loaiza, Rayito, Yoss Stone, Kunn, Domelipa, Rod Contreras, Jake Paul, Rawvana, El Rubius, JuanPa Zurita, Yuya, Juan de Dios Pantoja, Kika Nieto, Pautips, Juan Pablo Jaramillo, Luis Fernanda W, Tati Westbrook, James Charles, Jefree Star, Shane Dawson, las hermanas D’Amelio, Maurg1, Dallas Review, Luisito Comunica y una larga lista, en la que solo cambian algunos aspectos identitarios (algunos son mexicanos, otros argentinos, otros colombianos, otros estadounidenses; los hay más blancos, más negros, más populacheros, menos populacheros, unos cristianos, otros ateos). A todos les pasa lo mismo: todos en algún momento se van de boca y escandalizan a sus seguidores: que si Joss maltrató a un lanchero, que si Kunno cobra cifras exageradas por los saludos, que si Luisito morbosea mujeres, que si Kika Nieto es una homófoba que se las da de cristiana, que si Rawvana comió pescado cuando dice que es vegana, que si Domelipa violó la cuarentena para hacer una fiesta, que si Yao Cabrera le mandó sus seguidores al intendente de Zarate que lo quiere multar por hacer fiestas de 200 personas en un country en plena pandemia, etcétera. A todos los amenazan con cancelarlos y sacan su vídeo en medio con los ojos llorosos, diciendo lo mucho que aprendieron, que hoy son mejores personas, que el mundo antes era otro… Se les caen los seguidores un rato, pero ahí siguen. Luego vuelven a recuperar las cifras que tenían. Ni idea cuánto durará esto, pero ésa es la dinámica que ya lleva un buen rato. No es que las figuras de antes fueran mejores, pero se hacían un nombre trabajando en una ocupación real y seguían la línea editorial de un medio. Estos chicos y no tan chicos van por su cuenta, hablando todas las huevadas que les salen y así les va. En el mejor de los casos tienen un publicista o un manager, pero éste también salió del inframundo de las redes sociales, así que orientación real no van a tener.

Para que se hagan una idea, este chico se está haciendo una carrera de influencer haciendo una especie de noticiero sobre las idioteces que hacen los influencers y los temas que se viralizan en redes sociales.