En un exageradamente largo video en Youtube, Martin Cirio quizo hacer demasiadas cosas al mismo tiempo y la principal de ellas fue, según entiendo, pedir disculpas. Si el cometido era ese, el mismo no fue del todo logrado ya que los momentos en los que el pedido de disculpas llegaba, su formato era el de ‘yo sé que fue un horror lo que dije y una canallada’. Dicho como si sufriera de Tourettes y con los ojos demasiado cerrados, lo exagerada de su autocrítica (‘Soy una mierda. Soy un desastre. No lo puedo creer’) y la forma de exabrupto de la misma hicieron que no fueran creíbles. A pesar de esto, en los treinta minutos de duración del video, Cirio, hizo una reflexion sobre la especificidad del medio (Twitter, Facebook y las redes sociales) contextualizando diferentes momentos históricos y discursos de manera un tanto demasiado dicotómica. Para él y en eso no podemos sino estar de acuerdo, el #NiUnaMenos marca un antes y un despues en la tolerancia social a un tipo de humor particularmente ofensivo para ciertos grupos y sensibilidades. Esto no es algo de lo que se haya dado cuenta recien ahora sino que, según él, lo inquieta desde hace un tiempo.

El tema de la fama aparece en su disculpa una y otra vez, estructurado como un antes y un despues de ella. Como muchas otras cosas en su vida, la fama no solo potenció sino que le permite justificar su resentimiento social. Antes de ella, Cirio se define como internalizando homofobia, inseguridad de clase y racismo. La inseguridad para él necesariamente viene con el rechazo del otro lo que refuerza una vision del mundo maniquea constituida a partir de pares de contrarios. Si lo anterior a la fama es la internalizacion del odio, el despues de la fama es la megalomania y la paranoia y es precisamente ese el punto en el que Cirio parece no estar del todo centrado. Digo esto porque en su mundo, se ve (o, al menos, eso manifiesta) como un activista en favor de los derechos humanos que se ocupa de dar visibilidad a diferentes colectivos (como el gay, queer, etc) y que hace lo que ‘nadie’ (sic) hace. Para él, esto es razón suficiente para que grupos ‘oscuros’ (supongo, de integristas católicos) inviertan dinero y esfuerzo para hacer una arqueología de tweets, y una campaña mediática en su contra. Cirio se ve como el campo de batalla de un capitulo de las guerras culturales del nuevo milenio y como un protagonista de la cultura de la cancelación. Tal es así que en su reflexión entorno de la pedofilia aclara que mientras pierden el tiempo con él, los verdaderos pedófilos siguen haciendo daño. El rechazo social a la persona que pide disculpas por sus tweets son vistos por él como una cortina de humo de los verdaderos problemas sin entender el lugar que ocupa ese tweet en la naturalización de dicha práctica y como tanto él como los pedofilos (a partir de ese chiste) no pasan a ser extremos sino gradaciones de un contínuo que va de la irresponsabilidad pelotuda al crimen. Hannah Arendt dijo algo que me gusta pensar en mi vida cotidiana y es que el diablo es, antes que nada, tonto.

Es en el largo del video y en su paranoia en donde la desesperación de Cirio acaba siendo una reflexion forzada que todos aquellos que, en algun momento, fuimos protagonistas de la redes sociales durante la segunda decada del milenio tuvimos que hacer. La pregunta es: Vale la pena todo esto? Estamos lastimando a alguien sin necesidad? Y una que me toca más de cerca: Estoy confundiendo ‘justicia social’ y ‘activismo’ con narcisismo e irresponsabilidad? En mi caso personal ese primer momento tuvo que ver con mi  recuperación de una adicción fuerte.  No obstante eso, estoy lejos de renegar de esos comienzos que abrieron un camino para que este tipo de dialogo con este nivel de visiblidad actual ocurriera pero algo tenía que cambiar y la persona tenía que imponerse al personaje. Mi lugar en el blog dejó de ser una performance para ser más bien una expresión de un proyecto conceptual muy específico y el costo de esto es que como una vez dijo Patricia Kolesnikov con tono de torta mala: ‘Cañete, vos sos muy año pasado’. En buena hora! Dicho de otro modo, hay un momento en el que el trabajo del que tiene cierto éxito en las redes sociales se ve sometido a la presión de decidir si la prioridad es la cantidad de clicks o el mensaje a comunicar entendiendo por esto que se tiene algo para decir. Qué es el teatro y el humor y la comedia sino la oportunidad de catarsis para alguien (el lector/espectador) que busca ser mejor? Esta decisión no es facil porque en su mayoria aquellos exitosos en las redes sociales no tienen otro talento mas que el que los hizo populares. La diferencia entre lo uno y lo otro es la diferencia entre lo que en pintura está adentro y afuera de un cuadro. La cuestion del marco.

Es el marco (osea, la diferencia entre el adentro y el afuera) lo que Cirio no puede hoy diferenciar con facilidad: ni el chiste de la realidad; ni el personaje de la persona. Esto en un contexto exaltado en el que la ley de la cancelación anda buscando cabezas para decapitar en su negativa a diferenciar la metafora (el chiste, la ironía) de la realidad. La literalidad nos está matando pero tambien el narcisismo y si de algo es culpable Cirio es precisamente de un exceso de esto ultimo. Ese video pretende disculparlo por boludo pero no por narciso y ahí se queda a mitad de camino. Es más, demuestra que su ego está herido y como todo ego herido inmaduro lo que primero que hace es echar culpas. Como en sus comienzos en los que no quería decir que su preferencia sexual era ser pasivo (ser penetrado por otros hombres) por miedo a ser discriminado, Cirio destroza no solo su intimidad sino la posibilidad de conexión. Qué puede tener para decir alguien que no puede conectar ni siquiera con sí mismo. J A T