Eran las nueve de la mañana en Grecia y deperté a todos en la casa con mis carcajadas mientras veía en mi I Phone: ‘Borat Subsequent Moviefilm: ‘Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan’ (Amazon Prime). Lo que me hizo reir sin parar fue el baile de debutantes en el que Sasha Cohen y su imprescindible hija Tutar (Maria Bakalova) shockeaban a la cursi sociedad blanca de Atlanta (las mujeres vestidas de gala con gowns de polyester tomando cerveza de la botella con una servilleta en la mano), con una danza de la fertilidad manchada de sangre menstrual. Digo que la presencia de Tutar es ‘imprescindible’ porque evidencia la virtual imposibilidad de hacer ese film en otras condiciones por dos razones. En primer lugar, el exito original de Borat hace que sea inmediatamente reconocible y por lo tanto casi imposible que Cohen pase desapercibido, si de improvisar camaras ocultas se trata. En segundo lugar, la mayor parte de la pelicula fue filmada en tiempos de Covid.

Por lo primero, de entrada la pelicula nos muestra a Borat de regreso en los Estados Unidos, escapando de sus ‘fans’ y comprando su ropa en un negocio de disfraces de Halloween en donde en una puesta en abismo encuentra disfraces de sí mismo. Esto hace que necesite un socio que le permita hacer camaras ocultas a personalidades de alto nivel en la era en la que toda informacion está disponible instantaneamente y todos conocen a todos, sin ser detectado. Quien va a cumplir ese rol es su hija Tutar quien, en la trama, encarna la coima enviada por el Primer de Kazakhstan para Mike Pence.

Si bien esta secuela aparece en un momento oportuno en tanto instrumento de praxis política en donde el humor es utilizado para generar conciencia a los fines de modificar la realidad (yendo a votar), poco queda del elegante experimento social original en el que se intentaba mostrar como civilidad y moralidad son dos cosas muy diferentes en el Estados Unidos contemporeaneo. El modo en el que el personal detrás de un mostrador ha sido no solo robotizado (sin llegar a ser robots) sino tambien vaciado de etica muestra a una sociedad en la que nadie conecta y lo unico relevante es trabajar para poder volver al aislamiento individual. Ese Boratiano divorcio entre civilidad y moralidad se hace evidente cuando un vendedor de municiones al que Borat le dice que quiere para matar una decena de judíos o la vendedora de tortas a la que le pide que escribe un mensaje abiertamente antisemita ni pestañean. Lo shockeante o, como diria Barthes, el ‘punctum’ de la situación es el modo naturalizado de la interacción y la ‘buena onda’ que le ponen los vendedores. Esta es gente que si ve alguien muriendose en la calle pasa de largo como aquel profético cuadro de la serie de Desastres de Andy Warhol. El problema en esta secuela es que esto mismo ya fue hecho por el Borat original lo que la obliga a explorer mas a fondo el staus de la mentira en nuestras sociedades ya que si en tiempos de George Bush se necesitaba un Borat, en tiempos de Trump este resulte un tanto redundante.

Es por esto que el peso de esta secuela radica en el humor tematico (mucho más tradicional) respecto del subtexto feminista (Tutar fue educada para creer que la vagina de la mujer es dentada y que si se la toca la chupa y la escupe por la boca) cuya redención es localizada de manera un tanto artificial a traves del subtexto racial (es la nanny negra la que le enseña a quererse como persona y la anciana judía la que le demuestra que el Holocausto no fue mentira). Es en este sentido que Borat 2 es mas light pero tambien mas oscura ya que no solo pone en evidencia a los conservadores por lo que son sino que, tal vez sin quererlo, se pone en evidencia a sí misma. Digo esto porque mientras en la versión original no cabía duda de que todo era espontaneo, en esta hay muchas dudas y la suspension del descreimiento cuesta mucho, llegando al momento más delicado en la entrevista de Tutar a Rudolph Giuliani en la que el momento en el que el ex alcalde de New York y abogado personal de Donald Trump se mete las manos en los pantalones para sacarse el microfono es manipulado para ser visto como un intento de masturbación. Borat 2 parece mentir tanto como aquellos a los que quiere desenmascarar y al hacerlo pierde la elegancia del experimento inicial para quedar manchado en el barro.

Como argentino uno no puede dejar de comparer este ejercicio de incorrección política en donde todos los tabúes que van desde la pedofilia, el incesto hasta el genocidio son usados para generar humor. En las última semanas, Martin Cirio se embanderó en el humor como instrumento de activismo politico. Sin embargo, la diferencia con Borat es que Cohen no sólo logra enmarcar exitosamente dicho humor dentro del marco que le da no solo la pelicula sino un personaje (que ademas aparece condicionado por su propia popularidad lo que es incluido como parte de la trama de la pelicula) por lo que uno sabe que es un chiste puesto al servicio del mejoramiento ético en tanto experimento social. El caso de Cirio es el opuesto porque es planteado como opinión automonumentalizante de manera graciosa y solo presentado como chiste en el momento en el que las papas comenzaron a quemar y necesitaba una justificación. Lo que en Cohen es ficción convertida en instrumento de cambio social a traves de su interaccion con la realidad, en Cirio es una subjetividad comprometida construyendose frente a camara sin capacidad de deconstruirse a no ser que haya algun tipo de beneficio. J A T