View this post on Instagram

 

@modernoba @osoturquesa

A post shared by Gustavo A. Bruzzone (@gustavobruzzone) on

En el modo tradicional en el que la mafia del amor del sistema del arte porteño suele operar, algunos artistas locales no tardaron en postear imagenes de la muestra ‘Sueño sólido’ de Nicanor Araoz (ahora en el MAMBA) en cuyos epígrafes cantan loas para asegurarse de su pertenencia a ese endogamico y decadente circulo. Por su parte, Victoria Noorthoorn, directora del Museo muestra músculo presupuestario que, a pesar de su cuantioso presupuesto, es mal habido por la sencilla razón de que hace uso de una herramienta como el programa de Mecenazgo Cultural que fuera originalmente concebido no para que el Estado financie sus programas sino para que el sector civil pueda acceder a ese tipo de financiamiento.

La muestra de Araoz en sí misma es pretenciosa y mala y solo puede generar opiniones positivas entre aquellos que se fascinan por su escala en una ciudad en la que el arte ha estado compuesto por diminutos gestos artesanales, al menos, desde la Galería del Rojas y posteriormente, Belleza y Felicidad. El lenguaje desplegado por Araoz es de vocación internacionalista y por eso es derivativo, colonizado y exhausto al tiempo que se presenta como de vanguardia, renovado y fresco.

Ademas, la propuesta de Araoz en tiempos de COVID no solo es banal sino potencialmente asesina ya que incluye una series de estructuras a ser visitadas en un espacio cerrado en medio de una pandemia multiplicando la posibilidad de contagio. En el caso de ‘Sueño sólido’, el arte no expande los modos de percepción de lo visual sino que, directamente, los pone en peligro de extinción. La irresponsabilidad de la directora al no poder pensar modos menos pandémicos que este innecesario monumento al neo conceptualismo afectivo con pretensiones post-humanas a esta altura no sorprende ya que en su ya largo tenure al frente del museo ha demostrado una gran capacidad de trabajo pero reducida brillantez e inteligencia.

Digo que este ejercicio no tiene sentido porque la relación entre el texto de la muestra (escrito por un tal Lucrecia Palacios) y los recursos visuales puestos a disposición del espectador es inexistentes. Segun el texto, la muestra es un proyecto en el que conviven ‘en el espacio la capacidad regeneradora de una floración, la delicadeza de la ceramica o la emotividad de la música vintage que reproduce una rockola con las energias destructivas de los tornados, la violencia de la Guerra y la agresividad de los materiales sintéticos, como el poliuretano’ que vale decir no es tan sintetico ya que contiene ‘ure’ osea orín. Para Palacios, ‘si en varias de sus exposiciones anteriores Araoz había trabajado sobre las pulsiones reprimidas, aquí, se aleja del relato traumático y se pregunta por la posibilidad de existencia de nuevas formas de vida que reunan la tecnología y la naturaleza’.

En todo momento, el artista es definido como escultor y desde esa disciplina es propuesta esta instalación  que está organizada en dos areas de una gran sala del museo. De un lado, encontramos dos formaciones monumentales vinculadas por cadenas de neon que estan colocadas de manera vertical en otra parte de la sala. Nuevamente como en el caso de Charly Herrera en su recientemente muestra de la Galeria Ruth Benzacar, el neo-conceptualismo afectivo se vuelve simbolico al incluir elementos cuyas referencias humanistas son demasiado evidentes como los maniquíes y las cadenas. Por su parte, las formaciones monumentales estan hechas con plastico y con maniquies dispuestos en forma de una flor gigante lo que simula algo orgánico que a su vez no lo es. Entre ambas formaciones hay un pedestal alargado con forma de barra sobre el que el artista colocó una moto, tres esculturas tambien con formas organicas y un par de pantalones. Del otro lado de la salal, Araoz tiene una rockola enmarcada por alas gigantes de plastico transparente. Lo que construye valor aqui no es tanto la forma como los materiales que son presentados como vehículos afectivos. Sin embargo, el problema para la generación de afecto es la abrasiva escala en la que todo esto está escenificado y digo escenificado porque el nivel de teatralidad es insoportable y nos retrotrae a algunos ejericios instalacionistas de feria de arte de hace por lo menos diez años. Por su parte, los intentos de construir un concepto post-humano carecen de toda evidencia visual mas alla de los poemas que la inerte rockola contiene en uno de sus displays o las formaciones organicas carente de contexto.

Dado el muy actual tema (tecnología, biología y post humanismo), el modo de resolución y presentación es tan tradicional que deshace el efecto afectivo que intenta generar. Es como si la realidad en tanto distopia hubiera superado a la distopia aquí, inocentemente, planteada. Pretenciosa, confusa, anacronica y peligrosamente inoportuna. J A T