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La frase ‘0 es 3’ (Cero Estrés) está grafiteado en una chapa colocada a la izquierda del ingreso a la sucursal Parque Lezama de la Galería Pasto y es el título de la muestra de Fede Cantini, una muestra cuyo significado artistico es complejo de extraer si no se lo hace desde su intent de inserción en la genealogía del devenir de ‘la amistad como performance’ en los años ochenta a ‘la performance de la amistad’, en la actualidad. Estoy personalmente muy interesado en esta tradición (que, dicho sea de paso, será el eje de mi segundo libro sobre arte argentine). No creo exagerar al decir que la cuestión de la amistad como material artístico estructura la historia alternativa del arte argentino desde los ochenta. No tiene demasiado sentido explicitarlo aquí pero para los fines de nuestra reseña, durante los años ochenta emergió en la escena underground un tipo de arte que permitía soportar la vida en condiciones extremas de catastrofe sanitaria y moral a través de la amistad y la relacion de afecto entre ciertos grupos (en principio, de artistas). Ellos comenzaron a ver a la amistad como el material artístico de un proyecto estético. Para ellos la obra era el encuentro y no el registro del mismo. Lo que se hacía era invitar al espectador a un encuentro estético a modo de o bien una reunión de amigos o bien de una parodia de la fiesta (que, en condiciones, tan críticas no podia ocurrir). Durante los noventa, esto se desplazó al Centro Rojas la ferrea mano curatorial de Jorge Gumier Maier transformó la amistad como performance en una performance de la amistad con un sentido mucho más estratégico. En el proceso la amistad se desexualiza y se Vuelve operativa para su eventual inserción en el mercado de la mano de Ruth Benzacar. Podemos decir que allí la amistad pasa de un modo para sobrevivir de gente al borde de la muerte a un modo de avanzar en la carrera artística. Desde allí, Proyecto Venus y Belleza y Felicidad fueron ambitos en donde aquellos comienzos performativos de los ochenta intentan ser recuperados con la adición de la objetualidad del Rojas y muchos guiños a los debates internacionales lo que deviene en una intelectualización de las ‘tecnologías de la amistad’, lo que debe ser entendido como el pasaje o, mejor dicho, la transformación de la amistad como salvavidas en un arma de posicionamiento en un mundo del arte profesionalizado. El culto al arte ‘menor’, ‘imperfecto’, ‘motivado a partir de unas birras con lo’ pibe’” que ha venido desarrollandose durante los últimos veinte años debe ser entendido a la luz de estos desarrollos.

El caso de Federico Cantini debe colocarse cerca del de Santiago Villanueva en tanto que intentan o bien intelectualizar (este el caso del segundo) o bien aludir a ciertas figuras del pasado para posicionarse no solo en relacion al prestigio de estas figuras sino tambien a los fines de contextualizar su propia identidad como subalterno (provinciano, pobre y periférico). Por eso cuando Cantini saluda a Bruzzone (ver video) de manera pseudo-cool, mostrando su sentido del fashion a modo de small talk, aquellos origenes de la amistad como modo de sobrevivir la catastrofe moral y sanitaria pasan a segundo plano para dar lugar a una escena en la que la cuestión es otra. Sin ir más lejos, lo primero que dice Cantini es que sus bajo relieves de barro del Paraná son ‘homenajes a su coterraneo Lucio Fontana’ lo que le sirve para manipular relacionalidad como alusión a los fines de colocarse en otra tradición (la modernista) con la que, a decir verdad, no tiene demasiado que ver (con la excepción de compartir esporádicamente el mismo medio).

Desde ya, advierto al neófito que cualquier intento de aproximarse a estos objetos desde la logica formalista usada en los debate modernistas posmodernistas siempre se van a dar de frente con la otra logica (en mi opinion más adecuada) según la cual esto es arte no porque lo dice su galerista Abelenda sino porque el galerista y el artista performan una amistad que es instrumentalizada a los fines de generar valor dentro de la ya mencionada tradición. Ignorantes como Avelina Lesper quedarán totalmente fuera de esta tradición del arte al exigir excelencia en la manufactura sin entender que la calidad en tanto tal no es sino un idiologema. Es por esto que esta obra no puede ser analizada desde fuera de la genealogía en la cual pretender insertarse y en ese sentido, desde la ropa ‘urban chic’ (con gorro incluido) que un (ya no tan) joven Abelenda con actitudes de derechas que confunde sexo y Kircherismo con ‘actitud radical y rebeldía’ quien vino desde la provincia de Corrientes a poner una galería financiada con dinero familiar transforma Resistencia pasiva en pose pseudo chic.

Hago mención al galerista porque es parte de la performance en la que los bajorrelieves presentados por Cantini de ‘barro del Río Paraná cocido en horno de ceramica hechos en Rosario incluye imagenes de un encuentro con amigos en un día complicado’ (de la cuarentena). En el espacio de la galería, se presentan unas cabezas esculpidas en varias maderas de arboles autóctonos que ‘tienen que ver con los bajorrelieves’ por lo que debemos suponer que las cabezas son retratos del grupo de amigos. Esto significa que la muestra en la sucursal de Parque Lezama de la ya establecida Galería Pasto es la puesta en escena (a traves de sus retratos) de una reunión de amigos a la que el espectador se suma frente a una serie de viñetas que ilustran la historia de un día complicado para todos ellos. Comprendido.

Sin embargo, esto no lo es tanto para Bruzzone quien cuando entrevista a Abelenda (con barbijo mal puesto, en pose cool y demasiado excitado) y muy contra su propia tradición noventosa, intenta extraer sentido y al no poder hacerlo pregunta: ‘Por qué la muestra de Fede?’. Abelenda confirma mi lectura al decir: ‘No sabíamos qué hacer este año. Todo estaba parado y yo estaba muy deprimido y de pronto Fede me dice: “Por favor, AMIGO necesito trabajar y producir, tengo un montón de ideas’. Tras esto procede aclarar que, como dije antes, los bajorrelieves son ‘parte de un relato de una noche entre AMIGOS encerrados, juntandose en casas durante la pandemia… ayudandose’. De manera un tanto bizarra, Bruzzone pregunta por enésima vez el precio (que ya habia preguntado al artista y este se habia rehusado a darlos en cámara) por lo que tras negarse una vez, Abelenda ve la oportunidad (con el artista lejos) y avanzar diciendo que van desde 1500 a 3000 dolares, todo en tono exitado y retoricamente cool. Es evidente que el arte de la amistad como modo de sobreponerse a la depresión post-Dictadura y durante el SIDA es, al menos, durante la primera ola del COVID algo diferente en tanto y en cuanto las condiciones de produccion y los medios son profundamente conservadores si se los compara con sus colegas de un par de generaciones atrás. Este modo de entender a la amistad como performance obedece más al legado negador de Jorge Gumier Maier y esa parte del Rojas que a la efervescencia creativa que dio origen a todo este modo (revolucionario, por cierto) de entender el arte. J A T