El siguiente artículo ha sido escrito por Ida Auken, quien fue Ministra de Medio Ambiente de Dinamarca en el periodo de 2011 a 2014, y fue publicado el 11 de noviembre en el sitio web del Foro Económico Mundial.

Bienvenido al año 2030. Bienvenido a mi ciudad – o debería decir, “nuestra ciudad”. Nada me pertenece. No soy dueño de un auto. No soy dueño de una casa. No poseo electrodomésticos ni ropa.
Puede parecerte extraño, pero esta ciudad, para nosotros tiene mucho sentido. Todo lo que considerabas un producto, se ha convertido en un servicio. Tenemos acceso al transporte, alojamiento, comida y todo lo que necesitamos en nuestra vida cotidiana. Una por una, todas estas cosas se convirtieron en gratuitas, por lo que al final no tenía sentido para nosotros poseer mucho.

Primero fue la comunicación la que se digitalizo y se hizo gratuita para todos. Luego, cuando la energía limpia se hizo también gratuita, las cosas comenzaron a moverse más rápido. El precio del transporte cayó espectacularmente. Ya no tenía sentido poseer un auto, puesto que podíamos utilizar un vehículo no tripulado o un auto volador para hacer viajes más largos en minutos. Empezamos a transportarnos de una manera mucho más organizada y coordinada cuando el transporte público se hizo más fácil, más rápido y más cómodo que el automóvil. Ahora apenas puedo creer que aceptáramos las congestiones y atascos de tráfico, por no hablar de la contaminación del aire debido a los motores de combustión. ¿En qué estábamos pensando?

A veces uso mi bicicleta cuando voy a ver a mis amigos. Me gusta el ejercicio y disfruto el paseo. Es como recobrar el ánimo a lo largo del viaje. Es curioso que algunas cosas parezcan nunca perder su entusiasmo: caminar, andar en bicicleta, cocinar, dibujar y cultivar plantas. Tiene perfecto sentido y nos recuerda cómo nuestra cultura surgió de una estrecha relación con la naturaleza.

“Los problemas ambientales parecen lejanos”

En nuestra ciudad no pagamos ninguna renta, porque alguien está utilizando nuestro espacio libre siempre que no lo estamos utilizando. Mi sala de estar se utiliza para reuniones de negocios cuando no estoy allí.

De vez en cuando, prefiero cocinar para mí mismo. Es fácil, me traen el equipo de cocina necesario a mi puerta en cuestión de minutos. Desde que el transporte se convirtió en gratuito, dejamos de tener todas esas cosas guardadas en nuestras casas. ¿Para qué tener una máquina de hacer pasta y un sartén para crepas llenando nuestras alacenas? Simplemente podemos pedirlos cuando los necesitemos.

Esto también facilitó el avance de la economía circular. Cuando los productos se convierten en servicios, nadie tiene interés en cosas con una vida corta. Todo está diseñado para que dure, se pueda reparar y reciclar. Los materiales están fluyendo más rápidamente en nuestra economía y pueden transformarse fácilmente en nuevos productos. Los problemas ambientales parecen muy lejanos, ya que sólo utilizamos energía limpia y métodos de producción limpios. El aire está limpio, el agua está limpia y nadie se atrevería a tocar las áreas protegidas de la naturaleza porque son muy valiosas para nuestro bienestar. En las ciudades tenemos mucho espacio verde, plantas y árboles por todas partes. Todavía no entiendo por qué en el pasado llenamos todos los lugares libres de la ciudad con concreto.

Ida Auken

Foto tomada de weforum.org

La muerte de las compras.

¿Compras? Ni siquiera puedo recordar lo que son. Por lo general, sólo tenemos que seleccionar las cosas que vamos a utilizar. A veces lo encuentro divertido y a veces sólo quiero que el algoritmo lo haga por mí. Ahora él, ya conoce mejor mis gustos que yo.

Cuando la Inteligencia Artificial y los robots se hicieron cargo de gran parte de nuestro trabajo, de repente tuvimos tiempo para comer bien, dormir bien y pasar tiempo con otras personas. El concepto de hora pico ya no tiene sentido, ya que el trabajo que hacemos se puede hacer en cualquier momento. Realmente no sé si lo deba seguir llamando trabajo. Es más como tiempo para pensar, tiempo de crear y tiempo de desarrollo.

Durante un tiempo, todo se convirtió en entretenimiento y la gente no quería molestarse con problemas difíciles. Fue en el último momento cuando descubrimos cómo usar todas esas nuevas tecnologías para mejores propósitos que simplemente matar el tiempo.

“Ellos viven diferentes vidas fuera de la ciudad”

Mi mayor preocupación es toda la gente que no vive en nuestra ciudad. Los que perdimos en el camino. Aquellos que decidieron que toda esta tecnología era demasiado. Aquellos que se sintieron obsoletos e inútiles cuando los robots y la Inteligencia Artificial nos sustituyeron en la mayor parte de nuestros trabajos. Los que se disgustaron con el sistema político y se volvieron contra él. Viven diferentes tipos de vida fuera de la ciudad. Algunos han formado pequeñas comunidades que se autoabastecen. Otros simplemente se quedaron en las casas vacías y abandonadas en pequeñas aldeas del siglo XIX.

Algunas veces me molesto por el hecho de que no tengo una verdadera privacidad. No hay un lugar al que pueda ir y no estar registrado. Sé que, en algún lugar, todo lo que hago, pienso y sueño se queda registrado. Solo espero que nadie lo use en mi contra.

En general, es una buena vida. Mucho mejor que el camino al que nos dirigíamos, donde quedó muy claro que no podíamos continuar con el mismo modelo de crecimiento. Tuvimos cosas terribles: enfermedades derivadas del estilo de vida, el cambio climático, la crisis de refugiados, la degradación del medio ambiente, las ciudades completamente congestionadas, la contaminación del agua, la contaminación del aire, el malestar social y el desempleo. Perdimos demasiadas personas antes de darnos cuenta de que podíamos hacer las cosas de manera diferente.

Este texto fue publicado originalmente en World Economic Forum.
Traducción y adaptación por parte de Omar García.