Llegó The Crown y este blog se dispone a analizarla episodio por episodio. Los primeros ochos minutos de la primera entrega, titulada ‘Gold Stick’, nos seduce sensorialmente con la reina preparandose para un desfile militar con Beef Eaters, etc. Todo en esa escena es suntuoso desde la caricia a su caballo hasta el brillo de los cascos. Como siempre la alta calidad del sonido de The Crown agrega dimensiones invisibles a esa idea de lujo y riqueza. Este exceso hace de contraputo para las nubes que aparecen en el horizonte con la voz en off de un hombre un acento irlandes con footage de los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los locales en Irlanda del Norte. Poco a poco, la voz se revela como la de un miembro del grupo terrorista IRA. De un lado, el lustre y la pompa del viejo ejercito ingles y del otro, el más moderno y anónimo grupo terrorista que parece moverse con otra velocidad. No obstante esto, la familia real parece más preocupada por casar a Carlos antes de los 30 (Josh O’Connor esplendido como siempre). Vale decir que el heredero al trono sigue en una relación adultera con Camilla Parker Bowles.

Podemos decir que lo que caracteriza a esta temporada es que se presenta a la familia, como nunca antes, como parte de un engranaje represivo. Elizabeth II (una impecable Olivia Colman) se mantiene como jefa del Estado y de los Windsor pero parece haber prendido poco en lo que respecta a los afectos lo que hace que su lugar en el aparato del monopolio de la violencia sea aún más frío. Es atraves de sus hijos donde vemos las verdaderas fisuras en una familia por demas disfuncional.

Pronto, la camara sigue a Carlos quien en su Aston Martin descapotable va a visitar a su amiga Sarah Spencer para cruzarse, como por casualidad, con Diana (Emma Corrin). Este es un momento particularmente kitsch que alude a Baz Luhrmann’s Romeo + Juliet y presenta de manera ridiculamente teatral a la joven de 16 años vestida como unos de los personajes de Midsummer Night’s Dream. Acá, hay algo anacrónica ya que mientras la mayor parte del episodio ocurre en 1979, este encuentro entre Carlos y Diana corresponde a 1977. Según el biografo de Diana, Andrew Morton, ella lo conoció mientras este salía con su hermana y no estaba vestidas de personaje Shakespereano sino que fue una salida de cacería en el campo de los Spencer.

Tras los creditos, aparece Margaret Thatcher (Gillian Anderson pasandole el trapo a la Meryl Streep de Iron Lady) quien, en esta temporada, parece ser una de las estrellas. Su voz es impresionante y la serie la ubica en mayo de 1979 cuando gana las elecciones generales y se convierte en la primer mujer lider del Partido Conservador y Primer Ministra. La cadencia de su pronunciación le da una ritmo lento que se contradice con las reformas estructurales que estará por hacer. Philip expresa su desagrado porque una mujer ocupe ese rol lo que hace que el espectador se coloque del lado de Thatcher. Sin embargo, esta estrategia se encuentra con su reverso cuando ella llega a Buckingham Palace a ser ungida por la monarca y en la charla plantea que cree que las mujeres no estan hechas para la politica porque son demasiado pasionales. Poner estas palabras en su boca en una serie que se ve tras el #NiUnaMenos, equivale a hacer que el espectador se distancie de ella. Es asi que lo que se puede percibir es una actitud deliberadamente pendular que equivale a un ‘me quiere, no me quiere’. En esa reunión, la Reina juega a adivinar las designaciones de su gabinete lo que deja en evidencia lo predecible de la política clasista conservadora inglesa. Esto, pronto cambiará. Al verla por televisión,

Hasta aqui, todo se mueve de acuerdo a lo previsto. Es en este punto donde la serie pega un salto de varios meses cuando los Windsor van a vacacionar a Balmoral donde lo disfuncional del matrimonio de la Princesa Anne (Erin Doherty) con Mark Phillips se hace evidente y el Principe Carlos hace de su vida una negación constante al irse a pescar sólo a Islandia. Mientras nos distrae el sin sentido de las vidas de las generaciones mas jovenes Windsor, Lord Louis Mountbatten, a.k.a. “Uncle Dickie” (Charles Dance) quien es una especie de padre sustituto de Carlos (frente a la indisponibilidad emocional de Philip) y que se encuentra de vacaciones en County Sligo, Irlanda, llama a Carlos para que le cuente como va todo para darse cuenta de que la relacion adultera entre su protegido y Camila sigue viento en popa. Consciente del peligro que esto representa para la Corona y de su responsabilidad como ‘tutor’ insta al primogénito a que termine esa relación. Desde ya su posición no es la ideal si se tiene en cuenta que Dickie y su mujer Edwina tenían un notorio matrimonio abierto.

 

Tras esta llamada telefonica, Dickie decide escribirle una nota a su ‘hijo putativo’ que antes de subirse a su camioneta deja en manos de un sirviente para que la envie por correo. Tras esto se sube a un yatch en el que el IRA había planteado una bomba. La camara muestra a Carlos en Islandia y Elizabeth persiguiendo a un venado en silencio. Sin embargo, es Philip el que marca el ritmo de la escena con algunos tiros de su rifle que tienen como objetivo sobresaltar al espectador.

Tras la muerte de Lord Mountbatten, Charles vuelve a Inglaterra para su funeral en Westminser Abbey y en un momento Chekhoviano, un paje le da la nota de Dickie en la que le advierte que, con pocas diferencias, va camino a repetir el escenario de catastrofe generado por su tío tras la abdicación al trono en 1936 si insiste en la relación adultera con Camilla. En sintesis, el muerto le deja como pesada herencia el mandato de conseguir una chica dulce y tranquila, en lo posible, sin un pasado que la aceche.

Pero las cuestiones afectivas en esa familia nunca son simples ya que antes que resolver sus propios problemas emocionales, Carlos es puesto en el lugar de tener que resolver los de su padre biológico (Philip) quien aprovecha la muerte de Lord Mountbatten para ventilar sus celos por la relación que logró tener con su hijo. Todo esto, como es de esperarse, deprime a Carlos quien vuelve a encontrarse por casualidad con Diana y comienza a pensar que puede ser la candidata ideal precisamente porque en 1979 era considerado un valor ser aburrida y no tener nada (ni siquiera una carrera) para demostrar. De hecho la principal ocupación de Diana antes de casarse era la de limpiar el departamento de su hermana Sarah y ayudar en un jardin de infantes. Hay algo definitivamente Cenicientesco en su historia y uno no puede dejar de pensar cómo fue que no se dio cuenta antes de casarse de donde se metía. Tal es así cuando Carlos a la manor house de los Spencer, la escena previa se repite con la sola diferencia de que Sarah es reemplazada por una Diana sobreexitada frente al futuro inminente del amor de cuento de hadas. Nada de esto será lo que acabará ocurriendo. J A T