Como siempre, todo cambia y muchas veces, o casi la mayoría de las veces, en la Argentina, eso pasa para que nada cambie. La noticia de la renuncia de Eduardo Costantini a la Presidencia del MALBA no hizo demasiado ruido ya que esta parece haber sido la intención del renunciante y como sabemos, los medios hegemónicos argentinos hacen culto genuflexo a la voluntad de ese sector social. Sin embargo, la designación en su reemplazo de mi amiga Teresa Bulgheroni hace ruido o, al menos, debería hacerlo ya que si bien es una ‘buena mina’, su conocimiento tanto del arte como del mundo del arte es practicamente nulo. En la rueda de prensa en la que, como al pasar, se anunciaron estos cambios, Costantini justificó su decisión diciendo que ‘el nombramiento de una entusiasta colaboradora desde años y con vasta experiencia en la gestión de organizaciones de la sociedad civil, marca un hito en el proceso que el mundo debe transitar para pasar de ser una institución privada administrada en gran medida por una sola familia, a una institución enteramente pública’. Asimismo aclaró que su fundación seguirá solventando el grueso de las actividades del museo para lo que ha constituido un fondo específico para los proximos años que, vale aclarar, no sale de su bolsillo sino de los contribuyentes ya que obedece a toda una serie de desgravaciones impositivas vinculadas con sus otros negocios. El presupuesto anual del MALBA es de 5 millones de dolares y, segun cuentan, tiene un deficit promedio de 2,5 por año cuya diferencia es financiada por la fundación osea por los contribuyentes. Varias preguntas surgen de esto. En primer lugar, por qué hacer este cambio ahora. Segundo, por qué se elige a alguien a quien se caracteriza como ‘colaborador’ y no como un protagonista con vuelo propio y finalmente, por qué hace Costantini tan explícita su voluntad de separar a su familia de su colección. Finalmente, cómo entender las primeras acciones de la nueva presidenta.

La designacion de Teresa Bulgheroni es rara porque si bien en los papeles tiene ‘una larga experiencia en la gestión de organismos y organizaciones culturales’, esto no se aplica a la gestión de instituciones de las artes visuales. Bulgheroni fue la presidente de la Fundación Teatro Colón entre el 2002 y el 2006 inmediatamente despues de su divorcio de Bulgheroni. De cierto modo, podría pensarse que la decisión de financiar el Colón por parte de su ex marido fue parte del acuerdo de separación de la pareja para asegurar su lugar social y una actividad futura. Tras esto, Bulgheroni fue directora del CARI (Comité Argentino para las Relaciones Internacionales) en una gestión sin pena ni gloria en una institución en decadencia. En lo que respecta a las artes visuales, el conocimiento y experiencia de Bulgheroni es muy fragmentario y superficial parteneciendo solamente a las asociaciones de amigos de El Prado, del Museo del Barrio de NY y del MALBA como miembro. Aunque, en cierta medida, estos nombres parezcan ‘importantes’, Teresa Bulgheroni constituye las segundas o terceras ligas del mundo del arte lo que permite entender dos cosas: en primer lugar, que Costantini haya decidido poner el timon del MALBA en alguien como ella que, mas que seguramente, no lo podrá opacarlo y en segundo lugar, que su primer acto ‘protocolar’ (por llamarlo de alguna manera) haya sido su visita a la casa museo de Alec Oxenford en Pilar (en compañía de la curadora en jefe del MALBA, Gabriela Rangel). Esa visita (ver foto) resume el tono subsidiario de su perfil al frente de esa institucion y al mismo tiempo, pone en evidencia lo debil de su posición de ‘clase’ al tener que sobreactuar (tan temprano) su apoyo al ‘colega’ caído.

La primera pregunta era por qué ahora. Qué hizo que Eduardo Costantini viera necesario bajarse de la presidencia de una institución tan cercana a la constitución de su propia identidad no solamente como empresario sino tambien como persona. Creo que el hecho de que en su discurso de despedida haya mencionado la voluntad de que el MALBA no sea más una institución ‘familiar’ tiene que ver con la presente relación con su propia familia tras su casamiento con la joven y bella Elina Fernandez. La renuncia sirve varios propósitos: en primer lugar, desde el punto de vista de Elina, le permite avanzar en su plan de aislar a Costantini de su familia y de otras mujeres en lo que equivale a una virtual jubilación. Recordemos que ella lo conoció en el museo por lo que el mismo le funcionó a ambos como plataforma de levante. Desde el punto de vista del propio Eduardo, la decision de bajarse para desvincular a su propia familia (quien está alarmadísima por el control e injerencia que su nueva esposa ejerce sobre él) preserva a la institución de la cruenta interna familiar.

Pero supongo que ademas de razones familiares y personales, hay razones politicas ya que esta decisión debe contemplarse a la luz de los cambios en la política nacional y el redireccionamiento de apoyos. Esto es algo que se vio con suma claridad en el modo en el que la Fundación ArteBA fue sacudida tras la partida del macrismo y el final de los aportes estatales que vinieron acompañados por denuncias de desmanejos e investigaciones por parte de las autoridades nacionales impositivas. Es más que probable que Costantini tema que algo similar le ocurra sobretodo si se tiene en cuenta que su colección durante dos decadas no pagó impuesto a las ganancias al evitar (al menos durante ese periodo) su radicación definitivamente en la Argentina. Tengo la sospecha de que hay algo que no sabemos que seguramente está vinculado a alguna investigacion o a la perdida de control sobre algun negocio que hizo que Costantini creyera que era el momento de bajar el perfil.

Ahora bien, el hecho de que Bulgheroni haya decidido desplazarse a la casa de Alec Oxenford en medio del desprestigio (con pedidos de renuncia incluidos y aprietas legales a periodistas culturales) del ex presidente de ArteBa como una de sus primeras medidas protocolares es un gesto tribal de clase que no hace otra cosa que mostrar debilidad. A primera vista, ese encuentro pone en evidencia de manera un tanto patética como el establishment cultural cambia impunemente figuritas para que nada cambie. Sin embargo, lo Teresa Bulgheroni no es Alejandro Bulgheroni ni Alec Oxenford es Eduardo Costantini por lo que, en realidad, estamos presenciando a las segundas ligas de un establishment residual intentando ser lo que no es. Su visita tiene que ser vista como el apoyo a un tipo muy golpeado por parte de una ‘ex mujer de’ puesta en un lugar sin los recursos suficientes que justifiquen dicha designación y con una legitimidad relativa para ocupar el cargo. Es más, es muy posible que haya sido el mismísimo Alec Oxenford quien elevara el nombre de la ex de Bulgheroni a Costantini y este es el pago que este le hace cuando ya nadie quiere apoyarlo. J A T