ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE LAVACA.ORG

La marca Ledesma es sinónimo de azúcar y papel y el apellido Blaquier, de aristocracia. Han acumulado dinero y lo demuestran. Por ejemplo, comprando 7 yates o destinando una mansión de 17 mil metros cuadrados exclusivamente a cenas de negocios. La pasión por el arte es otra de las virtudes de Carlos Pedro Blaquier, presidente del grupo y también filósofo y poeta. Cómo enfrenta una familia de tan alto perfil social los hechos que la vinculan con los crímenes de la dictadura militar en el ámbito de su Ingenio y los asesinatos que se cometieron hoy para defender sus tierras.

El chiste más elegante de la noche, ese en el que Carlos Pedro Blaquier puede omitir las palabras “culo”, “teta” & afines, es: “Yo no les pago a las mujeres para que se acuesten conmigo. Les pago para que después se vayan”.

Los invitados a La Torcaza ríen. Blaquier los mira como descifrándolos. Bien podría creer que es gracioso, pero es lúcido, y la lucidez lo lleva a ser inseguro. A percibir una grieta: la diferencia entre lo espontáneo y lo calculado. Entre sonreír y mostrar los dientes.

Por eso Blaquier acumula: para tapar esa grieta. Acumula invitados a La Torcaza, la mansión que tiene en San Isidro, 17.000 metros cuadrados para cenas y eventos (descripta en MU Nº 4 y con despliegue fotográfico en www.lavaca.dream.press). Acumula empresas, y las hace funcionar con una perseverancia que sus colegas no siempre tienen. Acumula autos, como su colección de Mercedes Benz, o yates, como los siete que ancla cada verano a Punta del Este, o estancias como La Biznaga y otra docena por el estilo. Es antigua la sabiduría que enseña que la acumulación suele ser inversamente proporcional a cierto vacío humano de quien acumula. La acumulación no siempre es riqueza. Y la grieta es cada vez mayor.

Moral y política

La Torcaza es un ejemplo notable del estilo Blaquier, a salvo de distinguir entre lo pomposo y lo bello. El concepto de la casa es el mármol. Reproducciones de estatuas de Julio César, de Augusto, de Diana y Apolo. Escaleras de mármol, pisos de mármol, inodoros de mármol, la gran mesa para 24 personas… de mármol. Una especie de Recoleta Design, pero del lado de adentro del cementerio.

Por cierto, el señor Blaquier acumula también, a través de su Ingenio, una historia de desapariciones y muerte.

El problema es que él sabe que los demás lo saben.

Incluso los que le muestran los dientes. En ese ambiente, los que valoran positivamente esa acumulación, los que la sobrevuelan o la justifican, son personas útiles pero impresentables: gimnastas del cinismo. Blaquier acaso se da cuenta, y se abre otra grieta en el mármol: los que él querría que lo valoren, son los que saben.

Por eso Blaquier consiguió acumular también su pertenencia a instituciones que lo integran mostrando los dientes. El caso más curioso: pese a lo ocurrido en Ledesma en 1976 (donde ya como presidente del ingenio dispuso personal, logística y recursos que derivaron en la desaparición de al menos 20 personas), Blaquier integra la autodenominada Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

Pensamiento para pensar

Blaquier, buscando esa dosis de prestigio, acumula títulos de libros publicados con su firma. Los publicita en castellano, francés e inglés en su blog personal. En los últimos nueve años publicó 22 títulos que seguramente tendría prefabricados desde antes, a riesgo de provocar la envidia de gente como César Aira.

Algunos títulos: Meditaciones acerca de la religión y de su relación con la ciencia (2003), Breve historia de las doctrinas económicas (2004), Consideraciones sobre la historia política argentina: orígenes y causas de nuestra decadencia (2004), Alberdi y Roca: proyecto y realización de la Argentina exitosa (2005), ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? (2006), Mitos de los tres monoteísmos (2007), Los siete pecados capitales (2007), Meditaciones filosóficas (2007), Familia Blaquier (2009). También ha escrito libros sobre Frondizi, Perón, Sarmiento, el impredecible Heráclito de Éfeso y Parménides de Elea. El título más creativo: el de la serie Pensamientos para pensar I, II y III.

Lujuria

Esta profusión hace que medios que aspiran a llevarse bien con él, desinteresadamente, observen que se trata de una “personalidad multifacética”.

La revista Fortuna le realizó un reportaje en el cual le preguntaron cuál es el pecado que mejor lo definiría. Fue una entrevista por e-mail. Blaquier contesta: “La lujuria”, que viene a ser un pecado con buena prensa, el más divertido, el más aceptable y el más interesante de ostentar. Los que lo conocen saben que no.

Si hay un pecado que Blaquier no logra curar, y explica mucho de lo que hace y deshace, es parte de otro proceso de acumulación: la ira. Pero esas cosas no se revelan en los reportajes.

Como su virtud cardinal, en cambio, mencionó la constancia.

El familiar

Blaquier cumplirá el 27 de agosto 84 años. Es abogado y doctor en Ciencias Sociales y Políticas. Se casó con Nelly Arrieta en 1951, y entró a la empresa Ledesma presidida por su suegro, Herminio Arrieta, en 1952. En 1962 lo nombraron director y gerente general, en 1967 llegó a la vicepresidencia y en 1970 falleció su suegro, y heredó el sillón. Se divorció de Nelly Arrieta, y al tiempo formó pareja con María Cristina Khallouf, que en algunas de las reuniones de La Torcaza abusa del canto lírico ante el aplauso generoso de los invitados (casi una invitación a volver a ver Ciudadano Kane, de Orson Welles).

Retomando la historia, durante la dictadura ocurrió lo que ocurrió en Ledesma. El caso más notable fue la desaparición del doctor Luis Aredes, intendente de Libertador General San Martín, que pretendió cobrarle impuestos a la empresa.

Una leyenda popular y centenaria en los ingenios azucareros del norte argentino refiere a El Familiar, que sería el perro del Diablo, o tal vez el Diablo mismo disfrazado de perro siniestro, que cada año se cobra la vida de un trabajador de la zafra, devorándolo. Es un modo de hablar de la explotación y el riesgo a los que son sometidos los obreros.

Pero en Libertador General San Martín ya nadie se espanta con ese relato. Tras la gestión Blaquier al frente de Ingenio Ledesma, el Diablo y su Perro han pasado a la categoría de Pitufos.

La empresa

Ledesma contabilizó el último año ganancias por 2.000 millones de pesos. Es el primer productor de azúcar de la Argentina, con 400.000 toneladas, el 20% del total. Con el bagazo, desecho de la caña de azúcar, elabora papel obra (105.000 toneladas anuales), el 40% de la producción nacional, además de la comercialización de bobinas grandes para la industria gráfica, resmas y cuadernos. Tiene el 25% de la producción argentina de alcohol de melaza. Concentra el 60% del cupo 2011 de etanol para biocombustible (a través de Bio Ledesma), el otro 40% lo reparten ocho empresas. Produce entre 4.000 y 5.000 toneladas de jugo concentrado y llega a mercados como la Unión Europea, Rusia, Medio y Lejano Oriente, a los que Ledesma manda fruta (naranja, mandarina, pomelo, limón, mango y palta). Posee establecimientos agropecuarios como La Biznaga, La Bellaca, Magdala (provincia de Buenos Aires), y Centella (Entre Ríos), que ocupan 51.000 hectáreas (sin contar los territorios jujeños). En Glucovil, ubicada en Villa Mercedes, provincia de San Luis, produce jarabes, gluten meal y germen de maíz. El emporio incluye, entre otras cosas, Gas en Salta y la Cabaña Argentina, de producción porcina.

Poeta

La presidenta Cristina Fernández realizó campañas estimulando el consumo de carne de cerdo, planteando incluso en una de sus intervenciones: “Un dato que yo desconocía es que la ingesta de cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor, estimo que es mucho más gratificante comer un cerdito a la parrilla que tomar Viagra. Con probar, no cuesta nada”.

La relación de Blaquier con el gobierno es excelente , pero en lo referido al énfasis sobre las cualidades porcinas, Blaquier dio a conocer como respuesta un verso de su autoría, exhibido ante el diario La Nación:

“Se ha incrementado la venta / del cerdo vivo o carneado / después de haber escuchado / a Cristina presidenta. / Las propiedades del cerdo / eran para mí un enigma, / desde hoy son un paradigma / y la vaca es un recuerdo. / Y por potenciar la cosa / como cerdo a toda hora / y gracias a la Señora / hoy tengo novia mimosa. / Por eso soy cristinista / y nada me hará cambiar / soy cristinista a rabiar / y un convencido activista”.

Duhalde, Cobos

Blaquier aclaró que siempre se llevó bien con todos los gobiernos, y reconoció riéndose que trata de influir en todos los políticos. En esa misma entrevista a La Nación contó la supuesta historia de su relación con Juan Domingo Perón: “Algunos peronistas aún creen que Perón era de izquierda, pero era fascista. Un día me dijo: ‘Mire, Blaquier, la política es como el violín, se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha’». El título de la entrevista: “En este país, a todo el que tiene guita lo ataca la zurda”.

El propio gobierno nacional se preocupó cuando los mármoles de La Torcaza recibieron la visita de Eduardo Duhalde. Blaquier argumentó: “Tengo una buena relación con él. Pero tenemos muchas reuniones con políticos y con empresarios. También estuvieron Cobos y Morales”. Son los que Blaquier quería nombrar, de una nómina que abarca a todo el establishment político, empresario y diplomático, por lo menos. Extiende la vida social a sus veranos en Punta del Este, donde con su pareja duermen en yates separados.

Marineros

Por alguna razón insondable, el propio Blaquier salió a escribir en su blog contra un supuesto ataque que había recibido en algún sitio de Internet. (En realidad, el rumor utilizado como ataque hacia él rondaba otros pasillos) En cualquier caso, atacó para defenderse. Qué cosas de lo que dice definen a los que ataca, y cuáles lo definen a sí mismo, es un ejercicio que cada lectora o lector puede realizar a su gusto. Escribió Blaquier:

“Leyendo lo que dicen en internet, comprendo que la gente de extrema izquierda diga cosas muy malas de mí porque ellos, como personas fracasadas en la vida privada, despotrican contra los que tienen éxito. Se trata de resentidos incurables que sueñan con invertir el orden social para que los de abajo, como ellos, estén arriba y viceversa”.

“Ellos, que nunca han generado ni un puesto de trabajo decente, me dicen que soy un explotador que mata gente”.

“Ellos, que se juntan con mujeres de su misma calaña, me dicen que soy un homosexual porque tengo una mujer de primera, cinco hijos universitarios y dieciséis magníficos nietos. Porque en mi barco y en los de mi familia tenemos personal masculino, como si nuestras mujeres aceptaran que tuviésemos unas jóvenes y lindas marineras”.

“Nada de lo que dicen estos zurdos me preocupa, pero sí me empezaría a preocupar si algún día dejaran de criticarme”.