Tras que Julia Converti fuera despedida (diga lo que se diga), la Fundación ArteBA se ha embarcado en un proceso que podríamos caracterizar como de limpieza de su reputación (para con sus potenciales visitantes, clientes e inquilinos) así como de salvaguarda de la relación con el poder político (extendiendo una rama de Olivo a quien, del otro lado, desee agarrarla en el gobierno nacional). Esto, desde ya, en medio de una investigación a la que está siendo sometida dicha Fundación aparente por mal uso y alteración de su contabilidad. Todo esto hacia afuera.

Hacia adentro, la situación es algo diferente ya que tras haber logrado que alguien se hiciera cargo de la Presidencia y la Vice-presidencia el resto de los cargos quedaron como antes cuando debería haber habido una renovación total que garantizara el relanzamiento de la institución. Desde ya, este no es el caso por lo que todo intento de mejoramiento de la reputación vendrán de la mano de acciones concretas. Esto plantea un sutíl y difícil equilibrio que, a esta altura, podemos especificar como la verdadera política cultural del Albertismo ya que si bien por un lado el Ministerio de Cultura de la Nación está demostrando el tipo de parálisis que el COVID impone en un país en el que históricamente se confunde gestión cultural con programación y acción cultural; el Estado Nacional ha percibido que otro modo de influir (ya no a traves del Ministerio de Cultura) es a traves de sus organismos de control tributario y de las personas jurídicas. Es por esto que la imprudencia del tandem Oxenford-Converti al ningunear ni más ni menos que a la nieta de Amalia Lacroze de Fortabat quien no dudó en pegar un portazo, hizo que se abriera el frente de la fundación no sólo para su desprestigio sino para una investigación y posible intervención. Esto ocurre tras que la mencionada Fundación se alineara totalmente durante los años de la gestión macrista con el gobierno en sus varios niveles al punto de transformar a dicha Feria en una plataforma de promoción personal de figuras como Juliana Awada y los ministros.

En este contexto, una persona tan vinculada (de manera casi genuflexa) con el macrismo como Oxenford que viene de ocupar un rol importante en el desmanejo reciente que acabó con la renuncia de Converti, ya no debería estar porque resta y ya no suma. Sin embargo, en él no existe la generosidad de dar un paso al costado y esto obliga a la Fundación a sobreactuar al punto de la indignidad a fin de congraciarse con sus potenciales cliente mediante el sorprendente envío (para una feria de arte) de una botella de Rutini a los miembros VIP lo que personalmente me parece un acto de desesperación y una tremenda grasada. Imaginense ArtBasel mandando una botella de whisky a sus coleccionistas.

El otro intento es el ciclo de charlas virtuales ‘Panorama’ en ocasión de la Semana de Galerías de Arte del 16 al 19 de noviembre con gente que, a decir verdad, juega en la B pero mediante quienes, al menos en un par de casos, se pretende demostrar (a aquel que quiera darse cuenta) el giro ideológico de un ArteBA que quiere dejar de ser macrista. La inclusión de Florencia Battiti, curadora del Parque de la Memoria y de Nancy Rojas va en esa dirección. Por su parte, la inclusión de Ricardo Guiraldes es, por lo pronto, una imprudencia. Todo muy lindo pero Rosario es ‘curadora asistente’ o ‘asistente de curador principal’ de The Drawing Room. Sencillamente, no da ponerla en plataforma alguna para hablar, al menos, hasta que haga un poco mas de carrera o publique algo que demuestre que tiene algo para decir a no ser que ser asistente de curador en New York califique para dar charlas. Lo de Lila Siegrist y Rojas da la pauta de que ademas de giro hacia la izquierda, se le quiere dar un perfil federal. Todo un tanto poco elegante y desesperado lo que demuestra, como vengo diciendo, no solo la falta de creatividad sino tambien la falta de cuadros convocables para dinamizar la escena de la critica y del coleccionismo local. J A T