‘Fairytale’ o ‘Cuento de Hadas’ es el título del tercer episodio de la cuarta temporada de ‘The Crown’ que tiene un tono de ensueño que progresivamente va transformandose en pesadilla. Creo que el gran logro de este episodio es hacer honor a la naturaleza de todo cuento de hadas que como Cenicienta o la Bella Durmiente siempre están a un paso de transformarse en una historia de terror.

El otro logro de esta serie es transformar a una historia que ya todo el mundo conoce en la que victimas y villanos están claramente definidos en una historia en la que directamente todos son víctimas. Victimas de un sistema que destruye la voluntad individual en pos del deber. Esto ha sido machacado en las vidas de estas personas tan fuerte y tantas veces que cuando alguien ve su vida derrumbarse por la acción misma de esas reglas y se anima a pedir ayuda, sus gritos solo encuentran silencio.

Si bien hasta ahora, la Princesa Margaret había sido el vehículo del dolor y de la deseperación en la familia real, con Diana la bulimia -que comienza poco despues de su compromiso con Charles- transforma el dolor explosivo en una lenta implosión. The Crown hace de esta enfermedad en el modo de expresión de la soledad de Diana. El tono de celebración original se apaga enseguida ya que hay dos personas en camino al altar que no tienen ni idea de quien es el otro. Los primeros minutos del episodio muestran el abismo afectivo entre ambos. Por un lado Carlos llama por telefono a su madre en Febrero de 1981 para decirle que finalmente se comprometió. Esto es comunicado literalmente como si alguien se hubiera muerto. Por su parte, Diana sale de juerga con sus amigas a Annabelle’s (reducto que vió brillar a este blogger entre el 2008 y el 2012) al son de esa oda a la juventud que es ‘Edge of Seventeen’ de Stevie Nicks.

A partir de allí el tono es cada vez más sombrío. La llegada de Diana a Clarence House para una cena protocolar demuestra que esta muy mal preparada al punto de que practicamente se olvida de que tiene que hacer la reverencia frente a la Reina primero y a la Reina Madre despues. Es Anne quien, con tono adusto y odiando tener que hacerlo, la guía. Carlos ya demuestra no estar interesado en lo más mínimo mientras su prometida es humillada sin preocuparse por hacer nada. Sin haber pasado ni una noche en el Palacio de Buckingham empieza a ser evidente que su salud mental y probablemente la de cualquier otro no resistirá. Luego The Crown recrea la bizarra conferencia de prensa en la que Carlos y Diana anuncian su compromiso con esta ultima haciendo gestos de decepción mucho más pronunciados que los que la Diana verdadera hizo en ocasión de que Carlos dijera que, al menos él, no sabía lo que era el amor.

Tras esto uno creería que la pareja finalmente haría lo que el sentido común dicta que es conocerse un poco más antes de casarse pero Carlos desaparece en Highgrove, su residencia de Gloucestershire, convenientemente cercana al domicilio de Camilla Parker Bowles. Esto ocurre antes de emprender un viaje protocolar a Australia. Pero Carlos parece tener cubiertos todos los frentes y no se le ocurre mejor idea que, en su ausencia, poner en contacto a Camilla y Diana para que se hagan companía. WTF?

Para no volver a cometer errores protocolares y aprender a navegar las responsabilidades de su nueva vida, la Reina delega en Lady Fermoy, la abuela de Diana, su educación ceremonial quien le dice: ‘No podés fallar’. Como un canario en una jaula, Diana patina en los salones del palacio escuchando ‘Girls on Film’ en su Walkman y lee la correspondencia de sus fans pero esto no le permite olvidar que su prometido no le da ni la hora. Ahí comienzan los atracones y los vomitos y todo va camino al desequilibrio. Por si esto fuera poco, Camilla la invitar a almorzar y no se le ocurre mejor cosa que marcar su territorio declarandose ‘la mejor amiga de Charles’. Segun la biografía de Diana, ‘Diana: Her True Story’ de Andrew Morton esta bizarrada ocurrió realmente. En él Camilla logra ser amigable y mala al mismo tiempo y deja bastante claro que ella es la verdadera esposa de Carlos para luego tirar la bomba de que ambos comparten sobrenombres: Fred y Gladys. A la hora de pagar el almuerzo, no se ponen de acuerdo sobre quien va a pagar por lo que deciden ir, logicamente y como en la vida, mitad y mitad.

Pero si esto ya era demasiado, Diana se entera de que Carlos volvió de Australia un dia antes de lo anunciado para estar con Camilla y no contento con esto, le encargó una pulsera al joyero real con las iniciales (oh yes)… F y G! A esa altura, Diana ya se desespera por ponerse en contacto con la Reina que ni le contesta los llamados. Su clases de baile ya no son suaves sino expresivas al bode de lo feral. Todo esto la lleva a un brote que si bien le genera ansiedad al espectador, al fin y a cabo, quita un poco de presión.

La reaparición de Carlos coincide con el ensayo de la boda en Saint Paul’s. Diana parece haberse resignado a su destino pero Princess Margaret, en ese juego de espejos en negativo que es The Crown, es la única que percibe que algo está pasando y siendo una experta en matrimonios infelices, se da cuenta de que algo tiene que hacerse. Es por eso que yendo contra la conducta natural de su familia, encara a su hermana y a su madre y les canta las dos verdades. Primero, que Carlos ama a otra y segundo que la familia está por cometer el mismo error que parece cometer todo el tiempo que es innecesariamente forzar a dos personas que no se aman a casarse. Desafortunadamente, faltarán un par de metidas de pata mas para que la Reina se de cuenta. En lugar de eso, decide darle a Charles una arenga de corte, cómo decirlo, Edwardiano: ‘Tenés que ser como tu bisabuela que se casó con el hermano de su prometido muerto (el futuro Rey George V)’. La sorpresa del episodio es que no recrean la boda ‘del siglo’ que tuvo lugar el 29 de julio de 1981 ya que de hacerlo el concepto de este episodio quedaría disuelto que es que Carlos y Diana nunca comenzaron su historia juntos ya que, a decir verdad, jamás lo estuvieron. J A T