‘Favourites’ es el cuarto episodio de la cuarta temporada de The Crown y es, probablemente, uno de mis dos epidosios favoritos de toda la serie. El otro también es de esta temporada y tiene por protagonista a Helena Bonham Carter. En ‘Favourites’, The Crown se mete con un tema que viene sosteniendo otras narrativas pero que, hasta ahora, no había sido abordado directamente: la maternidad. No sorprende que sea, precisamente, en este episodio donde aparece la Guerra de Malvinas, en la que un grupo de jóvenes fueron enviados huérfanos a morir en medio del mar.

La condición de ‘madres’ de Thatcher y la Reina aparece de manera comparada y sosteniendo, paradojicamente, sus carreras. Al menos, en mi caso, casi todos aquellos amigos míos que son padres se pasan gran parte del tiempo preguntandose si estan haciendo un buen trabajo con sus hijos. Durante las tres temporadas previas esto no parecía ser una preocupación real en The Crown hasta este episodio en el que es transformada en la única preocupación. Aquí, la Reina se pregunta por primera vez cómo es como madre y trata de conocer un poco más (o, del todo) a sus hijos. Esto ocurre tras que Mark Thatcher, hijo de Margaret, se perdiera por un par de días en el desierto del Sahara al participar en el Rally Paris Dakar y su madre se quebrara. El desierto es una maravillosa alegoría de la perdida espiritual en un momento en el que las relaciones de comunidad y afecto se rompen en manos del libre mercado y la puesta en crisis del Estado de Bienestar. Al final del episodio, la Reina hace esta analogía explícita al decir que se dio cuenta de que sus propios hijos estaban perdidos en sus propios desiertos. Lo que me parece interesante es que The Crown no decide juzgar a los padres sino que, fiel a su hipotesis general, mantiene a todos como victimas del sistema por lo que hacen lo que pueden. Por esto el episodio se preocupa en ver cómo los hijos se enfrentan con dificultades como hijos.

Es, tal vez, por esto que en este episodio somos introducidos a los otros dos hijos de Elizabeth: Edward y Andrew, quien, claramente, es su favorito. Esta presentación espeja la del hijo de Thatcher ya que ambos son inseguros y malcriados, contrastando con el estoicismo hiperprofesional de sus madres. La hija de Thatcher ocupa el lugar de Carlos con Elizabeth al quedar relegada a un lugar secundario casi negligente. Lo que este capítulo pone en evidencia es que los hijos de Elizabeth pueden ser divididos en dos pares: los mayores (Carlos y Anne) y los menores (Andrew y Edward). Es como si Charles y Anne hubieran sido criados por alguien que no tenía margen para ser madre ya que estaba en el proceso de instalarse como Reina. El caso de Andrew y Edward parece ser distinto con una madre que ya está más asentada en el trono y que parece poder permitirles equivocarse. Tal vez por eso que hoy en dia sus preferidos son Edward y Sophie of Wessex.

La Guerra de Malvinas es presentada de manera minimal. Se nota que la decisión fue reducirla a lo elemental que es, basica y fundamentalmente, una confusión aprovechada por ambos gobiernos para resolver (o no) sus propias crisis políticas internas. El encuentro que enciende el conflicto es el que se da entre un grupo de trabajadores metalurgicos argentinos perdidos en el medio del oceano y una misión geológica de ingleses y eso rapidamente escala a lo que ya sabemos. Lo interesante del episodio es que mientras esto ocurre, el hijo de Margaret Thatcher se pierde en el Sahara y la Dama de Hierro parece, por primera vez, perder el control. Contra todo y habiendo dicho en el capítulo anterior que las mujeres no eran aptas para la politica porque son demasiados irracionales, Thatcher queda incapacitada de ejercer el gobierno mientras su hijo no aparece. Aquellos que estuvieron cerca de ella en esa época atestiguan que quedó absolutamente incapacitada para gestionar el pais. Mientras tanto en los inodoros de Buckhingham Palace., mientras su hijo se pierde en el desierto y muchos jovenes mueren en una isla en medio del océano, una fragil mujer aparece literalmente hundiendose (al menos, su cabeza).

De cierta forma, este capítulo continúa la narrativa de que Elizabeth tuvo que dejar de ser una persona para poder ser reina y esto tuvo un razonable impacto en su condición de madre. Es por esto que tras ver cómo Thatcher se desfigura cuando su condición de madre es puesta en cuestión, Elizabeth decide hacer una suerte de inventario no solo de su relacion de sus hijos sino de quienes son. Para esto le pide a su secretario que organice una serie de reuniones con sus hijos para ver cómo están. Pero no hay nada espontaneo en este gesto ya que tiene que pedir que antes de cada reunión se le de un informe escrito de sus hobbies y gustos de lo que, evidentemente, no tiene la más mínima idea ya que segun dice: ‘one would hate to be uninformed, or remote or remotely remote‘. Esto demuestra perfectamente la dinámica familiar.

Pero cuando los encuentros efectivamente se producen es evidente lo diferente que Elizabeth es con cada uno de ellos y como todo termina en una situación de desconexión en el que ella emerge como emocionalmente vacante. Al referirse a Carlos cuenta como las nannies lo bañaban mientras ella, ponía una silla en la puerta en la que se sentaba y miraba todo como si fuera un espectáculo. Esa imagen en si misma muestra el tipo de modelo afectivo que heredó alguien al que despues se le exige que quiera a la madre de sus propios hijos. Vale decir que el comentario de Carlos bordea el trauma cuando dice: ‘Por lo menos, me miró’. El caso de Edward es similar ya que ella directamente no estaba cerca mientras el crecía al punto que la persona al que él recurre para comunicarle las novedades de su vida no es su familia sino su guardaespaldas que se transformó en la figura paterna que el no pudo tener.

Es con Anne con quien la Reina puede conectar, al menos en parte. En la escena de su encuentro, esta le confiesa que la envidia su vida en el campo, andando a caballo rodeada de sus hijos. Pero Anne no lo disfruta como se supone y confiesa sus inseguridades y el fracaso de su propio matrimonio. Esto nos toma de sorpresa porque hasta ahora Anne era ese sinonimo de confianza en sí misma y seguridad; sin embargo, este giro hace que se caiga a pedazos. Esto es interesante porque Anne es la persona que hasta este momento ve las cosas que el resto de las personas no pueden ver. Su lugar es el de la única que, en ese contexto, puede decir la verdad. Sin embargo, el fracaso en su vida personal hace que necesite estar todo el tiempo al borde del quiebre. Es por esto que su relacion con los caballos plantea un punto en comun con su madre en tanto oportunidad para desconectarse. Aquellos que cabalgan saben que es lo contrario a lo que muchas veces se cree de relajarse y dejar que el caballo haga lo que quiera ya que uno tiene que estar todo el tiempo pensando en a donde ir y qué hacer. Esto hace que la obsesion con uno mismo sea reemplazada por la necesidad de ponerse al servicio del movimiento del animal. Es como tener un hijo por un rato. Es en la dificultad que plantea la maternidad donde Anne y su madre conectan y esto transforma a su hija en uno de los personajes más humanos de la serie. Esto queda aún más claro en su opinión de Diana quienes es la nueva mujer jóven de la familia que directamente la empuja fuera de la escena: ‘No es facil trabajar en fundaciones en paises del Tercer Mundo haciendo trabajo real y genuino para que llegue esta mujer, se saque un par de fotitos con algun nene enfermo y todos los diarios del mundo se vuelvan locos por ella’. Anne ve a Diana como una oportunista narcisita que no respeta el verdadero trabajo y cuya unica preocupación es sí misma. Sin embargo, cuando en el capitulo anterior, Diana no puede salir a flote por su total desconocimiento de las normas de la tribu, es Anne la unica que extiende una mano para ayudarla. Esto, en la serie, aparece como que la quiere hacer sentir mal pero, al fin de cuentas, es la unica que hace algo para superar esa situación. Uno tiene la impresión de que Anne es el factor humano en una familia que ha perdido total contacto con su propia humanidad. J A T