ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ALEJO

Yo bajaba desde Plaza San Martin por Basavilbaso hasta la escuela de la esquina con Juncal. Todas lardes iba a buscar al hijo de una amiga mía, que por razones de trabajo ella no podía. Subían por Basavilbaso dos autos y entraban en un garage frente a la plaza, casi a la esquina. Evidentemente era alguien que desplazaba con custodia. No tenía idea de quien seria. Un día el niño, al cruzarnos con el auto saluda. Otro día, al ver el mismo auto vuelve a saludar. Yo también me prendí, total. Era un juego ya y o tenia consecuencias. Fueron varios saludos día tras día. El desplazamiento era casi todos los días a la misma hora de la tarde. Era nuestra hora de encuentro. Otra vez el saludo del niño y desde el asiento trasero del primer auto, color verde, una señora le devuelve el saludo con su mano a través del vidrio, no era polarizado pero ya al caer la tarde y con las sombras del lugar no se veía mucho hacia adentro, pero se distinguía su figura. El ritual se hizo unas 30 o 40 veces más. Después de casi un año, el chico cambio de colegio y yo deje de patear esa calle. Tiempo después, me entere que Nelly Arrieta vivía en la esquina donde los autos entraban al garaje. Vi la foto en una revista, era ella. No nos hablamos, tampoco sabíamos los nombres, pero durante casi un año teníamos esa conexión ritualista de saludarnos con la mano. Mucho gusto Nelly, soy Alejandro.