Entre una de las visitas a talleres de ‘artistas’ que organiza la Asociación de Amigos del Museo de Arte Moderno, encontramos la visita al taller de la ‘artista’ Jessica Trosman mediante la cual, sutilmente y haciendo eso que en Argentina ciertos grupos sociales aspiracionales hacen tan bien, una mano lava a la otra y reputaciones son construídas y carreras creadas como por arte de magia para luego mantener la fantasía con recursos estatales pagando los costos de produccion en alguna feria internacional o en algun museo estatal. Lo que sorprende de las primeras obras, que como artista presenta Trosman, es el plagio directo a la gallega (de Galicia) Angela de la Cruz y de un modo menos directo pero más conceptual al artista no conceptual, por cierto, John Chamberlain (1927-2011). Si bien Trosman quiere hacer de los trapos que marcan su carrera previa (en la que nunca terminó de establecerse y siempre construyó a base de plagio) el material artisto de esculturas colocadas sobre pedestales y colgadas en la pared. Sin embargo, los objetos de De la Cruz son analogias post-Neo-Dada antropomorficas presentadas como autorretratos descorporizados o como obras que cobran vida en el espacio de la galería. Esto poco tiene que ver con el modo en el que Trosman presenta sus obras como gestos expresivos mas propios del expresionismo abstracto de la decada del cincuenta de John Chamberlain que de De la Cruz. Lo que es obvio es que estos ‘gestos’ expresivos no son siquiera comentarios a estrategias artisticas y conceptuales previas por la simple razón de que la supuesta artista ignora en su totalidad el campo en el que está entrando. Dicho de otro modo, la mochila de recursos con la que entra a ese campo es el acomodo y la desesperacion frente al ocaso de su carrera.

Desde ya, tamaño reclamo de una carrera artística a ese nivel y de golpe es algo que solo puede ocurrir en un ambito tilingo como la mencionada Asociación de Amigos y solo puede encontrar un canal para ser comunicada en una revista como Marie Claire. Es en la entrevista en dicha publicación donde nos enteramos que la ex diseñadora, se decidió a ser ‘artista’ mientras hablaba con otro ejemplo de arribismo acomodaticio plagiador de la Argentina. Fue Luna Paiva quien supo estar casada con otro plagiador serial como Leandro ‘Chorizo’ Erlich que en uno de los ‘lunchs’ [‘típica chalas de amigas’ (sic)] sin darse cuenta acabo siendo ‘una especie de cowork’.

ANGELA DE LA CRUZ

Este concepto de ‘cowork’ entre un grupo de ‘amigas’ estructuralmente incapaces de construir amistad que, además, hicieron una carrera del plagio en un país en el que los modos de acceso están por favoritismos carentes de toda sustancia, amerita alguna reflexión. Como dice Trosman: ‘Un día, en el auto, Luna (Paiva, artista plástica) me dice: “tenes que hacer obras de arte porque la ropa pasa y las obras se quedan. Por más increíble que sean tus diseños no se pueden apreciar como lo que realmente son. Sos una artista, no podes pensar en no ser artista. ¿Sabes qué gorda? (sic)”’. Y agrega Trosman: ‘Hice los deberes y me iluminé’.

JOHN CHAMBERLAIN

‘Cowork’, ‘¿Sabes qué gorda?’ e ‘Hice los deberes y me iluminé’ viniendo de una persona que pretende dejar de ser una comerciante de segunda línea para pasar a generar un objeto visual que lleve adelante un debate estético, teórico o social es, por lo pronto, una enunciación suicida. Lo que la entrevista de Marie Claire representa es, antes de empezar, el suicidio artístico de esta mujer por tilinga y poco inteligente. El hecho de que esa exponente del plagio que es Luna Paiva la alentara a transformarse en ‘artista’ tambien plantea una serie de cuestiones. En primer lugar, siendo quien es era de esperarse que Paiva, quien se presenta como ejemplo del pastichismo postmodernista feministoide se revele, en realidad, como un ejemplo patriarcal y heteronormativo que confirma las estructuras machista del poder. Sin ir más lejos, ella entra el arte una vez que el machirulo plagiador de su marido Erlich le hizo dos hijos. En tanto madre de sus hijos y esposa es que ella se siente legitimada para ser artista y confunde conducta tribal con solidaridad femenina al creer que tiene la experiencia o credenciales suficientes para recomendar a alguien ser artista. En realidad, lo que Paiva puede compartir es la cara dura como para querer hacerse pasar como tal. No nos olvidemos que Luna Paiva existe no solo por su marido sino por su madre. Sus primeros negocios como artista fueron hechos con ayuda de ella (recordemos que ella hizo la direccion artista de una opera experimental en el Colón por delegación de su madre, Teresa Anchorena, que trabajaba en dicha institución), luego accedió a exhibir en ArtBasel Buenos Aires nominada por Alan Faena tras que este estuviera en una relacion con Ximena Caminos (a quien le hizo convenientemente un hijo) y quien fuera la ex secretaria de su madre para finalmente acabar ella misma metiendose en la cama del desarrollador inmobiliario una vez que Caminos fuera eyectada por insoportable. En otras palabras, Paiva quiere hacer pasar por feminista una conducta endogamica dinamizada a partir del plagio y el acomodo conseguida de manera absolutamente machista. Nada en este grupo está basado en el talento sino en un parasitismo desesperado seguramente asegurado con adhitivos. Lo interesante del caso es que el argumento que usa es el de la permanencia como un rasgo del arte que lo diferencia del diseño o de la moda que para ella pertenecen a un tipo de actividad más efímera y por lo tanto, menos importante.

Esto se da de frente con el giro performativo que viene teniendo lugar en el arte desde la década del 60 en donde el objeto modernista y esa promesa de permanencia que parecen la razon de ser del artista para Paiva, emergen precisamente en el mundo del arte como una químera. Lo que toda esta serie de comentarios demuestra es como el privilegio, el acomodo en un contexto de mediocridad absoluta y posiblemente otros ‘adhitivos’ le ha quemado la cabeza a gente como Trosman y Paiva para creer que lo que hacen puede importar a alguien. Es como si ya hubieran pasado la barrera de no saber que no saben para caer en un barril sin fondo en el que damas baqueteadas que toman el te acaban confundiendo su banalidad con ‘coworking’. J A T

 

ANGELA DE LA CRUZ

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