ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ANETANI

Hay tantos duelos como personas y es curioso como algo tan personal y único puede vivirse como una experiencia colectiva en casos como este.

Después de varios días, escuchar y ver discusiones, leer indignados, enamorados de la pelota, cultures de la argentinidad y profetas de la dicotomía, no tengo ninguna conclusión ni realmente ningún pensamiento que me ate del todo. Convegamos que en cierta instancia la muerte de Maradona no es tan distinta de otros fallecimientos de personas famosas y que incluye a todos aquellos que nunca lo han visto en persona pero admiran su trayectoria y se lo quieren hacer saber al mundo, los que no lo admiran y también quieren que la audiencia poca o mucha que puedan tener lo sepa, los que van a salir como buscar todos los comentarios con los que acuerden para decirles que tienen la razón que ellos mismos creen tener y los que van a buscar todos los que sostienen lo contrario, sólo para hacerles saber que están equivocados y en el medio la maraña de gente convencida de que ellos sí pueden juzgar con la superioridad moral que le endilgan a los demás, como los otros ven la vida de una persona pública, absolutamente irascibles con cualquiera que diga que no esta de acuerdo con ellos, ya sea los más fanáticos en justificar al idólo caído o los empecinados en volver a poner en la palestra sus más odiosos actos porque saben que muerte y olvido no son sinónimos.

La muerte iguala, justifica o ampara los recuerdos que uno elige, de repente todos los daños son minimos, todos los agravios son olvidados y todos las heridas cicatrizan en la mente de quienes, en el fondo quizás solo quieren un poco de paz. Ya habrá tiempo de recordar las faltas cuando el cuerpo este enterrado, ya habrá tiempo de quejarnos cuando los deudos hayan llorado se repiten muchos, pero ¿por qué en la soledad de mi mente tendría que estar de acuerdo con ellos? ¿por qué si yo no les digo que sentir, ellos tienen derecho a decirle a otros lo que debe conmoverlos? Si no ataco a los dolientes en la cara, si solo expreso una opinión ¿debo ser insultado? Y es entonces donde esto se vuelve una vez una dicotomia entre lo que es popular y lo que no, y nunca falta el romantizador crónico que insiste que nunca le perdonaron al idólo venir de un lugar humilde, cómo si el oprimido no fuera capaz de salir de su lugar, como si no le fuese posible contribuir a la opresión de los demás. Hay en la condescendencia una de las formas más dañinas de discriminación, el tratar al otro como un niño o como una mera idea, no como una persona que puede y debe ser hecha responsable de sus actos.

No voy a enumerar una a una las contradicciones, o quizás sería mejor decir las hipocresías de muchos artistas y deportistas, que sólo llamamos contradictorios para no tener que hacernos cargo de como ellos mismos son capaces de mirar para el costado cuando la situación lo amerita; pero si voy a preguntarme hasta que punto no lo hacemos con ellos porque lo queremos hacer con nosotros mismos.

Al final del día hay hijos, hermanos, una familia y amigos que no esta llorando a un icono o a un prodigio, esta llorando a un padre, un hermano, una persona que en algún momento fue su amigo y eso es único que realmente me resuena. Para muchos otros será esto lo que marca el fin de su adolescencia, la despedida de alguien a quien ya habían entronizado en vida pero que en el gran esquema de las cosas hace mucho que esta alejado de su historia, y por supuesto todos aquellos que no están llorando al futbolista que ya se había retirado hace mucho, sino su propia mortalidad. Si les preguntamos a todos los que lloraron haciendo fila para verlo por última vez ¿cuántos están llorando por el astro caído y cuantos por sus propios padres, con los que recuerdan haber compartido un mundial y ya no están? ¿Cuántos están llorando porque soñaban en ser él, ser como él y se dejaron las ilusiones en un banco? ¿Cuántos están llorando porque lo envidian aún en la muerte y es más fácil disfrazarla como admiración? ¿Cuántos de esos mismos atacan a sus familiares y ex parejas porque les envidian haber tenido su cariño o sus favores, cosas que ellos, como adoradores, como fanáticos, como sicofantes del rey caído están convecidos que fueron mal gastados en gente que no conocen, pero que es mejor villanizar? Que nadie permita que le digan al rey que esta desnudo, no sea cosa de que se note que sus súbditos tampoco están vestidos.

Mientras tanto, en estos días cargados de simbolismo, unos a otros se pasan la metáforica pelota de las responsabilidades, opinan los de adentro que necesitan sacar afuera su dolor, opinan los de afuera que necesitan exponer sus lealtades o justificar su tristeza, ¿por qué? ¿quién les pidió cuentas de sus sentimientos y quién les dijo que era necesario pedirselas a otros?

Quizás a la larga si se trata de una lucha de la individualidad por sobre la muerte, hay que seguir hablando de la leyenda y hay que construir el mito, porque si lo olvidan a él también me van a olvidar a mi y no quiero desaparecer, quizás por en el fondo acusadores y defensores prefieren seguir peleando cada uno por la memoria que defienden, para recordar y que los recuerden. Por algo el teatro, en su sabiduría colectiva, no tiene una máscara para la indiferencia.