Habiendo pasado algunos días del desastre de la organización de las exequias del Diego y mientras el Guillote, por dar sólo un ejemplo, usa la memoria del ídolo para su propia auto-monumentalización de programa en programa de TV al tiempo que las diferentes jurisdicciones administrativas se apuran a capitalizar el evanescente capital político fetichizando lo infetichizable transformando su recuerdo en palabras vacías del tipo ‘Dios fue Argentino’, apareció quien uno menos lo esperaba e hizo el que, según entiendo, ha sido el mejor homenaje a Maradona a la fecha. Lionel Messi celebró un gol (el 712avo de su carrera) contra Osasuna el domingo pasado y abrió un portal no solo del recuerdo sino de lo que algunos llaman magia y otros milagro entre él y el más grande. No fue simplemente el hecho del gol sino el modo en el que usara la oportunidad para celebrarlo sacandose la camiseta del Barça y dejando al descubierto otra debajo: la de Newell’s Old Boys de Rosario. Mitad roja, mitad negra, con el sponsoreo de Yamaha en el frente y en la espaldas y, obviamente, con el número 10, Messi transformaba lo que podría haber sido otro slogan vacío en una verdadera plegaria visual en la que Maradona se convertía en lo único que importa: energía cósmica que conecta generaciones y mueve la humanidad hacia adelante atraves de la belleza de la inspiración y la influencia. Lo de Messi fue arte.

Esa camiseta debajo de la camiseta en ese momento se transformó en un portal cuando tras marcar el gol, Messi elevara sus manos al cielo, se persignara y resignado pero con orgullo, volviera al centro del campo a recibir la correspondiente tarjeta amarilla que el arbitro Antonio Mateu Lahoz ya tenía preparada. La amonestación pasará a los archivos como: ‘Messi Cuccittini, Lionel Andrés fue sancionado por el siguiente motivo: tras marcar un gol, se sacó la camiseta para revelar otra debajo: la de Newell’s Old Boys de Rosario del 93/94 con el Número 10 en la espalda’.

Lo que Messi hizo lo vincula en primera persona con Diego y hace a la historia más completa a varios niveles. Si bien Messi no ganó una Copa del Mundo ni logró el status icónico de Maradona, este nunca alcanzó el nivel que Messi tiene en Cataluña. Desde cierto punto de vista, un tributo usando una camiseta del Barça (aquella con la que lo eclipsó) podría haber sido visto como una aseveración de la propia superioridad contra alguien que es más grande, al menos, en esas tierras. Pero la decisión de usar la remera de Newell’s lo lleva a un lugar mucho más personal y coloca al homenaje en esa necesaria primera persona que todo homenaje de verdad que no quede simplemente como algo frío y coreografiado exige. Al hacer esto, Messi saca a Maradona del cajón con el que los imbeciles se sacan fotos souvenir como si la calidad pudiera ser transmitida por osmosis sino que lo transforma en pura energía. Sid Lowe recuerda el momento en el que el padre de Messi lo llevó a ver a Maradona en su debut en Newell’s Old Boys de Rosario, allá en el tiempo, en Octubre de 1993. En esa ocasión Mardona marcó el gol ganador en un amistoso contra Emelec que si bien fue el único gol que el astro marcaría para ese club, fue lo suficiente significativo para establecer una conexión que luego se haría cada vez más fuerte y acabó expresandose el pasado domingo como las verdaderas verdades tienen que expresarse.

Pero el homenaje no sólo se queda en ese simbolismo ya que la asociación no sólo fue visual sino háptica si se tiene en cuenta, como Daniel Arcucci lo planteó en El Gráfico, que la camiseta usada por Messi para homenajearlo no fue una réplica de la del 93 sino la misma camiseta que usara el Diego en aquella ocasión y que le fuera dada por un coleccionista llamado Sergio Fernandez hace un par de años. Fernandez pagó una fortuna por ella y uno no quiere imaginarse el valor que adquiere tras haber no solo tocado el cuerpo de dos deidades sino tambien de haberlas teletrasportado en el tiempo y en el espacio.

Pero lo que hace todo esto más increíble es la forma del gol que marcó Messi contra Osuna que, según los que entienden, parece coreografiado como si fuera un espejamiento o un calco de aquel que marcó el Diego en Newell’s. Es exactamente como si Messi estuviera continuando la labor divina o mejor dicho, como si el que guía esos pies ya no fuera Messi sino Dios o Maradona, o ambos… Si la imitación es la mejor forma de homenaje, nadie parece haber homenajeado a Maradona como Messi. Hay una foto que muestra esto como ninguna otra y no es la que posteara Messi tras el partido en Instagram sino un aficionado en la que ambas camisetas se superponen en el preciso momento de la conexión cósmica. J A T