Cuando mi amigo el @CoronelGonorrea arrojó su guante en mi dirección para hacer un análisis pixel por pixel de la ‘textilidad’ y por que no, ‘testicularidad’ de los abogados del nuevo aspirate (sic) a hijo de Maradona lo recogí porque es una de esas imágenes que opera en la mente como un virus que te acecha como un fantasma. El error ortográfico del Coronel deviene una humorada como neologismo digitado desde ultratumba por el Diego que se va revelando como una deidad traviesa que nos sigue divirtiendo con estos ‘disparantes’. La maravilla de la imágen es que acecha al espectador que se da cuenta de que es acechado cuando ya es demasiado tarde. Son varios niveles en los que lo viral de esta imagen opera sobre el espectador. El primero es religioso. El segundo tiene que ver con la moda y el tercero como síntoma del colapso semiótico de nuestra cultura.

El nivel religioso se hace evidente en tanto ilustración de la naturaleza de Dios como uno y trino. Como bien señala Ramiro Agulla en Twitter: ‘Me parece que hay un pibe sosteniendo una pantalla de rebote de luz y se refleja en el vidrio del cuadro’. Ese cuadro es un cuadro dentro del cuadro que toma la iniciativa como el protagonista de la imágen al negarse a formar parte. Tras haber escrito sobre el gol homenaje con el que Messi recordó a Maradona, esta simpática pero tambien aterradora perpetración del mal gusto sistemático, deviene, una vez más en portal religioso invertido de ese Baco tardo-moderno que fue Maradona. Es como si Diego estuviera acabandole en la cara a Gerardo Sofovich obliterado por el consumo de décadas de sustancias mal cortadas. Estructuralmente dispuesta como un tríptico de los usados en altares desde el siglo XIII para comunicar a los fieles con el otro mundo, el hijo del Diego se coloca en el lugar del hijo de Dios y a los costados tiene, como en El Jardin de las Delicias del Bosco, al paraíso -a la derecha- y el infierno -a la izquierda.

Si posamos nuestra mirada en el infierno, es decir, en el pelado con mullet ochentosa con su cabeza partida en dos hemisferios: uno pelado y brilloso y otro peludo y grasiento; vemos que la forma de su cuerpo es indicadora de excesos realizados sin la virtud de la transformación alquímica del barro en oro de Baco sino de la resignación y vagancia de su compañero Sileno. Este Sileno chanta, exhibe de manera desafiante una panza producto de diferentes tipos de desbalances: el que se da entre las proteínas y los carbohidratos y tambien el que ocurre a nivel presupuestario cuando las epocas de salarios mal ganados y la ausencia de los mismos marca al cuerpo con el shock de la alternancia no planificada de abundancia y ausencia. Su papada y su panza funcionan como paréntesis unidos por una (oh yeah!) línea blanca que vincula la nariz y unos genitales exhaustos antes de la convocatoria. Sin embargo, el conjunto visual y el combo entre negro y grasa capilar remite al tipo de transpiración que la humedad de Buenos Aires fermenta en los sepultureros obligados a la fisicalidad de la manipulación de los muertos vestidos de traje. En este punto, la asociación visual entre este ‘sepulturero’ y las fotos del cuerpo profanado de Maradona en la casa de sepelios se hace evidente y nuevamente deja a Diego como un bello cadaver que nos enseña cómo los vivos pueden estar más muertos que algunos muertos.

Si pasamos al paraíso, en su versión kitsch tenemos ya no la adulteración de la carne sino la falta de conciencia de las posibilidades de la misma. El platinado de la izquierda es una suerte de hombre a medio hacer que Dios hizo de arcilla pero se olvidó de darle otra vuelta de cocción. Nadie en su sano juicio puede combinar esos colores pasteles en gamas del rosa Dior a no ser que esté channelling a Mirtha Legrand pre-Covid y posiblemente en el pico del furor Menemista. Sin embargo la línea que establece esta figura entre los pepés Arlequino que fueran puestos de moda por el aspiracionalismo gay post-porno de Wally Diamante y Robertito Funes Ugarte, los anteojos à la Freud de carey y el saco rosa Heladerías Tucán hace que todo el peso visual de la foto aterrice en su zona genital en explícito camel toe. Y la genitalidad de esta imagen es clave ya que el aspirante a hijo del Diego al ser más joven, chongo y alto hace las veces de pene con dos testiculos interraciales a los costados. Es este el punto en el que tríptico se transforma en un falo cargado de esperma bajo la mirada atenta de un divertido Diego que se opaca (en el cuadro dentro del cuadro) a modo de risa y se afianza como Baco en el Olimpo. Sin embargo, lo que causa la risa de Diego es la ausencia total de bultos. Uno puede ver la punta del glande del de rosa perdida en una ingle que le queda demasiado grande y que se contrapone a la vasta frente del sepulturero. El glande estrangulado del pseudo-Sofovich encuentra en el papiro agarrado no con una sino con dos manos, cierto alivio. Pero por si esto fuera poco el escudo del saco y la hebilla Hermes del cinturón piden aun más pista hundiendo ese pene aun mas en la desesperación. Pero no nos olvidemos de la ramita con la que la naturaleza parece querer protegerlo como si saliera de uno de esos murales fotográficos de heladería de barrio con playas caribeñas incluídas mientras por el otro lado, el tanque de agua se prepara a vertir algo oscuro y pegajoso en el pelo del sepulturero. Al chongo le doy hasta que la Claudia lo reconozca en el reparto de la herencia. J A T