ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE AMILCAR MORETTI

Lo tuyo, Rodrigo, en el espacio de tu accionar, es de lo mejor en torno a la muerte de Maradona. Mostrás ciertas dudas, o una gran duda, y desconcierto. No tanto por el millón de habitantes del conurbano periférico que movilizó el sepelio en la Casa Rosada sino por la duda-angustia que confesás a partir de que el tema te conmovió. No tenés nada que ver con el fútbol, no te gusta, y arriba no se simpatiza Maradona. Y, sin embargo, te desconojonó la muerte. A mí me pasó lo mismo, exactamente lo mismo. No rechazo al fútbol, no soy sebreliano (boludismo superficial puro, y mal aplicado) y me desagrada el mundo del fútbol, ya por el negocio, ya por el lumperío de consumo. Una cultura de mierda, hoy. Pero se murió Maradona y me acongojé dos días, hasta que decidí apagar el televisor (en mi casa no tengo TV, pero estaba haciendo sesiones de fotos en un loft alquilado y se me ocurrió prender ese aparato). En tu confesión relato tratás de definir qué es lo que te pasó, qué es lo nos pasó. Te acercás. merodeás, pero no podés definir qué sentís y porqué lo sentís. Lo vinculás con Perón. Y sí, es así, Maradona es como el peronismo, inexplicable o incorregible, según quieras. Yo soy peronista desde siempre, desde los primeros años 60 en el pueblo, aunque mis lecturas fueran de estética lukacsiana, Jaime Rest, David Viñas ensayista, Monthly Review de USA. ¡Ahí está!, el “misterio”, la “incógnita” de lo argentino, de la argentinidad, que nos hace diferentes en todo el mundo. (No quiero hacerme el esencialista, pero así como vos hablás de tu vecina alemana hay algo en el vecino argentino, si es un tipo calmo). Cualquiera sea tu opinión, ¿a qué otros dictadores de derecha represores genocidas del subdesarrollo se les ocurre la idea de hacer una guerra frontal a una potencia mundial? El peronismo y Maradona captaron algo que el común, nosotros, no percibe habitualmente. Sí, de vez en cuando. Medio faccio, medio socialista, medio católico, medio liberal, medio verticalista, medio asambleario, y etc. Para mí, y lo digo muy en serio, ese “lo atamos con alambre”, “manitas”, es nuestra distinción de superioridad. Claro que hay mucho estiércol, barro, pero, decíme Rodrigo, ¿allí en Londres no hay estiércol?