Los exabruptos de Marcia Schvartz contra el grupo de artistas del Centro Rojas no parecieron demasiado fuera de lugar viniendo de quien vienen. Su virulencia, sin embargo, recordaba aquellos insultos que fueron proferidos en aquel celebre debate entorno del ‘arte light’ que organizara en 1993 la mismísima Marcia con Diulio Pierri, Felipe Pino y Liliana Maresca. Sin embargo, lo que hizo realmente que rememorara ese encuentro fue la contundencia con la que Francisco Lemus quien vale decir es la pareja de Marcelo Pombo decidió salir al ruedo para intentar poner Nitzcheanamente a Marcia en su lugar. De manera más o menos análoga, lo que aquel debate y este choque ponen en evidencia es el enfrentamiento entre dos modelos de arte político: uno explícito (caracterizado por una vertiente vernácula del neo-expresionismo con esquirlas del Nuevo Realismo de Antonio Berni corporizado en Marcia, por ejemplo) y uno disimulado (caracterizado por una traducción visual de los principios de la deriva Deleuziana a un programa estético que transforma al debate artistico entre centro y periferia en tema y al kitsch, en tanto estilo, como instrumento conceptual de la mano de Jorge Gumier Maier y el Grupo Rojas). Entre el neo-expresionismo á la Berni y el kitsch puto hubo una figura que posibilitó que el Grupo Rojas tuviera una pata comercial que fue Pablo Suarez con quien Schvarz, tal vez, por eso está tan resentida. Al lado de Suarez y al lado de Gumier estaba Pombo quien, ahora, oh sorpresa, está al lado del que sale a contestarle a Marcia. Dicho de otro modo, desde el lugar de la ‘gran pintura’ de Marcia es fácil atacar al ‘conceptualismo hermetico kitsch’ de Gumier. Sin embargo, la presencia de Suarez hacía esa crítica mucho más complicada para Schvarz por lo que el odio germinó en el hogar de esos dos hijitos de Antonio Berni y las consecuencias se sienten hasta la fecha.

FRANCISCO LEMUS

Pero este blog no sería lo que si no fuera más allá de lo evidente y buscara ver las razones detrás de la decisión de alguien de perfil tan bajo y recatadito como Francisco Lemus de salir a atacar a nuestra ‘pintora nacional’. El que habla a través de Lemus es Pombo y este no es sino otro episodio de una ya larga historia de ventriloquismos entre parejas gays en el Centro Rojas. Marcelo Pombo ha venido Cirano de Bergeraquizando el debate desde la decada del 90 hablando en nombre de Schilliro o a través de otros para imponer una mirada que siempre coincide con la de Jorge Gumier Maier. Dicho de otro modo, la pelea aca no es Lemus-Marcia sino Gumier-Marcia por lo que Lemus es injusto al decir que esto se debe al resentimiento que esta tiene por Gumier ya que es mutuo. Por su parte, Marcia se equivoca al decir que el Grupo del Rojas es un invento de Pablo Suarez ya que eso presupone que la fuerza estética del mismo radica en él y sus dos ‘hijos adoptivos’ Harte y Pombo. Esto es poco exacto ya que si bien el armado teatral de esta ambigua mitologia homosocial del ‘daddy’ y sus ‘sons’ o del maestro y sus discipulos ayudó a darles un lugar en el mercado de la mano de Ruth Benzacar, la verdadera potencia estética del Rojas ocurrió en el debate nunca aceptado entre los que se estaban muriendo de SIDA (Omar Schiliro y Feliciano Centurión) y los que intelectualizaban atraves del kitsch la relacion con la metropolis del arte (Gumier Maier y Marcelo Pombo). Cada vez menos se acuerdan de Harte y Suarez mientras en el mundo la atencion por Omar Schiliro y Feliciano Centurión no para de crecer. Lemus peca de dicotómico al plantear que mientras Gumier generó comunidad y apertura, Marcia se encerró en su taller para esperar el reconocimiento de ‘Gran Maestra’ que no tardó en llegar. Seamos honestos, debe haber pocos grupos más herméticos y elitistas que el que rodeó a Jorge Gumier Maier en los 1990s.

HARTE, LAGUNA Y GUMIER

A esta altura queda claro que Marcia piensa como pinta: mesiánica, con una mitologia latinamericanista y feminista teatralmente pose destinada a una burguesia cuya aprobación ella desea con todo su alma. Tal vez sea por eso que durante años me pasó información con denuncias (muchas esas exageradas como que Jacoby le había robado la obra de Maresca ‘se entrega a todo destino’ y vendido al Bellas Artes y otras directamente falsas como, por ejemplo, que Laura Batkis había robado la ‘firma’ de Suarez para lucrar o que yo estaba asociado con Barro por el simple hecho de que Batkis era alumna mía en uno de mis cursos). El problema de Marcia es que a nivel intelectual es una señora porteña paqueta. A pesar de sus credenciales familiares, es muy limitadas como lectora sobretodo si se la compara con Suarez o Gumier. Hace unos meses me acercó una tesis del IUNA de una alumna suya que atacaba al Rojas en terminos tan básicos que me dejaron en claro que Marcia es una gran pintora pero no una intelectual. Es tal vez por eso que carente de argumentos se dedica a insultar. Como consecuencia de esta incapacidad, ella se lanza a la tela sin importar demasiado el concepto que queda limitado a una cuestión narrativa y representativa mientras que para Gumier y Suarez la pintura solo puede tener vigencia si se pone al servicio del conceptualismo politico en sus versiones queer. Este resentimiento con el conceptualismo hace que Marcia tenga que sobreactuar lo que sus pinturas representan (me refiero al contenido a partir de la creación de historias e incluso de una mitología) y tambien tenga que exagerar su propia performance en tanto ‘pintora comprometida’ que se ofende y se pone a gritar como Violencia Rivas.

MARCELO POMBO

Lo ‘ad hominem’ de Lemus se hace más especifico al imaginar que la razœn por la que Marcia Schvartz ha venido tratando de hablar en nombre (ventrilocuar) a Liliana Maresca (quien supuestamente nunca fue invitada a exponer en el Rojas por su ‘amigo’ Gumier) se debe a que ella misma se sintió traicionada por él. Lemus acusa a Schvartz de manera un tanto cruel de ‘tironear a la muerta’. Respecto de esto último, no es dificil imaginarse las razones por las que alguien que quiere usar ese espacio para imponer una estetica que marque un giro conceptual (queer) a la relación entre arte y politica quiera alejarse de alguien como Marcia que representa exactamente aquello contra la que se quiere plantar. Habiendo dicho esto creo que en la discusion planteada por Lemus (y tambien por Marcia) respecto a la muestra de Liliana Maresca (y Batato Barea) titulada ‘La Cochambre’ del 13 de julio de 1989 con la que se inaugura la mítica Galeria del Rojas radica la confusión producto de un tironeo que, hasta ahora, no ha prestado atención como es debido a la obra de Maresca.

Liliana Maresca

Lemus no hace otra cosa que repetir lo que dijo Gumier una y otra vez que es que la participación de Maresca en la inauguración de la Galería confirma que lo alquímico en la obra de Maresca no era sino una derivación (o expresión temprana, quizá) de la inversión de lo bajo sobre lo alto  a través del kitsch que tendría lugar en el Rojas a partir de esa fecha. No voy a extenderme al respecto porque esto es lo que estoy explorando para mi proximo libro en inglés pero, según entiendo, ni la version de Lebenglick de la Maresca comprometida ni la de Gumier hacen justicia a lo que tanto ella como Batato hicieron en esta inauguración que debe ser entendido como una intervención contra la negativa no solo de la sociedad en su conjunto sino de la comunidad artista del Rojas del SIDA como ‘putrefacción’ del cuerpo. Lemus no debería olvidarse que La Cochambre era una instalación de un ‘ready made’ de los restos oxidados y derruidos del mobiliario kitsch de un balneario que supo ver su momento de gloria durante la Dictadura a pocos kilometros de donde los cuerpos de los desaparecidos caían del cielo pocos años antes. La decisión de colocar esos muebles kitsch podridos en la inaguración de una galería que haría de la negación de la realidad a través de kitsch su razón de ser debería dar más para pensar que seguir involucrados en una pelea que, hoy por hoy, carece de todo sentido. J A T