En mi trilogía (que se completa aquí) de posts referida a cómo Marcia Schvarz justifica su lugar de la gran pintora burguesa nacional a partir del odio. Al respecto ya me he referido en dos posts:

El primero se refirió a su odio a Jorge Gumier Maier fundado en su falta de bagaje intelectual para entender que el supuesto arte apolítico del Rojas no es realmente apolítico sino que establece una relación entre arte y política desde un lugar que tiene que ver con debates teóricos que ella no conoce ni se ha preocupado en conocer posiblemente por su soberbia de pintora que no tiene tiempo para leer.

El segundo trató de su resentimiento para con Pablo Suarez quien ocupó el lugar de ‘padrino’ comercial de un grupo de artistas del Rojas e hizo de puente entre el hermetismo intelectual de Gumier Maier y el mercado representado por Ruth Benzacar. Suarez pudo ocupar ese lugar, en principio, porque entendía los debates que estaban teniendo lugar en el Rojas y en segundo lugar porque era hombre y homosexual en ese contexto misógino de dicha institución. Por esto no se entiende el lugar adoptado por Marcia como mujer alpha tambien misógina que en lugar de buscar solidaridades horizontales pisa cabezas y ahoga a toda mujer artista que se le acerca como fue el caso de Guadalupe Fernandez.

Ahora me quiero referir a el tercer gran ‘odio’ de Marcia que es Marcos Lopez. En muchas ocasiones, Schvarz me pidió que escribiera en contra de Lopez. Esto es algo que no me cuesta porque aborrezco su trabajo del 2000 en adelante. Sin embargo, las razones por la que Marcia odia a Lopez no son esteticas sino de señora concheta de Recoleta. Marcia está enojada con él porque este le afanó la secretaria y asistente. Su nombre es Yanina y no aguantaba más la locura de Marcia por lo que se decidió a pasarse y trabajar con Lopez. Ahora ella es la mano derecha de él. Problemas burgueses. J A T