La habitación estudiantil. El colchón de una cama ciertamente infantil. El gesto intelectual de alguien que, a pesar de todo, es un intelectual. Un cuerpo inflado artificialmente al punto de lo irreconocible para aquellos que lo tenemos visto desde hace varios años. Un rostro cuyo cansancio replica la monotonía de la pose misma. Una actitud que connota fantasías de conceptualismo político en tanto ‘intelectual queer’ que usa la sexualizada publicidad de sí mismo y tambien de mediocres calzoncillos nacionales como una intervención en el espacio simbólico, uno quiere suponer, de género. El narcisismo hipersexual de Mariano Lopez Seoane es un loop o, mas bien, el ensayo eterno de esa obra de teatro en la que su consagración como simbolo sexual nunca acaba de hacerse realidad. El fotógrafo de esta publicidad es un pedestre Santiago Albanell (quien solía histeriquearme allá en el tiempo) que transforma el carisma sexual en algo manchado y abyecto y fija a Lopez Seoane en el único registro en el que puede calentar que es el del porno amateur como instrumentalización neoliberal del autodisciplinamiento.

Como decía, la pose de intelectual puber con ojeras prominentes que Albanell ni se preocupó en maquillar o photoshopear es la de un intelectual ya que Lopez Seoane más allá de ex galerista y pin-up wannabe, es un intelectual. Sin ir más lejos, Lopez Seoane escribió el prólogo de la traducción al español de ‘Cruising Utopias’ de José Esteban Muñoz (que tuve la suerte de no leer) y es el director de la maestría de genero y no sé qué más de la Universidad de Tres de Febrero, reemplazando a, ni más ni menos que Daniel Link. Para aquel que no esté al corriente de los debates en estudios queer, en ese libro seminal, Muñoz plantea que en el contexto represivo de la sociedad heterosexual, el gay (queer) tiene la posibilidad de construir para sí futuros posibles por fuera de esa narrativa hegemónica. Cómo se compatibiliza eso con la necesidad constante de Seoane de auto-objetualizarse para, para colmo, promocionar un producto en el mercado si es esta dinamica la que no hace otra cosa que perpetuar esas condiciones de exclusión que reprimen al gay. Muñoz llama a los gays como Lopez Seoane: gays homonormativos.

EL FOTÓGRAFO SANTIAGO ALBANELL

Lo que digo no significa de manera alguna que la compulsión a la auto-hipermasculinización en sí misma (tan buscada por Lopez Seoane) sea incompatible con lo queer y cuando digo compulsión me refiero a que él vino a mi casa en Londres hace diez años y era un flaquito proyecto de fashionista. En su transformación hay mucho esfuerzo y mucha violencia ejercida sobre sí mismo tanto por medio del cross fit, los esteroides como por la falta de sueño así como por un exceso de sexo o deseo sexual (uno quiere suponer y cual es la diferencia ) que nunca es satisfecho porque siempre ve mover la linea de llegada un poco más lejos.

Su compulsiva hipersexualización tiene algo análogo a la anorexia femenina en tanto rechazo al mandato social de alcanzar cierto ideal corporal. La anorexica rechaza el mandato exagerando su sumisión para acabar comiendose a sí misma. Hay similarmente algo autodestructivo en esta necesidad exhibicionista de mostrar retóricamente el deseo de los otros en el propio cuerpo mientras ese deseo desaparece. Es como si se vanagloriara de su propio patetismo frente a una sociedad que le exige compensar por aquello de lo que carece (ser heterosexual o activo, si es que es homosexual). Si antes de Stonewall, la reacción tendía a ser la hiperfeminización, en estos tiempos neoliberales parece ser su opuesto, la hipermasculinizacion como compensacion de la falta de falo que, en el fondo, Mariano Lopez Seoane cree que no tiene aunque si se lo tomara el tiempo para reconocerlo se daría cuenta que tiene todo para encontrar ese falo dentro de su cabeza. J A T