La pelea entre Marcia Schvarz y Francisco Lemus o, mejor dicho, entre Marcia y Marcelo Pombo, en tanto re-edición de la pelea que tuviera lugar en el Rojas en 1993  amerita más atención ya que, según entiendo, es un indicador del pulso actual del arte argentino. Un primer problema fue ya planteado por Lemus como pregunta y tiene que ver con el lugar desde donde habla Marcia y por qué se queja si se tiene en cuenta que es ella la pintora que exhibe en la galería ‘burguesa’ Vasari mientras los artista del Rojas o bien ya no exponen o lo hacen, con un par de excepciones, fuera del sistema comercial.

La pregunta es entonces por qué sale Marcia justo ahora, con Pablo Suarez y Liliana Maresca muertos, a ‘tironear sus cadaveres’, como dice Lemus. Por qué habiendo pasado tantos años, el odio de Marcia por Pablo Suarez sigue tan vigente y a flor de piel. Lo cierto es que, en vida, ambos se llevaban bien y podría decirse que eran amigos. No debemos olvidarnos que Marcia enseñaba en el Rojas y su vida social (con Maresca incluída) giraba entorno de ese espacio.

Yo creo Marcia está resentida con Pablo Suarez por dos cuestiones. La primera tiene que ver con el canon y el segundo con el mercado. En los 90s, el canon fue definido por Gumier Maier. El fue quien bajó linea, construyó el contexto crítico de la obra por él promovida y dinamizó una sociabilidad en torno del Rojas. Sin embargo, el acceso del Rojas al mercado no tiene que ver con Gumier sino con Pablo Suarez que, por más incapaz comercialmente que sea, fue lo suficientemente narcista para saber que tenía que producir una mitologia si lo que quería era generar atención para su proyecto tras su regreso al mundo del arte tras su rimbombante renuncia al Di Tella en los 60s. Esa mitología que Suarez supo contruir es un topos de los machos alpha de la historia del arte univeral y tiene que ver con la transformación de su estudio (‘Taller de Barracas’) en una suerte de Symposium ateniense al estilo del de Jacques Louis David y Drouais en el Neoclasisimo francés en el que el maestro dedica su vida a sus alumnos dilectos y juntos son elevados en apoteosis. Esto en el Rojas fue la saga de muestras de Harte Pombo Suarez que funcionó como trampolín para que Ruth Benzacar los comercialise. Eso fue lo que acabó entrando al mercado. El resto de los artista del Rojas en ese momento la tuvieron mucho mas dificil. Gumier nunca tuvo un mercado, si somos honestos, y tal vez por eso se encargó (con su elitismo) de que su pareja Omar Schiliro tampoco lo tuviera. El caso de Feliciano Centurión es similar aunque, como sabemos, el tiempo está haciendo que la calidad de la obra acabe imponiendose en el mercado internacional.

El punto de vista de Marcia es siempre desde el virtuosismo de la manufactura. Guadalupe Fernandez quien tambien era cercana a Maresca acabó siendo puesta bajo el ala de Marcia para sofocarla. De hecho, Maresca en su habitación no tenia casi muebles ni arte con la excepcion de un cuadro de Fernandez. Era ella y no Marcia la que estudiaba en los 90s las culturas indigenas y nativas, venia del interior y la que hablaba de la cultura popular no era Marcia sino ella. Fernandez, ex mujer de Harte, es una pintora de oficio (como Marcia) exquisita que quedó totalmente opacada en su cercanía a Schvartz quien incluso acabó absorbiendo sus temas.

Yo creo que Marcia está resentida con Suarez porque el ocupó un lugar que ella creía que le correspondía… en el Rojas. El problema es que ella no estaba intelectualmente capacitada  para ocuparlo ni era un varón gay, algo necesario en el contexto de la homosocialidad de esa institución.  Para peor, ella es una señora paqueta bien contectada. Algo muy interesante de lo planteado por Lemus es lo misógino de su conducta. Esa misoginia se traduce en homofobia en su critica al kitsch de Gumier Maier como ‘cosas de putos de canutillos’. El problema con Suarez y de ahí su odio, es precisamente que él era el puto del Rojas que no puede ser criticado por canutillero y cuya obra, ademas, compartía ciertos  lineamientos del kitsch á la Berni de ella. Yo creo que ahí radica el problema ya que ambos (Marcia y Pablo Suarez) competían por el mismo lugar de reconocimiento que ella indudablemente quería.

Marcia, al ser pintora, no cuenta con las herramientas teoricas, intelectuales y conceptuales con las que contaba Pablo Suarez, otrora artista conceptual. Es esto lo que Marcia reciente de Pablo Suarez ya que el Rojas se transformó rapidamente en un lugar de reflexion intelectual cuyo verdadero alcance, en terminos de debates Deleuzianos y de teoría queer, ella, al día de hoy, por su propia soberbia, no ha logrado entender para creerse lo superficial del discurso de Gumier osea que el Grupo del Rojas hace arte apolitico y que no amerita lecturas ni interpretaciones. Cómo decirlo? Marcia, en el fondo, quería ser la madre de los chicos del Rojas pero le faltaba leche para nutrirlos.