La historia del correntino Oscar Rinaldi quien emigró a Londres y acabó a cargo de una familia y de un castillo en ruinas en medio de la campiña francesa tiene que también ser entendida en el contexto de esa industria transcontinental o para ser más preciso, de esa división internacional del trabajo, que ha venido constituyendo el matrimonio gay en sociedades obsesionadas por el control en el que gays homonormativos de los paises centrales demasiado obsesionados consigo mismos viven la fantasía de que absolutamente todo en sus vidas puede dirimirse a partir de una combinación de consumo y derecho a la identidad. Dicho de otro modo, la historia de Rinaldi es la historia del estereotipo de ‘el latino hot con carne todavía fresca que esta disponible para dar amor y sexo al que tiene la billetera y la vida anhelada’. Para aquellos que creían que Argentina iba a camino a ser Cuba o Venezuela, esa transformación viene ocurriendo en el mundo gay desde hace por lo menos un cuarto de siglo.

El video nos presente a Oscar, un tanto pasado de copas, mostrandonos el castilo del siglo XVI que compró con su pareja Jeff. Para darles una idea, estos castillos tanto en Francia como en Inglaterra te los tiran por la cabeza ya que el costo de mantenimiento y los límites que la ley pone a la restauracion por ser patrimonio histórico; es altísimo. Oscar tiene 40 años, es correntino, nació en la ciudad de Goya en una familia chica, de clase media. Conoció a Jeff en un viaje a Buenos Aires y desde ese momento todo fue una historia más de trasnplante matrimonial. Tras vivir en Londres decidieron comprar Belebat como viviendo lo que, en principio, es un delirio.

“No quería un castillo, ni tenía la idea de vivir en Francia pero en Chateau de Belebat me cayeron todas las fichas”, cuenta. “Más allá de lo banal, este proyecto opera en nosotros como un legado para nuestros hijos. Sin ser cursi, siempre quise crear algo que mis hijos hereden y se sientan orgullosos por eso”. Este es el punto en el que el gay subalterno se transforma en todo aquello de lo que el supuestamente había querido escapar pero de lo que ni siquiera se da cuenta. El propósito de este señor es fundar la unidad patriarcal sin siquiera serlo.

Algo muy interesante es el nombre de sus hijos. Los tres son rubios y muy anglos y sus nombres no tienen ni rastros de su padre correntino. Son Roman , Leighton y James. Los cinco viven en una casa al margen de la propiedad principal mientras la refaccionan. “En su origen, en 1550, Belebat era muy grande y autosuficiente,”, detalla este correntino con castillo propio en Francia. “Además de la casa donde estamos viviendo y estaban el resto de las’ dependencias’: la casa del casero, la de donde vivían los que cuidaban los animales, una panadería, una lavandería, un par de talleres, los establos, los corrales para vacas, cerdos, incluso una perrera porque acá se hacía caza, un palomar-que en su época era símbolo de estatus-, una capilla, una cava, y hasta un pabellón que hicieron los alemanes cuando lo ocuparon en la segunda guerra mundial.”

Oscar y Jeff vivían en Londres y en 2015 buscando una propiedad en Francia, se toparon con Belebat, pero el precio era imposible. Azar o destino, al tiempo Oscar vio que lo publicaban tres compañías y con precios disímiles. Luego de idas y vueltas, lo compraron y el proyecto mutó: dejaron Inglaterra y se instalaron en Belevat a vivir. “Me acordé de (Alejandro) Dolina cuando dice que uno no se busca en todo el mundo pero se reencuentra en el patio de su casa o en el lugar que lo recrea. Y así fue”, relata este correntino de clase media que tras estudios inconclusos en Buenos Aires se fue por amor a Estados Unidos, lueg a Londres, y ahora Francia.

De todos modos, los ingleses no dan puntada sin hilo. Oscar es la lady de una manor house pero el dinero tiene que producirse por lo que el trasplantea de la familia viene con la condición (seguramente una hipoteca) de transformarlo en un alojamiento boutique en el que, seguramente, él servirá su chipá. Al respecto dice: “El 2020 lo teníamos todo ocupado pero el 13 de marzo nos cancelaron todas las reserva por el COVID19”, dice Oscar. “En julio, pudimos recupera un poco de la temporada en parte gracias a Mirella”. Se refiere a una joven que tiene un canal de YouTube- Mirella, una mexicana en París- que hizo un video en Belebat y potenció la llegada de huéspedes.

Si bien la pandemia afectó el “business plan” 2020, Oscar es tajante en cuanto a lo personal: “Fue lo mejor que le pasó a mi familia; es la primera vez que estuvimos los cinco solos. Sin amigos, algunos huéspedes y sin gente en la obra. Fueron dos meses gloriosos; al núcleo familiar la cuarentena le vino bárbara”. Y si bien no es una gran ciudad donde viven, dice que le sorprendió el respeto de la gente. “Acá todos usan barbijo, respetan la distancia, y lo que más me asombró es que en los mercados ponen un cartel que dice ‘Tome lo que necesite’, es decir, no acopie”. Oscar, volvete al carnaval de Gualeguaychú que se te nota a la legua que no aguantgas más. J A T