Recien salgo de mi asombro por lo ocurrido, hoy, en Washington D.C. Pertenezco a una generación educada, primero por la dictadura militar y luego por el menemismo, a valorar todo lo que venía de Estados Unidos como la epitomización de la virtud republicana y como el punto de fuga hacia el que todas nuestras acciones debían orientarse. Luego la vida tanto en lo personal como en lo profesional me fue enseñando que esto no era tan así. Mientras volvía a mi casa en el tren, mi amiga Alejandra que vive en Chicago me preguntó si estaba al tanto de lo que estaba aconteciendo y nada me preoparó para ver el intento de golpe de estado mediante el que una muchedumbre de ultraderecha osó tomar por la fuerza el Capitolio. Esto fue hecho, ni más ni menos, que en la sesión en la que se intentaba oficializar la victoria de Joe Biden y Kamala Harris.

Este descenso a lo impensable in the land of the free, es un proceso que había comenzado ya con la negativa a conceder el triunfo por parte del Presidente Trump tras la elección y por el modo en el que algunos senadores republicanos seguían planteando la cuestión del fraude, una y otra vez. Esto ya de por sí, venía siendo parte de un intento golpe en preparación y que ahora, a pesar de que todos salieron a rasgarse las vestiduras vociferando su consternación, lo cierto es que varias horas despues la policía no pudo reducir a lo que, en definitiva, no es más que un puñado de manifestantes. Esto, posiblemente, se deba al hechod e que son blancos y en los Estado Unidos nadie reprime a los blancos.

Esto, desde ya, no va a impedir que un físicamente frágil Joe Biden asuma la presidencia pero lo que busca es deslegitimarlo y debilitar su administración. Aquellos que vimos mobilizarse y entrar empuñando armas en el Capitolio han venido siendo mobilizados por Trump, por Fox News, por la National Rifle Association y por grupos más específicos de ultra-derecha como Proud Boys desde hace meses. Hay algo desesperado pero tambien preocupante en la non-challance con la intentaron someter al resto de los norteamericanos a su voluntad a un mes de la elección general. Esa violencia viene del hombre blanco y más específicamente del hombre blanco privilegiado con un camino de violencia que se remonta a la construcción de la Nación pero que recientemente se ha venido materializando de manera mucho más anómica en, por ejemplo, los tiroteos racistas de la frontera de Texas o la masacre de la sinagoga en Pennsylvania. Lo mas interesante y preocupante de lo que pasó hoy es que catastrofes como la de Columbine, por ejemplo, y la cultura de los snipers sueltos matando gente a diestra y siniestra acabó asociandose, ni más ni menos, que como método al mainstream de la política norteamericana. Lo que ocurrió hoy tiene algo de estetización e incluso fetichización no solo del racismo sino tambien de las armas y el derecho a portarlas en una cultura en el que la locura es directamente proporcional a dicha portación.

Hoy el líder del Partido Republicano decía a modo de mantra y casi como si tratara de convencerse a sí mismo que ellos son ‘el partido de la ley y el orden’. A la luz de lo acontecido hoy, esto significa que ellos encarnan la ‘ley y el orden’ en los términos que la consideren necesaria cuando la consideren necesaria. Imaginemos un grupo de ciudadanos de color intentando hacer algo remotamente similar a lo que hicieron estos Trumpianos hoy. Cuál hubiera sido la reacción de la policía? Lo que diferencia a esos Republicanos, a los grupos de ultraderecha y a estos seguidores de Trump es el sentido de que algo les pertenece y que aunque las elecciones no les hayan sido favorables, eso debe serles dado no matter what.

Es evidente que la gestion de Trump, para bien o para mal, estuvo basada en la producción de ficciones que, en tanto mentiras, fueron usadas como cortina de humo para mantener el apoyo popular, para colocarse en un mejor lugar para negociar o vaya uno a saber por qué. Esto acabo denominando una época: ‘la post verdad’. Para Trump, el contar con una narrativa altenativa que relativice la realidad es un derecho. El problema es que entre la manipulación de la realidad y la psicósis hay un límite muy tenue y, posiblemente, es esto lo llevó a convencerse de que ganó la elección al punto de que en el video en el cual intenta desactivar la violencia en el Capitalio le habla a los ocupantes de manera emotiva y en lugar de amenazarlos con reprimirlos, les dice: ‘Los amo. Son gente muy especial para mí’. Aparentemente, Ivanka Trump borró un tweet en el que decía que los que entraron al Capitolio son ‘patriotas’.

Esto puede verse de modo dicotómico como un intento de golpe que pudo o no pudo ocurrir. El caso parece ser este último. Pero hay algo intermedio que es la deslegitimización del proceso democrático y el debilitamiento adrede de la proxima gestión al usar la plataforma institucional para intentar colocarse por encima de la ley. Es como si Trump se hubiera desplazado hoy de la Presidencia de los Estados Unidos a la Presidencia de una entelequia, de una realidad paralela en la que sus seguidores, la mayoría blanco, portan armas y las pueden disparar en cualquier momento contra quien él disponga. Ese es el momento en el que la realidad de carne y hueso vuelve a tocar la puerta y generalmente los muertos son mujeres de color o sus hijos. J A T