Comenzó la segunda temporada de ‘Pose’ de Ryan Murphy en Netflix. Si bien la primera se había focalizado en cómo la escena alternativa del Vogueing, los travestis y el clubbing se convertían en la decada del ochenta en el marco para la conformacion de formas de parentezco alternativas en medio de una epidemia en la que los gays quedaban cada vez más aislados y estigmatizados, la segunda temporada se mete de lleno en la década del 90 en la que dos vectores operan con fuerza contradictoria: el activismo del SIDA y y las apropiaciones culturales por parte del mainstream capitalista y el mercado del entretenimiento. Esto, desde ya, pone a su creador Ryan Murphy en un aprieto si se tiene en cuenta que fue el productor ni más ni menos que de Glee con varios suicidios incluidos.

Como era de esperar, lejos de adoptar una mirada abarcativa de cómo en los noventa se prepara el terreno para la conformación de un sistema farmacológico y capitalista que acorraló a los gays empujandolos en la dirección de la asimilación obligatoria y el fin de la deriva, Ryan Murphy ve al mercado como una fuerza redentiva que aparece como una amenaza de la mano del Estado pero como una promesa de la mano de Madonna. Estos son, evidentemente, los ingredientes básicos de una receta de entretenimiento neoliberal.

En cierto modo, este primer episodio de la segunda temporada demuestra que la serie va a emprender un camino posiblemente más dark y sentimental con la llegada del activismo de Act Up que acusa al gobierno norteamericano de tener un plan de exterminio por omisión para la comunidad homosexual. Es 1900 y Pray Tell (Billy Porter) se une a este grupo al tiempo que Vogue de Madonna domina el mercado musical. Lejos de ser tematizado como la apropiacion cultural que fue, Blanca (la madre de the House of Evangelista) (MJ Rodriguez) ve a la súbita popularidad del género como el pasaporte al reconocimiento social. Lo que le importa a esta version muy Edípica de Blanca es que la sociedad que la oprime la reconozca. Esta tendencia a suavizar los conflictos se traduce estéticamente al modo en el que la serie presenta al Vogueing no como un indice casi espástico del dolor que esos cuerpos que se contorsionan en público sentían sino como version pobre de la industria de la moda. Ryan Murphy esteriliza la cultura queer de los noventa para colocar todas sus reinvindicaciones en una caja cerrada llamada Act Up.

El paso de la prostitución a las pasarelas de Angel (Indya Moore) es fundamental y tiene como principal motor a Mama Blanca quien le da no sólo ánimo sino protección física en su carrera. Moore, en este contexto, se transforma en el sueño americano encarnado en el individuo como unidad social que a traves de su exito permite que la comunidad tenga sus propios sueños de redención cuando en realidad, nada cambia y todo eso pasa a ser un artificio. De algun modo, Moor es vista como la alegoria del tipo de ciudadano ideal en el que se convierte el gay durante esa decada entanto sujeto consumidor cuyo valor radica en su aspecto. Vale decir que esta es la logica del star system de Hollywood que Murphy exploro este año en su otra serie titulada convenientemente ‘Hollywood’. Nada cambia en USA.

Este camino hacia lo redentivo hace que la serie necesite fabricar su propia negatividad gay. Es tal vez por esto que Elektra (Dominique Jackson) vuelve a su papel de diva desagradecida archi enemiga de Mama Blanca y esto la empuja a dedicarse al sadomasoquismo profesional que, hasta ahora, no ha sido moralizado pero imagino que lo será. Una nota al margen es el de la belleza de los clientes. Algo que llama poderosamente la atención es lo asexuados que siguen estando todos los personajes. El amor es solo un amor retorico que se expresa en el apoyarse mutuamente en sus carreras y en pagar juntos el alquiler pero no se expresa en algo mas carnal que tenga que ver con aquello que eventualmente trae como contraparte el contagio. La sola inclusion del sadomasoquismo como sexo no penetrativo es interesante porque la serie parece, en los hechos, seguir la linea del recientemente difunto Larry Kramer de que el sexo casual es la condena y muerte de la cultura gay cuando, en realidad, es donde radica su verdadera redención. J A T

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