ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SABATEZ

Una de las deudas de la democracia es la desarmar a la policía. No puede haber uniformadxs portando armas de fuego creyendo que cualquier vida vale lo mismo que una bala.

Creo que esto es muy importante debatirlo porque bajo ningún concepto la policía tiene el derecho o el marco legal para decidir sobre la vida de nadie. Esto, que fue hartamente debatido hablando de fetos e interrupción de un embarazo, no se menciona respecto a las fuerzas de seguridad, y es gravísimo.

Habrá gente que dirá que sin armas de fuego la policía queda a merced que les maten y que no podrían hacer su trabajo. Yo a esa gente le digo que, si no pueden matar, entonces como fuerzas de seguridad no sirven. Y que si quieren hacer algo por la sociedad, mejor que estudien un profesorado.

Desarmar a la policía generaría un efecto dominó positivo: deberían capacitarse más, entrenar (para ingresar a la fuerza de seguridad se exige que no midas menos que 1,60m en el caso de los hombres, pero no hay un índice de peso, y así se llenan de grasa y no pueden correr ni el bondi), buscar nuevas estrategias para disuadir conflictos, empatizar más con la sociedad, con lo humano, con la gente.

Porque cuando les hace falta o simplemente tienen ganas, empuñan las armas, como símbolo de su poder, intocable. Hubo indignación cuando se planteó darles pistolas táser, pero nunca se cuestionó a la bala de plomo. Así fue como hace unos meses la Bonaerense rodeó la Quinta Presidencial exigiendo aumento de sueldo, armados e insubordinados (enviados por ó desobedeciendo a Sergio Berni, pero en cualquiera de los dos casos debería dejar su cargo), y desde esa fecha, no volví a ver a la Bonaerense laburar. No controlan, solo boludean. Pisan la patrulla para parecer que están llegando a salvar a una viejita de un atraco, pero probablemente es porque olieron una pizza enfriándose a 10 cuadras.

Ahora en Argentina la tendencia es culpar a “lxs jóvenxs” por disparar la curva de contagios con sus raves y pelotudeces masivas. Pero nadie cuestiona que el control es inexistente hace meses.

Y, en cierta forma, es mejor así: prefiero que la Policía no trabaje, porque si lo hace abusa de poder, aprieta, vive de coima, maneja la trata, te libera la zona, vende la droga, o gestiona la fiesta clandestina. Esto último lo dijo Lanata, entidad nefasta si las hay, pero es real. Sé de buena fuente que cada dos viernes hay una clandestina en Vicente López, a la vuelta de una comisaría, que cobra su comisión para que la fiesta se haga con permiso policial, y sigue sucediendo.

Calculo que desarmándolos empezarían a bajarse del pedestal de poder e inmortalidad en el que se creen, y ese es el primer punto: saber que no son impunes desde el juicio de la muerte. Después, debería empezar el lento y difícil proceso de que cumplan su verdadera función, que es la de cuidar y prevenir, apreciar a la sociedad, generar estrategias y un pensamiento humano. Educar a la policía.

Dificilísimo, pero así no se puede más.