ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ENDORA

Digan lo que digan, Amalia fue la única representante de una clase social que se autodenomina aristocrática. Todos los otros fueron carton pintado.

Tenía el dinero y tenía el apellido. Pero también tenía la piel, el pelo, el perfil, el cuerpo, la estatura, los modismos, el charme, el gusto, la cultura, los modales.

Hay una foto de ella, ya sesentona, con un vestido palabra de honor que revela una espalda blanquisima. La boca roja en composé con dos rubies que cuelgan de sus orejas y el rostro sin una arruga, pero ya ajado y a punto de derrumbarse. Siempre me pareció su mejor foto. Se la veía distante, ajena, helada. Y sin embargo, daba la sensación de estar a punto de marchitarse lo que le daba una fragilidad que la volvía hermosa.