El Diego Poggi-gate no fue hasta ahora tratado en este blog y convengamos que su salida del closet apenas sorprende porque su carrera en Grinder es casi tan larga como la de Mirtha Legrand en la TV. En este blog, fueron filtradas sus fotos buscando pija, en ese tono desesperado que caracteriza a los que necesitan tomar alguna substancia, para permitirse superar la propia homofobia internalizada y animarse a tener la intimidad que bulímicamente anhelan con otro hombre. Si a esto le sumamos que nuestro querido Diego trabajaba en ese antro de consumo de cocaína llamado TN, la cosa termina cerrando aún más. Dicho de otro modo, siendo, hasta ahora, el típico puto enclosetado porteño y trabajando en un canal de cable que espera que sus periodistas hablen todo el tiempo en ese tono frenético que canonizó Tinelli en la televisión argentina, lo más probable es que Dieguito haya vivido puesto durante, por lo menos, la última década y que finalmente haya llegado a la conclusión de que sostener ese nivel de energía tanto pública como personal no valía la pena. Es por esto que la Poggi decidió renunciar a TN y salir del closet, todo al mismo tiempo. El problema es cómo lo hizo.

Habiendo sido un protagonista en Internet desde hace, por lo menos, una década pasé por diferentes fases que además correspondieron no sólo a diferentes momentos de mi vida personal sino a diferentes momentos de la cultura. Respecto de mi vida aquellos que siguen este blog saben a lo que me refiero y no vale la pena repetirlo. Sin embargo, en términos del contexto social, uno podría marcar un punto de inflexión con el #MeToo en donde el discurso ‘hater’ y de crítica abrasiva que, según creo, era necesaria como intervención ‘política’ en el parroquial mundo cultural argentino de entonces; pasó a no ser el adecuado para comunicar un mensaje. Con las guerras culturales, las redes sociales argentinas se terminaron transformando en el espacio en el que se deconstruían permanentemente cuestiones referidas al modo en el que los cuerpos sexuados operaban en el espacio público desde su diferencia. Desde ya esto tiene extremos y no ocurrió de la noche a la mañana. Por un lado uno puede comenzar en la decada del 90 con el asesinato de Maria Soledad Morales y llegar a la shockeante llegada al espacio público de los femicidios de la decada del 2000 mientras que en el otro extremo, uno tiene, la conveniente adecuación de lo queer en tanto discurso de la diferencia a la ola del #NiUnaMenos pero desde un lugar no tan combativo y específico sino adoptando como propias las demandas post-coloniales impuestas tras las revueltas de Stonewall en Nueva York segun las cuales lo que el gay quiere es asimilarse a la sociedad adoptando los modos de esa sociedad que antes lo rechazaba. Así la marcha del Orgullo Gay se transformó en una suerte de carnaval de clase media y raza blanca en el que la hipersexualización entró al mercado y permitió que aquellos gays de derecha tapados pudieran finalmente salir e intentar usar la nueva y esperada victimización como pasaporte para un nuevo tipo de aceptabilidad. Dicho de otro modo, en ese momento, ser gay en esas condiciones y solo en esas condiciones era ser parte del nuevo mainstream. Esa fue la ola que dejó en nuestras costas a la Piter Robledo usando el dinero publico para sacarse fotos cool frente al Flat Iron en NY con sus asesores fashion, a la Novarecio dandonos tips a cómo ser hot a los cincuenta, al Negro de Oro cambiando de anillo de compromiso según quien se lo cogía esa semana y toda una seguidilla de gays de derecha que, finalmente, se permitían salir del closet porque hacerlo les daba ese tipo de exposicion publica que bulímicamente se necesita en Argentina para seguir siendo relevante en la televisión.

Pero no nos equivoquemos ya que el #NiUnaMenos es una lucha constante y los triunfos en esta materia nunca son definitivos. En lo que respecta a lo gay, las conductas de homosexualidad internalizada de los gays argentinos son un modo de autocontrol impuesto por la sociedad dominante. Por eso el gay rechaza ser abiertamente pasivo porque supone ser una afrenta para la idea del macho heteronormativo que supone penetrar a la hembra para inseminarla; porque se supone que el gay debe procurarse una pareja para comenzar una familia siguiendo el modelo tambien heteronormativo ya que coger a lo Poggi en los corredores de Grinder no es aceptable por esa sociedad. El gay es aceptado si encaja en cierto modelo aceptado de consumo en el que él es creativo, fashion, inteligente y deja las riendas del poder a los verdaderamente machos… y machas.

La salida de Poggi del closet pone en evidencia la precariedad de los medios de comunicación argentinos en donde aún impera la homofobia y cuyas condiciones obligan a aquel que no se haya definido a definirse en el contexto de las nuevas guerras culturales. Dicho de otro modo, el modo en el que Poggi puede seguir generando contenido en redes sociales tras renunciar a TN es transformando su propia represión en el tipo de discurso que la sociedad dominante le demanda que es el de la autovictimización, un supuesto dominio de su propia libertad y adhiriendo a una noción de libertad que le fue impuesta. Es por esto que cuando él fue a contarle a su padre que renunció a su trabajo y que se va de vacaciones con su ‘novio’ y no recibió el tipo de aplauso sentimental que él creía merecer decidió humillarlo publicamente y transformar este melodrama en material para que nosotros, por ejemplo, estems hablando de esto. Clarín no dudó en calificar la reacción de su padre como ‘una dolorosa respuesta’ y Poggi dijo: ‘Le acabo de contar a mi viejo que estoy de novio (con un chico) y que me voy de vacaciones con él. Que tipo agradable’. No sólo eso sino que compartió la captura del chat en el que su padre le dice: ‘Linda noticia, no la quería escuchar nunca. Que seas muy feliz, olvidate de que tenés papá’, fue la respuesta que recibió. Acto seguido, Poggi aclaró: ‘Lamentablemente no es joda. En otro momento me hubiese puesto mal. ¡Hoy realmente me chupa un huevo!’. Esta gente habla de cuestiones fundamentales de su vida personal por Whassap. Poggi salió del closet por mensaje de celular? Es más, se imaginaba esa reacción y por eso le tendió una suerte muy rebuscada de emboscada?

Acto seguido y habiendose dado cuenta de la gravedad de hacer pública la minucia de la pelea familiar, decidió seguir en el camino en el que el gay pasa, en la sociedad heteronormativa, automáticamente de víctima a heroe y dijo: ‘Se que hay pibxs que pasaron o pasan x lo mismo. Lo único que importa es ser lo que quieran ser’. Y finalizó: ‘Aclaro esto, mi viejo es el mejor de todos. Honesto, buena persona, un tipazo. Pero bueno, es de otra generación y estás cosas supongo que cuestan’. En estas dos oraciones hay mucha tela para cortar. En principio, lo esquizo de pasar de ‘shaming’ publicamente a tu padre a terminar confirmando que las palabras, al menos para él poco significan al decir que el ‘es el mejor de todos, honesto, buena persona y un tipazo’. Si es todo eso, y como dijo inmediatamente despues, es consciente de que su padre es de otra generación; cómo no darle el margen como para que esa frustración se canalice de modo más orgánico y cómo hablar de cosas tan importantes por mensaje de Whassap si se es consciente de esas limitaciones? El ser de otra generación no es un tema menor y sabiendo eso, no ser puede arrojar al padre como más leña para las guerras culturales, trasladándolas al seno de la familia. En estos casos, el tiempo permite hacer que los prejuicios y la ignorancia lleguen a donde puedan llegar. El ser de otra generación en el caso argentino no es un tema menor y esto plantea tiempos que Poggi, claramente, no estuvo dispuesto a darle al ni siquiera tomarse el tiempo él de sentarse a tomar un cafe para decirselo en la cara. Ahora, una segunda charla va a tener la violencia de la humillación y el apuro sobre la mesa. De algo me puedo enorgullecer, no creo nunca haber sido amigo de alguien como Poggi. J A T