Bridgerton está basada en los bestsellers de Julia Quinn. Cada uno de esos libros está dedicado a un miembro de la homónima familia prestando particular atención a sus vidas románticas (obviamente, entendida como busqueda de marido) en la Inglaterra de la Regencia a principios del siglo XIX. La serie de Netflix está basada en el primer libro de la saga, titulado The Duke and I que se ocupa del romance entre Simon, el Duke de Hastings, un típico Mister Darcy decidido a no casarse y Daphne, una joven de familia venida a menos.

 

 

Hay algo de la serie Hollywood de Ryan Murphy, en el modo en el que la diversidad y al diferencia son disueltas en una utopía superadora de un mundo (casi) felíz. De hecho, el Duque (Regé-Jean Page) y la Reina Charlotte (Golda Rosheuvel) son negros y, salvo nosotros, en la serie nadie parece darse cuenta. O casi… ya que tenemos que esperar al capítulo cuarto para ver a Lady Danbury decir a Simon que cuando George III se enamoró con una negra (la Reina), la sociedad inglesa superó automáticamente las divisiones raciales. Este es el único momento en el que en Bridgerton se reconoce el problema racial y coloca a la Regencia en un momento post-racial. De hecho, la sangre negra de la Reina no habría sido sólo producto de la imaginación ya que siempre hubo sospechas de que tenía ancestros africanos. Desde ya, la idea de que el amor de dos soberanos pudiera hacer que la barreras raciales fueran superadas tan automaticamente es ciencia ficción. Esto vale tanto para hoy como para el año 1813.

 

Dido Elizabeth Belle

 

Ademas, con el comercio de esclavos recien abolido en Inglaterra y en el Imperio en 1807, Inglaterra estaba atravesando tal vez por su momento más racista y estas son las críticas que Edward Said le hizo, tal vez injustamente, a Jane Austen. De todos modos, para prueba basta un botón si tenemos en cuenta cómo terminó el primer matrimonio mixto en la familia Windsor. Pero en Bridgerton, todo nos hace recordar que estamos viendo una ficción. Uno de los principales recursos para esto es la música con adaptaciones de temas de Ariana Grande y Billie Elish a cuartetos de cuerdas. Por su parte y si bien en los siglos XVIII y XIX hubieron nobles negros (Dido Elizabeth Belle, por ejemplo), su experiencia en un contexto tan racista como el inglés está totalmente borrada de la serie.

Ademas, el único actor claramente negro es retratado como abusivo y cruel al tiempo que en la cama se lo exotiza con connotaciones historicamente vinculadas a la raza negra. Bridgerton es compleja porque su negativa a ver el color de las personas se combina con el no querer ver la violencia del imperio ni de los blancos. De donde salía el dinero de esa elite sino de ese tipo de violencia. Ademas, al Duque de Hastings y a su tía parece perdoneraseles la raza sólo por ser bellos, inteligentes y perfectos. El síndrome Obama. Es como si el negro solo pudiera entrar en este tipo de trama a base de pura neurosis obsesiva y perfección. Sin embargo, lo realmente complicado es el modo en el que esta ceguera cromática se mezcla con la cuestión del sexo y lo que podríamos llamar ‘las epifanías del catre’. Daphne, con la ayuda de su sirvienta, logra enterase de qué se trata la vida (‘ponela acá y hacé que te acabe adentro’) y al hacerlo, supone quedar empoderada inmediatamente. De acuerdo a esta serie, en el siglo XVIII el empoderamiento femenino viene solo de la mano de la información. En Bridgerton, por ejemplo, no existe la violencia domestica y la dama que sabe cómo siempre logra gozar y al hacerlo se libera como si se tratara de una utopia feminista de fines de la decada del 1960. Dicho de otro modo, en Bridgerton la libertad no está en las colonias sino en el dildo. Es en este giro feminista y postcolonial a Jane Austen que la serie hace agua porque vacían de materialidad, violencia y esclavismo absolutamente todo para crear un mundo feliz pero la condición de esa felicidad es el no reconocimiento del trauma ajeno aún en esas condiciones idílicas de felicidad.

 

El Jóven Negro de Joshua Reynolds

 

Digo esto porque no podemos pasar por alto la violación o el momento de violencia sexual contra el negro quien es, ademas, exotizado como objeto sexual. En su negativa a embarazarla, el Duque acaba afuera varias veces y una vez que Daphne se da cuenta de lo que está ocurriendo, se monta encima de él para obligarlo a acabar dentro suyo. Eso es muy complicado y es diferente al libro donde Simon está borracho y no puede parar a Daphne. Vale decir que en ambos casos no es consciente de lo que ella hace. Sin embargo, el problema es que en la serie de Netflix el le pide que no siga y a ella esto no le importa a pesar de que la negativa a dejarla embarazada está vinculada con sus traumas de infancia y la violencia psicologica que ejercía sobre él su padre. A pesar de que el Duque es violado y Daphne con la información procreativa en lugar de hablar decidió actuar, la serie decide hacernos sentir pena por ella. Yo creo que esta violación y el hecho de que todos la ignoran nos obliga a traer el tema racial nuevamente al centro de la escena. Los negros ademas de haber sido exotizados sexualmente durante siglos eran constantemente acusados de violar mujeres por lo que el hecho de que Bridgerton nos obligue a sentir compasión por la violadora blanca, ignorando a la victima negra, transforma a todo el supuesto post-racismo de la serie en un boomerang.

 

Ignatius Sancho de Gainsborough

 

Cual sería la formula para no ignorar el trauma negro en este tipo de series? No hay una única respuesta pero creo que la generación de las condiciones de sufrimiento del negro para luego ignorar dicho sufrimiento no es el camino ideal. Asimismo, reconocer la cuestion de la raza por dos minutos en sólo dos capitulos hace que la gran pregunta de la serie nunca termine siendo desarrollada y ese silencio plantea cuestiones morales que tienen que ver con cómo pensamos la diferencia en un contexto neoliberal.

Howard Castle

 

Desde el punto de vista de la historia del arte, vale la pena hacer algunos comentarios. El castillo del Duque aparece en el episodio seis y es el Castillo de Howard en North Yorkshire. Al llegar Daphne se detiene frente a un retrato de la madre de Simon y en el episodio ocho se detiene frente a uno de su padre. Ambas pinturas son típicos retratos del siglo XVIII en los estilos de Joshua Reynolds y Thomas Gainsborough. De hecho, el retrato de la Duquesa es una copia de Mary Little de Gainsborough. Estos retratos estuvieron vinculados con el comercio de esclavos lo que en sí mismo hace este momento éticamente complicado porque se reapropia de la historia para modificar su sentido. De hecho, Reynolds y Gainsborough nos dieron dos de los mas famosos retratos de negros del siglo XVIII con el ‘Joven Negro’ del primero (1770) y el del escritor abolicionista Ignatius Sancho del segundo (1768). Las apropiaciones culturales no se quedan ahí ya que el peinado de la reina incorpora toda una serie de elementos propios del pelo africano aunque esto se combina con una proliferación de pelucas que los tapan. El personaje de Marina Thompson, la primera de los Featheringtons, es interesante (Ruby Barker) porque tiene la simplicidad que recuerda a las representaciones de mestizas mujeres provenientes del Caribe por Agostino Brunias. Por su parte, William Chambers había diseñado Buckingham Palace pero la galería de las pinturas todavía no estaba habilitada en épocas de Jorge III. J A T

 

Agostino Brunias

 

Mary Little de Gainsborough.