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Para ser objetivo, yo diría que la asunción de Biden fue un terrible bodrio alcanzando momentos de verdadero cringe como, por ejemplo, la participación de Lady Gaga cantando el himno. Su increíblemente inadecuado vestido de Sciaparelli con el que bajó la escalera de manera pausada y transformando un momento republicano, austero y solemne en un paso de musical de Broadway reminiscente de la realeza lo que evidencia que decidieron transformar ni más ni menos que a Gaga  en una proyección espectral invertida del tipo de líder telemático que los muy ancianos y grises Presidente y Primera Dama ya no pueden representar. Lo cierto es que el hecho mismo de que eso ocurriera en los términos que ocurrió da la pauta de una tendencia global (esto, desde ya, es el caso de la Argentina) hacia liderazgos grises tendientes hacia una dramatización de lo politico como si se tratara de una telenovela cuyo efecto, como en toda telenovela, es el placer efímero. Esta serie de equívocos de una clase dirigente agotada que generó el tipo de energía que en su momento elevó a alguien como Trump al poder fue el marco para la elevación de otra figura que, en un principio, me fascinó pero poco despues me hizo ruido. Me refiero a Amanda Gorman, la joven que leyó el poema ‘The Hill We Climb’ e hizo emocionar a un país dividido.

A diferencia del resto, ella no llevaba máscara casi seguramente porque necesitaba que su gesticulante boca delineara cada una de las palabras que salieran de ella. El poema fue una oda a la unidad nacional en la forma de un dar vuelta la página para mirar colectivamente al futuro. Esto suena muy bien en los papeles aunque, en realidad, es el tipo de ‘olvido’ que impide hacer el verdadero luto de las heridas provocadas por las divisiones. Los Argentinos sabemos mucho de eso ya que en nuestro pais ese tipo de ‘vuelta de página’ vino de la mano de la fiesta dolarizada que trajo el neo-conservadorismo menemista tras el fracaso de la Primavera Alfonsinista y del que nunca supimos bajarnos a base de un golpe de espectáculo tras otro. En el caso Norteamericano, los recursos retóricos y narrativos son otros ya que lo que se ha venido instalando es un melodrama de la politica con un villano, un abuelo bueno y ahora una heroína que permiten que un pueblo entero se olvide de las divisiones para generar la sensación de que todo es una cuestión de actitud: barajar y dar de nuevo. Es bien sabido que en el ámbito del liberalismo todo es cuestión de voluntad haciendo un corte transversal en tiempo presente en donde el pasado es visto como una molestia o un obstáculo a ese progreso que nunca debe discutirse. La jugada de Biden a traves de Gorman es la de transformar el progreso no en el Clintoniano (‘es la economía estúpido!’) sino en un progreso moral (‘contra Trump’). Todo esto bajo la mirada espectante de un establishment tradicionalmente vinculado a la carrera armamentistica y a la globalizacion neoliberal con los Clinton, los Bush y la mar en coche.

Es como si en Amanda Gorman hubieran encontrado el portavoz ideal. Joven, negra, vestida en Prada, estudiante en Harvard, hija de madre soltera desclasada, self-made woman y la prueba viva de que con voluntad todo se logra. Pero es precisamente el sueño americano el que hace que la elite repita una y otra vez el mantra liberal obviando las heridas que el trauma transgeneracional de la esclavitud sigue generando. Y lo cierto es que vivimos en un momento delicado porque tras casi un año de Covid estamos, a nivel global, por decirlo de alguna manera, ‘en carne viva’. Esto hace que busquemos heroes y fabulas en la vida cotidiana como para escapar de ella o mejor dicho, para negarla. Prueba de esto es el modo en el que hoy el diario británico The Guardian comparaba a Gorman con lo que la poeta Kae Tempest llama ‘los Nuevos Antiguos’ en referencia a esas personas que parecen divinidades que caminan entre nosotros en la vida cotidiana. Para ella, Gorman es una musa. De acuerdo a la mitologia griega, nueve musas, hijas de Zeus y Mnemosyne, inspiraron la creacion artistica con cinco dedicadas a diferentes tipos de poesía -epica, romantica, lirica, comica y sagrada. Gorman representaría un nuevo tipo de musa, la musa que inspira la poesía democrática. Pero puede haber una poesía democrática? O mejor dicho, cuando la democracia recibe loas deja de ser democracia para transformarse en una pantalla que tapa otras cosas. La democracia es como el amor. No se promete. Se practica.

Digo esto porque la democracia representativa es el ambito de la mayoría y la mayoría es, por definición, patriarcal. Lo patriarcal se impone hegemónicamente atraves del mercado y las minorías (etnicas, sexuales, de género, entre otras) son incluídas sólo nominalmente para que el sistema se confirme. No existe otra razón que permita entender cómo tras tener un Presidente negro, en Estados Unidos la policía los siga matando. Es precisamente eso lo que del otro lado del espectro ideológico hace que blancos neo-nazis se consideren minoría al ser excluídos de ese orden hegemónico neoliberal que se traga todo lo que toca. Por esto cuando Gorman dice que tenemos que mirar al futuro y no a nuestras diferencias, la pregunta es cómo se puede hacer esto sin un sistema universal de salud, por ejemplo. Sabe Gorman que los contagiados de HIV en Estados Unidos dependen de la limozna de ciertas fundaciones para no morir de SIDA? Ese es el tipo de reconocimiento de la diferencia que no se puede obviar en nombre de la democracia porque es mas que probable que en su ascenso a la categoría de musa, como Obama, Gorman se transformó en un coco: negro por fuera y blanco por dentro. J A T

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