La cámara de mi querido amigo, su Excelencia, el Juez Bruzzone fue, esta vez, a visitar a Federico Baeza, director del Palais de Glace y persona a cargo del presupuesto inerte más grande de la Secretaría de Cultura. Digo inerte porque es una bolsa enorme de pensiones que nadie puede tocar. Desde ya, me refiero al Salón Nacional. Como ex Subsecretario de Cultura de la Nación conozco el tema y ese cargo desde adentro y básicamente tiene dos areas: las exposiciones en el mencionado espacio y el Salón Nacional. Personalmente, creo que Federico Baeza representa la cristalización de los problemas que este blog ha venido señalando de las muy erradas teorizaciones retro-feministas de Andrea Giunta, en particular, en sus escritos en los que convierte al Palais de Glace en un ejemplo . Para aquellos que no están demasiado al tanto de estos debates bizantinos; en un paper y luego en su libro sobre Arte Latinoamericano Feminista, Giunta usó el caso de los Premios Nacionales como ejemplo del bajo porcentaje de mujeres que, históricamente, recibieron dicho premio. Asimismo, Giunta llamó la atención sobre lo problemático del criterio de ‘calidad’ artística en tanto ideologema que facilita la exclusión de las mujeres por estar, supuestamente, menos formadas por tener, entre otras cosas, que hacerse cargo de las tareas del hogar y garantizar la reproducción social. Desde ya, Giunta no contempla el hecho de que el mundo del arte está casi totalmente administrado por mujeres y que muchas de ellas piensan y actúan, sin que ella se percate, de modo patriarcal. Sin ir más lejos, las criticas reciente de Francisco Lemus a la ganadora del Gran Premio de hace unos años, Marcia Schvartz fue en esa dirección ya que sus críticas siempre van a otras mujeres a quienes trata, casi sin excepción, con una fuerte carga de misoginia.

Sin embargo cuando Baeza fue designado como persona a cargo de los Salones Naciones y su primer reacción fue la de usar el cargo como plataforma para hacer de su gestión una performance de lo que él considera como ‘una gestión queer’, la problemática relación entre lo ‘queer’, en tanto forma de crítica contra-hegemónica y la noción de política de Estado; pasaron al primer plano. Desde ya, más allá de la performance de señora mayor comprando camisones en Etam con la que, evidentemente, este joven historiador del arte pretende shockearnos y construir una carrera pseudo-artística, la designación tiene que venir con un programa de gestión. Para esto, Baeza contrató una asesora transexual a la que, durante la entrevista con Bruzzone, cita todo el tiempo como fuente de autoridad cayendo en modos alternativos de esencialismo que son la caracteristica principal de su gestion. El modo autoritario en el que juega la carta identitaria lo coloca muy cerca de aquella persona respecto de la cual, él dice definir su función como algo alternativo y diferenciado dentro de una genealogía peronista.

Al final de la entrevista, Baeza hace mención a Oscar Ivancecich atraves de una serie de obras que colgó en su oficina por encima de otras imagenes con claras referencias jesuítas. Ivancevich es, sin dudas, relevante para su cargo porque aquel fue el funcionario de Peron que entró intempestivamente mientras el jurado del Salon Nacional deliberaba para prohibir que se diera el premio a un artista abstracto que de acuerdo a su criterio, y a ese momento del peronismo, era un tipo de arte elitista y no comprometido con el contexto social que no debía ser oficialmente apoyado. En la entrevista, Baeza lo acusa de Neo-Nazi pero si se tiene en cuenta que su gestion fue durante los años 40, el Neo debería ser borrado para ser calificado lisa y llanamente de filo-Nazi. Pero si bien Baeza no acuerda con el contenido de lo que Ivanicevich excluye, el modo en el que él mismo excluye a lo blanco por blanco (siendo él blanco, de clase media y privilegiado) cae dentro de la misma bolsa.

Hay un momento interesante en el que pasa cerca de una obra del patrimonio que él califica como una aproximación modernista e inadecuada a los indígenas del noroeste (por blanca) y que, la curación bajo su dirección puso a dialogar con una obra en video de una artista contemporanea que ‘trabaja con temas indigenas’. En ese momento, Baeza cae en el tipo de fascismo que dice despreciar. La diferencia es que lo hace de manera invertida. Su fascismo es el de las politicas identitarias… excluyentes.

Esto, obviamente queda en evidencia cuando explica lo distintivo de su gestión respecto del Salón Nacional. Baeza no pide las disculpas necesarias y pertinentes, por haber intentado obligar a la gente a confesar su sexo y su identidad de genero a una gestión que está claramente inclinada a favorecer a un tipo muy específico. Es como si su vestido de Etam le diera la autoridad suficiente para elevar su propia performance de automonumentalización narcisista al nivel de ‘derecho’. Ese es precisamente el germen del fascismo. La diferencia es que lo biologico aquí es desplazado a una cuestion performativa. Desde este punto de vista, la gestión de Baeza es muy Peronista en tanto que convierte al subaleterno en una imposición de autoridad.

Interpelado por Bruzzone, Baeza explicó el sentido de la encuesta de 50 preguntas que interpuso como condición sine qua non para poder participar en el Salón. Entre esas preguntas, como muchos saben, se exigía (aunque ya no) definir la identidad de género agregando picardías culturales como la categoría muy latinoamericana del ‘marica’. Si bien es dificil no estar de acuerdo en que, en un contexto regional, esa categoría tiene sentido; cuesta entender cómo esto puede ser de ayuda alguna para la construcción de una política de Estado. Vale decir que históricamente esa categoría se definició como replegandose y autoinvisibilizandose del Estado para poder así evitar un tipo de negociación en la que, tarde o temprano, terminará perdiendo. Esto lleva a reflexionar respecto de lo Hegeliana o entrópica de la visión de la adquisición, promoción y visibilización de derechos por parte de Baeza. Dicho de otro modo, si el cree que visibilizar al que no quiere ni necesita ser visibilizado es un favor; yo le puedo dar un contra-ejemplo. El estado tiene el grifo de la medicacion retroviral para los paciente de HIV. En el momento que decida cortarla, provoca un genocidio. Visibilizar al que no quiere ser visibilizado e incluso caricatuirzarlo y banalizarlo puede generar un tipo de debate estético que no está a la altura de la relevancia de lo que se está negociando que es que si no me das las vacunas, salgo a contagiar. Mientras este señor juega a hacer la señora, hay peleas mucho más de fondo que deben ser peleadas.

Dicho de otro modo, cómo la performance de la queeridad de Baeaza puede ayudar a una política de Estado es algo que me escapa salvo que sea como creo que es parte de la performance de sí mismo. Al intentar responder algo que se aproxima a esta pregunta, Baeza saca la carta del feminismo de la segunda ola típico de la línea argumental de Andrea Giunta: la carta de la visibilidad. De acuerdo a este criterio, la falta de visibilidad de muchos sectores y colectivos demandan que el Estado sea un agente para su visibilización y manutención. Es acá en donde el debate se vuelve por fin, menos pelotudo y más serio. Las preguntas que debemos hacernos son las siguiente, entonces: Se puede pensar en una politica cultural realmente queer desde el Estado? No es esto una contradicción en términos? Hace el Estado un favor a las minorías al visibilizarlas o las controla? Es el tipo de exhibicionismo representado por gestiones como la de Baeza una cortina de humo de una gestión que sigue poniendo enfasis en politicas economicas extractivas y de daño del medio ambiente y de violación de los derechos a la tierra de los pueblos originarios? Finalmente, el pedir mediante un documento estatal que aquellos que se presente al Salón definan su propio genero, busca crear identidad en algo que, como diría Judith Butler, solo existe en la interación de su performane o que, en otras palabras, es y debería ser permanentemente mutante?

Estas preguntas nos permiten ver al supuesto polimorfismos y no binarismo sexual de Baeza como la actualización del uniforme filofascista de un joven peronista que va a trabajar para imponer en nombre del Estado una serie de pautas esteticas cuya funcion es la de cristalizar la diferencia como lo opuesto a lo que, verdaderamente, es: una oportunidad real de confrontar desde una logica alternativa a la logica de clase, la opresion de un Estado tardo capitalista que evidentemente aprendió a hablar el idioma del oprimido y logró que algunos blancos, educados y privilegiados se disfracen del subalterno para conseguir un sueldo y autopromocionarse mientras perpetuan el avance de la logica del Estado extractivo. J A T