Muchos dicen que todo comenzó a pudrirse en nuestro país con la llegada del peronismo. A pesar de haber sido funcionario de Duhalde, yo vengo del radicalismo alfonsinista lo que me permite ver a ese movimiento desde afuera de lo inmersivo de su afecto. Del peronismo como aparato adictivo se ha escrito y hablado mucho. Sin embargo, desde los principios del blog, ha habido otro tipo de factor de pudredumbre, tal vez, tan dañino como el peronismo que es la clase ‘patricia’; luego devenida en parasitaria tras su ineptitud para transformar el modelo desarrollaste en realidad. De allí todo fue cuesta abajo hasta Menem y Macri que directamente la desposeyeron a cambio, como Luis XIV en Versailles, de cierta identidad de clase. Fue entonces cuando se armó una escena (en la noche porteña y en Punta del Este)  para los hijos y sirvientes de esos desposeídos. Desde entonces, se conformó un grupo social endogámico de ‘profesionales’ autopercibidos como cool, con acceso a ciertos recursos culturales en el exterior (que, generalmente, copian e importan en negocios que ellos definen como ’emprendimientos creativos’) y al ser la cara visible de su importación inconfesa, potenciaron en loop su imágen de ‘cool creativos’. Lo que hace a este grupo particularmente dañino es su vínculo con cierto establishment de medios de comunicación como La Nación y, más recientemente, Infobae. El diario fundado por Mitre ha sido particularmente perjudicial al respecto conviertiendose, sin mayores pudores, en una suerte de house organ al servicio del engrandecimiento de carreras mediocres acomodadas como Liniers, Esme Mitre, el amigo de Esme Mitre que no recuerdo el nombre pero que, incluso, llegó a tener una muestra individual en, ni más ni menos, que el Centro Cultural que fue la institución que, en su momento, supo albergar a Batato, Maresca, Ferrari, y tantos más. Frente a los kilometros de tinta gastados por La Nación en Liniers, cuánto les juego que mi libro publicado por Random House no va a ser reseñado en ese medio. Vale decir que mi libro es la única Historia del Arte Argentino ilustrada y crítica de los ultimos 30 años en nuestro país. Un acontecimiento, en sí mismo.

Por qué digo todo esto? Porque Jessica Trosman y Martin Churba vuelven al ruedo y lo hacen, a mi juicio de manera poco inteligente, manipulando la noción de arte. Dicho de otro modo, su supuesto giro conceptual radica en amalgamar moda y arte a traves de la noción de ‘arte textil’. Desde ya y, naturalmente, Trosman no tiene idea de lo que habla.  Cómo entender su uso de ‘arte textil’ para revalidar sus alicaídas credenciales en el mundo de la mano de aquello que ella ignora? Para eso tenemos que hablar del Macrismo y del ‘Avogadrismo’ (por Enrique Avogadro, Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires) y el modelo de arte que tomaron como dado (sin jamas cuestionarselo, lo que es sintoma de una profunda ignorancia ya que lo primero que tiene que hacer un gestor cultural es cuestionarse esos principios). Como el diario La Nación, el macrismo está conformado por gente que cree genuinamente que a lo que todo artista aspira es a triunfar en el exterior lo que más tiene que ver con la noción de carrera que con la de artista. Las pocas medidas que el Macrismo gestó en materia cultural tuvieron como destino lo que ellos plantean como ‘industrias culturales’ que, en realidad, son el grupo de amigos endogámico que copia en el exterior y que una y otra vez y a pesar de lo que digan reciben creditos, subsidios y demas del Estado. En ese muy específico sentido, muchas veces pueden ser mas peronistas que los peronistas.

Y de pronto tenemos a Trosman que dentro del grupo endogamico pertenece a un subgrupo que allá en el tiempo se convenció de que representaba la epitomización de lo cool en Argentina, en tanto, blancos, de antepasados europeo y que, de acuerdo a ese sindrome de superioridad tipico Argentino cree que su copia es un mejoramiento del original.  Gente como Trossman, Cinthia Cohen, Wally Diamante, Pablo Massey, Urko Suaya, Evangelina Bomparola, etc., han construido una metaforica recámara espejada en donde esa idea de sí mismos era perpetuada hacia afuera por esos medios (como La Nación y la mar en coche) que cada vez que tenian algún logro profesional lo magnificaba y así consolidaba su prestigio de ‘cool’. Y… al mismo tiempo, su propia certeza de su condición de impostores. El otro componente fue la noche como circuito no de democratizacion (como suele serlo) sino de su exacto opuesto: snobismo. Pocos hablan de la relación entre cocaína y snobismo pero si tenemos que resumirlo el snobismo es un mal entendido basado en la ignorancia. La cocaína es el tipo de droga que da sentido de sí mismo pero muy pronto se transforma en carencia de amor. La cocaína te deja éticamente vacante. Como dice Deleuze, el drogadicto empuja a la vida afuera de su vida por miedo a los riesgos emocionales que la vida implica. En el caso de gente como Trosman, ‘la vida’ comienza a vaciarse de significado al tiempo que el convencimiento paradojico de su simultaneo exito y fracaso se profundiza.  Esto significa que para Trosman, ‘la vida’ al vaciarse se transforma en una serie de performances en las que todo es experiencia pero nada puede llegar a ese siguiente nivel de autoconciencia en el que las cosas tienen sentido. A esta altura podemos llegar a una primer conclusion: no se puede prenteder hacer arte si uno vive la propia vida como un proceso de dejarquización en el que el buscar sentido a la vida queda reducido a ponerse una careta. Desde este punto de vista, Trosman podrá hacer diseño y empresas de indumentaria pero arte, no. J A T