Mientras en la Argentina las estrategias de vacunación prueban ser un alarmante fracaso, el diputado nacional por Santa Cruz, Juan Benedicto Vazquez, del Frente de Todos, acaba de recibir la vacuna Sputnik V, pese a no revestir la condición personal esencial de la Salud para ser vacunado. A él se suman, en esa provincia, un diputado nacional, un diputado provincial, su esposa, dos intendentes, una jueza de paz, un concejal, un comisario de la policía provincial y funcionarios municipales de menor rango, todos militantes kirchneristas. Esto, como todos sabemos, es la punta de un iceberg. Ayer un amigo me contó que uno de sus empleados decidió ir a trabajar sin barbijo ‘porque un pariente político le consiguió una vacuna’. Dicho de otro modo, la redención biopolitica de los cuerpos ocurre por la gracia de un dedo benefactor que segun criterios de amistad y filiación política, determina quien vive y quien no. Esto en un año en el que muchos muertos ni siquiera pudieron ser despedidos adecuadamente por sus familiares adquiere una particular gravedad. En una sociedad con duelos sin hacer, la elite politica se regodea en su privilegio y decide qué cadavares merecen ser llorados.

Esto ocurre a poco de aprobarse la ley del aborto mediante la cual los mecanismos de reproducción social fueron, finalmente, desvinculados del control estatal de los uteros. Mientras por un lado, el Estado parece haber aceptado que los cuerpos de las mujeres no deben ser administrados por las instancias hegemonicas patriarcales sino por ellas, por el otro, esa misma clase politica se adjudica la potestad de postergar la vacunación, por ejemplo, de aquellos que pueden salvar vidas.

Esto ocurre en un pais como la Argentina donde históricamente los cuerpos y, diría yo, los cuerpos en los margenes fueron los disparadores de luchas que terminaron provocando alteraciones fundamentales en el regimen político. En tal sentido, no puedo dejar de pensar en el caso de Maria Soledad Morales como el momento en el que un cuerpo violado y asesinado por una clase politica provincial, medieval y apático, puso en funcionamiento una movilización social que acabó cambiando el orden de cosas. Digo esto porque en la Argentina, los verdaderos cambios de regimen ocurren cuando la evidencia de los cuerpos ultrajados (tras decenas de miles de desaparecidos) no dejan a la sociedad otra alternativa que abandonar su apatía para realizar los cambios correspondientes. Esto ocurre mientras el responsable directo de dos atentados a la comunidad judía en la Argentina es despedido con honores.

Debemos pensar el escandalo del favoritismo en la vacunación como la otra cara de la misma moneda en la que María Soledad Morales se constituía como un cuerpo descartable lo que pone en evidencia la fragilidad del cuerpo de los ciudadanos frente a una clase politica desesperada y estúpida que sabe que su propia ineptitud es condición de su precaria permanencia.