Qué decir que no haya sido dicho sobre el escándalo desatado por las declaraciones de Meghan y Harry; un escándalo cruzado por cuestiones como el celebrity system, la raza, la clase social y el ser norteamericano en Inglaterra. Esto último ha sido un tema constante en los escándalos de la monarquía en el siglo XX y, desde ya, me refiero a Wallis Simpson. Puede decirse que esta cuestión de ‘la amenaza norteamericana’ a La Corona se inserta en otro tipo de racismo según el cual los primos del otro lado del mar son vistos como vulgares e inferiores. A fines de siglo XIX, muchas solteras ricas emigraban a Inglaterra con sus vastas fortunas buscando clase y distinción, algo que conseguían casándose con algún noble venido a menos y adquiriendo el título. Esta es la sociedad descrita por Henry James en sus novelas y mas recientemente en Downton Abbey. Wallis Simpson, en su epoca, fue vista desde ese punto de vista pero con el agregado de que era una divorcée. Yo creo que el hecho de que Meghan Markle sea tan norteamericana (en un sentido liberal y muy Oprah) es fundamental para entender lo que está pasando. Sobretodo porque Markle entra en un momento muy especifico de los Estados Unidos que es la era Post-Trump en donde el escenario político viene de espectacularizarse como si fuera un reality TV al tiempo que llegan los liberales que se aseguran de ser políticamente correctos haciendo cursitos.

Desde este punto de vista, la diferencia entre Ronald Reagan y Donald Trump es que el primero llevó el glamour Hollywoodense a Washington mientras que Trump llevo a Washington al nivel del entretenimiento de masas y el reality TV. Durante los últimos cuatro años, la política norteamericana fue transformada en un modo de vivir una realidad alternativa que podía ir en dos direcciones: ser una pesadilla (Floyd) o ser un cuento de hadas (Meghan). Así lo obvio dejó de ser tan obvio para convertirse en lo posible. Meghan es producto de esa cultura y, para hacer todo aún más complicado, sale de esa mega-industria del entretenimiento y la fantasía que es Hollywood. Desde que llegó a Londres, Meghan se refería a su experiencia como un cuento de hadas y la figura con la que le gustaba compararse (posiblemente por lo anfibia) era la Pequeña Sirenita. Sin embargo, la realidad es que siempre que alguien llega con esas expectativas a la familia real británica todo se va al carajo. Salvando las distancias, este fue el caso de Lady Di cuyo discurso desde un principio fue el de la doncella encontrando a su príncipe azul; algo que, como sabemos mas que azul terminó siendo marrón. Pero Meghan al venir de la industria de Hollywood parece tener otro tipo de habilidad para manipular el modo en el que su imagen se proyecta. Con mucho menos carisma que Diana, el efecto de sus movimientos no parece quedarsele demasiado atras y la prueba está a la vista.

Cuán frágil quedó la monarquía despues de las declaraciones de Meghan? Es dificil decirlo pero lo cierto es que hay dos publicos: el internacional y el británico y este último (que es muy específico) es el único que verdaderamente le importa a la monarquía. Por esto, el error de pensar que esto conllevará el final de la monarquía es juzgar lo que ocurrirá en los próximos cinco años desde la óptica y según los estándares de la televisión norteamericana. Hacia adentro de Inglaterra, la realidad es muy pero muy diferente y pensemos en el Brexit y en el orgullo británico de ir contracorriente. Es más, este escándalo internacional si no se tiene en cuenta una variable que creo que es importantísima, habría fortalecido a la monarquía.

Desde ya, Inglaterra no está aislada pero el concierto internacional que marca su ‘realidad’ está definido por el punto de fuga específicamente post-imperial británico que constituye el Commonwealth y tal vez por eso, la reina envió un mensaje a esa comunidad de países el día anterior a la entrevista. Es dentro del Commonwealth donde la acusación de racismo podría ser particularmente dañina precisamente por su multiculturalidad ya que frente a lo que puede llegar a creerse, el único lugar autorizadamente ‘marrón’ en Gran Bretaña no es otro que Londres.

En los medios ingleses, por su parte, The Guardian no tardó en caracterizar a la familia real como un símbolo del colonialismo. Sin embargo, no sé si esto es tan así. Sin ir más lejos, durante las décadas del 50 y el 60, Isabel II adoptó posiciones (en fotos y gestos) que acercaban a la raza negra a la blanca de modos impensados lo que transformó al Commonwealth de un imperio colonial blanco en una comunidad (no del todo democrática) multicultural. Esto se ve en The Crown en la confrontación que ella tiene con Margaret Thatcher aunque es un tipo de conflicto entre monarquia y partido tory que ya habia ocurrido varias veces antes. Es por esto que la acusación de Meghan y Harry es particularmente dañína porque, hacia el final de la vida de Isabel, va a uno de los pilares de su legado. Ademas, y esto puede sorprender, pero, desde adentro de Inglaterra, Prince Charles es visto como la parte progresista de la familia con una presencia constante en la zona sur de Londres (historicamente negra) inaugurando hospitales y eventos. El ha venido diseñando su actividad filantropica en relacion a la cuestión de raza desde hace por lo menos diez años. Desde ya, todo esto ahora está en duda y Dios sabe lo que puede pasar en un proximo viaje oficial de Carlos a, supongamos, Minneapolis.

Pero hay algo generacional aquí. La cuestion racial y la cuestión de la salud mental son dos temas que dividen las aguas generacionales de la cultura contemporanea: milennials versus 40+. En la entrevista de Meghan se enfrentaron dos modelos. Por un lado, el de la Reina como el ‘keep calm and carry on’ y el de la americana, segun el cual, lo peor que puede hacerse es no expresar los problemas y los pensamientos al borde de la monumentalizacion de la propia subjetividad en la era de las redes sociales. Este blog es un producto directo de esa cultura. En este cambio de paradigma, Diana fue la protagonista, ventilando los trapitos desde el palacio. Dicho de otro modo, no estoy tan seguro que sea la cuestión racial la que complica a la realeza sino el modo en el que su incapacidad emocional no conecta con las nuevas generaciones. No me preocupa el destino de la monarquia en los próximos diez años pero dentro de veinte es muy probable que ya no exista. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA SERGIO DE LOOF A UN AÑO DE SU MUERTE