Siguiendo con la cuestión monárquica en el half-Brit LANP, un aspecto al que ahora quiero hacer referencia es el modo en el que la monarquía británica es potencialmente incompatible con modelo encarnado en Meghan Markle (Hollywood). Digo esto porque los Windsor son desde tiempos inmemoriales y en el formato actual, desde tiempos victorianos, el modelo (más antiguo y original) de industria de entretenimiento en terminos de producción de mitos y fantasías con un relato en la realidad muy palpable. Si de mitos hablamos, recordemos que la reina deviene el cuerpo político de Britannia al ser ungida en un rito casi eurcarístico por ‘mandato divino’. Es a través de ese ritual que se la convierte en la representante de Dios en la tierra y se la coloca en una genealogía divina que va mucho más atrás de Alberto el Grande para llegar al Rey David y al Rey Salomón. La familia real, en cambio, es otra cosa y nada tiene que ver con ese halo de quasi-divinidad. Ellos son de carne hueso y son casi una molestia, un obstáculo, un marco que separa en vez de unir. Es por esto que cuando en The Crown, Prince Philip va a hablar con Diana en su cuarto en Balmoral le dice: ‘Todos somos periféricos aquí y poco importamos. Ella (Elizabeth) es la única que importa…. es el oxígeno que respiramos’.

Desde un punto de vista mas material, esa periferia parasitaria que está todo el tiempo al pedo y esperando para poder hacer algo y no meter la pata, constituye el fondo y el marco en el que durante siglos ocurrieron todo tipo de peleas dinásticas. Tomemos por ejemplo la coronación de George IV con su mujer Caroline Branswick esperando afuera bajo la lluvia, impedida de entrar a Westminster Abbey por los Beefeaters al mejor estilo de Menem y Zulema Yoma. Cuando Caroline muere dos semanas despues, hay disturbios en los que algunos manifestantes son muertos por las fuerzas de seguridad. Comparemos ese quilombo con el de Meghan? Nada que ver. No creo que haga falta referirse a Enrique VIII, sus muchas mujeres y el más escandaloso divorcio de todos los tiempos: el de la Iglesia Católica y la Anglicana. Con esto quiero decir que si bien desde afuera de Inglaterra hay esa idea de que los escandalos son lo peor que pueda pasarle a la monarquía, desde adentro, es un poco lo que se espera de ella. Chusmear sobre lo inadecuada de la monarquía es el tema de conversación en el pub que hace que tenga sentido y de paso trae muchos turistas e ingresos que equilibran con creces el gasto en ellos.

Nada de este residuo feudal es comprensible para alguien como Meghan. Una de las acusaciones que esgrimió con Oprah fue que fue casada, sin decirle, dos días antes del casamiento sin entender que ese era el ensayo del mismo modo que ha venido haciendose desde epocas de Henry VIII, con el Arzobispo de Canterbury presente. Ella pensó que al darle su bendición, el Arzobispo la estaba casando lo que es imposible de acuerdo al derecho canónico. Algo parecido ocurre con la acusación de que Archie no es príncipe debido al color de su piel cuando, en realidad, la razón de eso está en ciertas cuestiones heraldicas que fueron establecidas en epocas de George V. La cuestión es que para Meghan todo esto significa poco y nada por la narrativa es una y es la que estructura su propio cuento de hadas en el que las leyes canonicas y de sucesión del reino son secundarias y recicladas como material conspirativo.

En el contexto tardo moderno, entrar a este paradojico mundo ficticio pero real, feudal pero moderno y teatral pero, al mismo tiempo, auténtico exige un tipo de desdoblamiento de la personalidad mucho mayor que la que caracteriza al actor ya que, como se da cuenta Meghan en este momento, esto siempre acaba volviendo a su propia. El desdoblamiento no es funcional sino psicologico. Cuando el commoner entra a la familia real tiene que ser muy consciente que está dando un paso hacia una vida que exige que la suspensión del descreimiento no solo sea del público, en general, sino tambien de ellos mismos como personas. Kate Middleton va a pasarse una vida sin poder emitir una opinión ni siquiera estética en público ya que cualquier inclinación será entendida como favorecer a un grupo en desmedro del otro. Así, todo en su vida será ‘small talk’ y sonrisitas intrascendentes mietnras el mundo entero la juzga y busca que cometa el mas mínimo error. Un ejemplo perfecto de esto es Rainiero y Grace Kelly. Su matrimonio fue un contrato hecho y derecho. El quería una estrella de Hollywood y ella sabía exactamente en lo que se metía y, como vimos, funcionó. Este no parece ser el caso con Meghan que, como Diana, cree encarnar el cuento de hadas para muy pronto darse cuenta de que es una realidad muy diferente con gente que ya está repodrida de su propio privilegio y odia a todo el que se le cruza.

Peleas dinásticas y mas especificamente, peleas entre hermano mayor y hermano menor, son el motor de la historia de la historia de la monarquía desde sus principios. Henry II Plantagenet fue atacado por su hermano menor, Harold Blue Tooth (primer rey de Dinamarca) tiene como archienemigo a su hermano y luego a su hijo. Y asi llegamos a la era de los medios de comunicación y Charles versus Harry para creer que es excepcional pero, en realidad, es otro capitulo de una misma historia de ese tipo de mitos que hacen que las cosas realmente malas de la humanidad nos sean, al menos por unos momentos, mas tolerables. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA SERGIO DE LOOF A UN AÑO DE SU MUERTE