Con esto no quiero decir que esté mal pero que toda una muestra gire entorno del gesto mínimo, el objeto fragmentado y la metonimia postmoderna cuando, en realidad, se tratan de objetos bien comerciales y altamente decorativos (en su mayoría) al tiempo que retoricamente llaman la atención a sí mismos como arte, da cuentas de la timidez, miedo y reaccionarismo tanto del programa como de estos jovenes… castrados.

 

El Programa de Artistas del Di Tella avanza y a pesar de la pandemia llevó adelante su muestra de fin de curso. Son 21 artistas con cuatro curadores, entre ellos (oh sorpresa!), Natalia Malamute, hermana del mamarracho e hija del otro mamarracho. Quien diría que ese autoproclamado antro de la meritocracia neoliberal que supone ser la Universidad Di Tella iba a poner ‘hijos de’ en lugares de visibilidad. Hoy, Malamute, a esta altura un household name en el circuito del acomodo y la falta total de talento artistico porteño a quien seguramente vamos a ver trabajando con Churba y Trosman, muy pronto. En lo que se refiere a la falsa meritocracia del Di Tella, recordemos que en los años pasados Valentina Liernur (hija de Pancho, docente de la casa) era ungida como curadora y mentora por la la creadora y jefa del programa, Ines Katzenstein cuyo lugar fue dado por ser hija del arquitecto Katzenstein amigo de Liernur, parte de la armada desarrollista cultural.

La primer obra que presentan es de Nacho Unrrein, alguien que maneja la retórica visual que, obviamente, es impartida en es programa y que, definitivamente, quiere entrar al mundo del arte contemporaneo internacional hablando no un lenguaje propio sino el que ya circula en ese mundo global desde hace, por lo menos, veinte años. Dicho de otro modo, es evidente que Unrrein ya vendió su alma al diablo y eso, en materia artística, no es inherentemente malo; sin embargo, el problema es que, por un lado, le falta una vuelta de cocción conceptual ya que todo es linealmente alegórico y temático y, por el otro, está manejando un lenguaje visual demasiado anacrónico. Ademas, no hay mucha diferencia entre ese ejercicio y algo similar con la misma referencia tematica y significado en la vidriera de Harrod’s. El problema de este tipo de ejercicios temático no es menor si se tiene en cuenta lo peligroso del título de la muestra (‘Mundos Propios’) que remite a la interioridad en tanto subjetividad del artista la que es monumentalizada en tanto ‘utopía personal’. Nada más liberal y capitalista que la elevación heroica de la individualidad y el aislamiento creativo en el ‘mundo propio’. Llamá al dealer, comprate una pizza y anda a laburar durante la semana para pagar el alquiler, no sea cosa que comiences a hablar con el resto y en algun momento te quejes del sistema. Es esta fragmentación la que se ve tanto en las obras como en la curacion que pone en relacion a estas obras.

Laura Ojeda, quien hace las veces de guía de Bruzzone incluyó unos cuadros metidos en la pared. Esto fue hecho en Inglaterra, por lo menos por tres artistas durante la decada del 2000 al 2010 y al ser ese el principal ‘efecto’, cualquier otra consideración queda desarmada. Para empezar por Angela de la Cruz. Lo original de esto es que en lugar de terminar allí, salen del otro lado de la pared. Esto es algo que en Londres no podría hacerse por el alto costo de la propiedad. Ahora bien, ya que más que el arte per se lo que les preocupa es ‘la moda del arte’, estos jovenes debería tener reuniones a lo Miranda Priestley en donde los colaboradores son interpelados respecto de si esas obras/ropas fueron incluidas en Vogue en temporadas anterior… como para no repetirse y pasar papelones. El título de su serie es ‘Una historia de prestidigitación’ y remite a la manufactura del arte desde tiempos neolíticos con la Venus de Willendorf, la naturaleza de Giorgo Morandi para llegar a imagenes de la cultura popular. Si fueramos demasiado bondadosos podriamos decir que se inserta de modo instalacionista y teatralizante dentro de los debates iniciados por el Pop y mas concretamente por la Neo-Vanguardia de Robert Rauschemberg. Sin embargo, la linealidad de la reflexion hace que se vuelva sobre el contenido tematico reduciendo a la pintura a la ilustracion de un presupuesto que ni siquiera tiene absolutamente nada de sofisticación intelectual. Decir que toda imagen es parte del lado de construccion de mitos por parte de los seres humanos no es ni novedoso ni profundo. Si hubiera avanzado desde ese punto en alguna direccion tendriamos algo un poco más relevante pero no… La cuestión es nuevamente la del facilismo de hacer un arte temático. Ticio Escobar a quien acabo de entrevistar para nuestra Cañechat acaba de escribir un libro entero contra este tipo de arte; un tipo de arte que se apura a decir de qué viene y qué quiere decir porque apunta a un publico bruto… capitalista. De todos modos, no podemos culpar a la artista porque es precisamente esto lo que se enseña en el Programa del Di Tella que, segun entiendo, destruye el talento artistico de los jovenes dandoles atajos que, como la droga, los malacostumbra a la gratificación inmediata. Con esto quiero decir que esto no es problema de ellos sino del modo en el que son entrenados.

Es en ese momento en el que aparece otro de los curadores: el mexicano Rafa Toriz que no tengo la más mínima idea de quien es. Con el uniforme de ‘intelectual latinomaericano’ de camisa ahawaianada que creo Felipe Noble y yo pusimos de moda hace cuatro años, el curador mexicano le dice a Bruzzone que la curación está estructurada alrededor de ‘constelaciones implícitas’. Su selección de palabras lo muestran como un nabo.. ya, de entrada.

Habiendo dicho esto, lo de Matías de la Guerra me gusta y mucho. La verdad y para ser muy honesto, no se qué es ni donde empieza ni donde termina su proyecto but I guess that is the whole point. Su tono paródico no es oportunista sino que se ata al color banana que usa abrasivamente para hacer comentarios sobre aquello que al resto emociona. Recomiendo mucho su instagram porque uno inmediatamente es chupado en un mundo de amarillo banana bizarro que dialoga con el canon de aquello que supone homenajear. En el agotamiento total del conceptualismo globalizado, si se va a usar ese lenguaje hay que hacerlo para desidentificarse del rotulo de ‘gran genio conceptual’.

Rodolfo Sousa es un artista mexicano que para el curador mexicano ‘tiene mucha complejidad conceptual y viene muy cargado de sentido literario’. A esta altura habria que hacer callar al muchacho porque todo lo que dice es, en materia artistica, exactamente lo que no debería decirse. Según Toriz, Sousa ilustra y tematiza pero como el rectangulo del papel parece no alcanzarle porque carece de poder de sintesis o de montaje, abanza en una suerte de post-autonomismo neo-autonomista en el que se mezcla Philip Guston con Joseph Marioni en clave de carbonilla o lapiz para volver, otra vez, a la cuestion representativa y tematica. Hasta ahora, el unico que pudo comunicar la necesida afectiva de poner en crisis la representación fue el amarillo banana.

Luego hay una artista que definen como ‘joven’ con una figura antropomorfica hecha de plástico transparente colocada meando a un cuadro. El meo es tambien de plastico transparente en un color, previsiblemente, amarillento. Sin embargo, presentar esto como disruptivo, sin otra proclama artística, es, por lo menos, inocente ya que hay ya una larga tradición de pintura con meo. Sin ir mas lejos, las Piss Paintings de Andy Warhol sin mencionar que durante siglos los colores fueron fijados entre otras cosas con orín.

Despues llegamos a los ‘huevos’ de Renata Molinari que son huevos de dinosaurio o de dragón. zzzz. Por ‘zzzz’ quiero decir…que palme! La pintura de Carlos Cima es pointless desde donde se la mire y creo que al le parece lo mismo. Es un artista aburrido de sí mismo y por eso, devalúa su propia obra para arreglarla como un objeto liturgico. tambien, por eso la arregló como una cruz para que uno se acerque al ‘arreglo’ como si fuera una objeto liturgico o peor, una instalación . A esa altura Bruzzone ya, sin nada que decir, comienza con sus habituales interjecciones: ‘Wow’ y risas un tanto demasiado gritonas. Es en ese momento en el que el curador arremete con un lenguaje ya no pretencioso sino de vendedor de autos usados: ‘esto es muy lindo’, ‘esto funciona realmente muy bien’, ‘es una obra muy potente, qué se yo… una obra muy espiritual’. Es como si se hubiera cansado de posar a diez minutos de empezar a hacerlo. Y bueh, de algo hay que vivir.

En un rincón y en altura está la obra de Carrie Bernardino que supone ser violenta y dark. De hecho son cuatro teletubbies alrededor de una figura pintados con ese tono entre blasé y terrorífico típico de las pinturas de fotos de familia post-Nazi de Gerhard Richter. La diferencia es que al recurrir a tanta hiperbole lo de Bernardino no genera el tipo de uncanniness necesaria para generar miedo ni para suspender el necesario descreimiento. Luego hay unos cuadros tambien muy Richterianos de una pintora chilena en donde se representan broches de la ropa que son macanudos. Si a esta altura deberíamos hacer una evaluación de la producción sorprende la vuelta a la manufactura y a la pintura que es, sin embargo, usada de manera fragmentaria como un renunciamiento anacrónico por lo postmoderno de todo discurso totalizante. Con esto no quiero decir que esté mal pero que toda una muestra gire entorno del gesto mínimo, el objeto fragmentado y la metonimia postmoderna cuando, en realidad, se tratan de objetos bien comerciales y altamente decorativos (en su mayoría) al tiempo que retoricamente llaman la atención a sí mismos como arte, da cuentas de la timidez, miedo y reaccionarismo tanto del programa como de estos jovenes… castrados. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA SERGIO DE LOOF A DOS AÑOS DE SU MUERTE