ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE CATU

Por un lado, tengo algún amigo peronista -muy querido- que nunca vio ni verá con buenos ojos que yo viva afuera.

Nunca, nunca lo he escuchado alegrarse por mí. No hay caso.

A sus ojos, soy una ingrata, una egoísta o una argentina de segunda.

Y para mis amigos o conocidos gorilas, soy una privilegiada por no vivir en la Argentina; a tal punto que el año pasado ya me escribía el primo de la tía política de alguno de ellos para preguntarme cómo tramitar la residencia, etc., etc…

Cuando los escuchaba, me daba cuenta de que ninguno pensaba en mudarse por los motivos por los que yo emigré por primera vez a los 18.

Porteños todos ellos, solo hablaban de hacer plata y negocios (extraño en un país minúsculo y sin mercado), de huír porque había vuelto a ganar el peronismo, de ser libres (?), de no pagar impuestos (yo que soy nadie pago más acá que en la Argentina), cosas así.

Ninguno mencionó -por ejemplo- la vida en un ámbito (todavía) natural aunque algo hostil en ocasiones, la austeridad, la amistad o la idiosincrasia de la gente, como motivos para emigrar o como variables reales.

Como resultado, la mayoría termina viviendo en un gueto, como si esto fuera otro barrio privado de Nordelta, y sus hijos van a dos o tres escuelas para argentinos.

Por otro lado, me da la sensación de que los artículos actuales de Militando el exilio de Infobae o LN, se enfocan -por obvias razones- en las motivaciones o logros económicos del migrante, y le suman alguna anécdota de añoranza (de los partidos de Rosario Central o del triple de miga), o algún dato epidérmico de color (“Llegó a NY y consiguió un autógrafo de Daryl Hannah”), y pará de contar.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA Sergio De Loof