Llega Bruzzone a Fantazia que, quiero entender, es otra galería de arte más en esta metástasis de ellas y lo recibe una joven (la galerista?) a la que habría que reanimar con algun polvillo colocado en la punta del dedo indice para posteriormente insertarselo en el ano y ver si hay algun tipo de reacción al cabo de un rato. Obviamente, esto es algo que tiene que hacerse con su consentimiento porque no quiero que lo advocates del INADI terminan cancelandome por politicamente incorrecto. Nunca ví a alguien tan sepulcral a cargo de la venta o promoción de algo.

La muestra en cuestión es la de esa otra señora desmotivante llamada Juan José Cambre y de una tal Sofia Berakha. La obra de Cambre ha venido siendo de un vacío ético constante y digo esto de modo estratégico porque hay en él una constante negación del contexto social para replegarse en una vida de reflexión decontextuada de la forma y la especificidad del medio que, cuando resulta a todas luces insuficiente, deviene en una exploracion de la pintura como artefacto minimalista. Es esta contradiccion en la obra de Cambre que a los brutos hace que le parezca fascinante y erudita y a los informados, como nosotros, una reverenda estupidez. Ademas, y si su investigacion estuviera bien planteada, la misma sería entendible en un contexto de Norte Global. En el Sur, sin embargo, esto redunda en un negacionismo que habla a los gritos del lugar de ciertos artistas en el muy percepticida contexto porteño.

La curación de la muestra, obviamente, acompaña esta tematización confusa y contradictoria de su propio modernismo. Mientras Cambre incorpora cierta pespectiva y recesión en su exploración de la especificidad del medio, Berakha incorpora estrellas y letras fantasmales en el plano pictórico que aparece movido o tachado. Hay algo espectral en la obra de Berakha que resulta, a primera vista, muy interesante. Sin embargo esto no es intencional sino el resultado de la experimentacion porque cuando pasamos a sus otras obras, la inconsistencia es alarmante. En otra obra, por ejemplo, incorpora telas (ready made) y en otras cambia a una paleta colorada ochentosa que arruina la interesante direccion hauntologica de la primera. Nuevamente el juego de lo minimalista con lo expresivo y abstracto sin demasiada justificación más allá de una snob y muy poco entrenada pretensión.

La decisión de la curadora de colocar uno de los Cambre casi en el techo osea con el limite superior del marco tocando el techo, es errada porque desequilibra el tipo de mirada que estas obras precisan. Es allí donde la exploración minimalista se vuelve desesperada e innecesaria al avanzar sobre una reflexión del espacio de la galería como nuevo marco en el que el cuerpo del espectador parece (segùn ellos) activarse. Dicho de otro modo, en lugar de confiar en sus artistas, la curadora decide transformar su curación en otro objeto artistico y al hacerlo, acabar arruinando lo poco consistente a ese momento. Todo un gran bodrio innecesario al punto que un renovadamente erotizado y energético Juez Bruzzone, a solas con la señorita, le pide que le sostenga el IPhone (en tiempos de Covid y con las mascaras todavia puestas en supuesto acatamiento del protocolo) para así proceder a recostarse sobre una chaise longue, colocar el texto curatorial sobre su zona genital y con las manos hacia atras, decirle: ‘Mmm, filmame’. Recien ahí y tras este paso de soft porn, uno entiende por qué esos sofas son colocados en el centro de la sala ya que cuando uno se acuesta (imaginemos a un hijo de vecina intentando hacer lo mismo bajo la mirada inspectora de la frígida joven) descubre en el techo otro Cambre, esta vez, sin marco que parece justificar todo el ejercicio. J A T

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