La entrevista de Luis Ventura a Esmeralda Mitre debe ser entendida como un capítulo más de ese prolongado desborde psiquiátrico de la hija del ex director de La Nación. Esta vez, su presentación pública viene con un tono supuestamente más relajado y me atrevería a decir, superado, por la sencilla razón de que, como ella misma confiesa, tomó fuera para cambiar de psiquiatra y de medicación. Si se quiere, el logro que, segun ella, la hace una mujer más sabia es haber cambiado de psiquiatra. Si tenemos en cuenta cómo los ojos se hunden en su cráneo mirando a cámara como si estuviera en el medio de un exorcismo, yo diría que lo que el nuevo psiquiatra le rescetó es litio para la bipolaridad o un antipsicótico. En cualquier caso, su cuadro es más delicado de lo aparente. Por su parte, su nuevo look de pelo corto podría tambien entrever que tuvo su momento Britney aunque su estado no es momentáneo sino estructural.

Durante una, por momentos, entrevista dificil de mirar, Luis Ventura oscila entre la manipulación y el shock por lo que sus propias preguntas generan. Al principio, Esme anuncia su renacimiento; ella es una mujer renovada. Su nuevo ‘yo’ es sobrio y controlado. Sin embargo, poco a poco va apareciendo su megalomaníaco ‘ello’ construido a partir de una obsesión por la herencia (cada vez más reducida) que deviene en errores garrafales de tasación como que el 31% de las acciones de su familia valen 30 millones de dolares (a repartir entre seis con Nequi Galoti llevandose el cincuenta por ciento). Asimismo, ella confiesa su ambición de poder y su intención de tomar las riendas de La Nación que es un diario fácil de manejar porque es ‘chiquito’ y cuando Ventura le señala que es un multimedio, ella se muestra sorprendida. Finalmente, el modo despreciativo con el que se refiere a los Saguier da la pauta de que ya hace rato que no sólo ella sino tambien sus hermanos quemaron todas las naves y en el diario fundado por su ancestro no le sirven ni un café. El lugar de su casda elegido para hacer la entrevista es precario. El sillón con el dorado de los bordes sucio y avejentado. La lampara de atrás con el cable expuesto y sin pie. Se ve una serigrafia o un grabado pobretón de Nicolas Garcia Uriburu y llama la atención el poco arte y sofisticación que hay en el departamento de alguien que no se cansa de repetir lo rica que es. En la arquitectura, las líneas de la vista no se abren y los espacios son demaiado trabados. El ojo siempre se encuentra con algun elemento o alguna pared.

Sin embargo, en la entrevista hay dos momentos que demuestra su inmadurez.  El primero tiene que ver con su absoluta convicción de que dos años de ‘luto’ tras un divorcio ‘no son nada’. Lo segundo es su convicción (en su calidad de némesis de) Larreta de que este está tomando medidas para que ella sea maltratada en programas de televisión, considernadose lo suficientemente importante como para que el pre-candidato presidencial levante telefonos y opere en su contra.  Lo tercero se desprende de esto y es realmente sorprendente (o, en realidad, no). Ella acusa a Larreta de atacar a ‘una chica de treinta y ocho años’ como ella queriendo decir que es demasiado ‘chica’ como para ser atacada. Según ella, su conducta y sus exigencias deben ser atendidas por el lugar de victima en el que está (por las elujubraciones paranoides que involucran a políticos, familiares y grandes figuras de la televisión que suponen hacer cola para odiarla) y del que no puede salir p9or encontrarse en proceso de luto no sólo por la muerte de su padre sino por su separación de Loperfido que, en la entrevista, parece ser el duelo real. Ahora bien, fue ella quien se prestó al Cantando por un Sueño y el Bailando en el medio de ambos lutos.

Claro que usar la racionalidad como metodologia para abordar sus palabras sería un error. Su paranoia deviene clínica y su megalomanía, delirante cuando cuenta como un logro haber amanezado de manera mafiosa ni mas ni menos que a Tinelli. Eso, según cuenta, es algo que llevó a cabo y él ‘ahora lo sabe’. Su noción del poder en tanto posesión y no como relacionalidad es propia de las monarquias absolutas del siglo XVII. Para Esme, Alberto (que suponemos es Guillermo de Orange en 1630) le soltó la mano a Tinelli y este, desesperado, se lanzó a los brazos de Larreta; ambos consipiradores y perseguidos por esta blonda Mata Hari. Por su parte, su pertenencia de clase se hace material en la activacion de mafias y revanchas.

De la entrevista lo que es evidente es que alguien negoció con ella un silencio que ella no pudo mantener porque en su vision de la vida, lo único que importa (y que ella cree tener) es fama. Es ella la que ‘le dió de comer a Tinelli’ (excuse me?) y quien no quiere nombrar a los Saquier (dueño de La Nación) para no hacerlos famosos (porque no se lo merecen) porque se suone que es ella la que, por solo nombrar, unge como famosa a la gente. Ver esta performance de la autodestrucción permite conocer a otro sociopata como Darío Loperfido quien se casó con alguien así conociendo la situación; algo que hizo posiblemente para poder sacar el mayor provecho posible de ella. Dicho de otro modo, salir con Loperfido te deja así. Lo más admirable del programa es que Ventura se las arregló para no escupirle la cara de la risa. Hay momentos que no sé cómo hace Ventura para contenerse.J A T

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