No puedo evitar sentir frío recorriendome la espalda cuando veo a Cris Morena. Hay algo invariablemente oscuro en ella no porque sea diabólica en tanto ‘autora creativa de maldades’ sino porque es un autoconvencido vehículo de una cultura cuyos efectos su increíble (y estúpida) ceguera le impiden ver. En su insistencia en ser artífice industrial de un modelo de ciudadanía blanca excluyente depresiva y profundamente conservadora, es Cris Morena misma la que constantemente invoca publicamente (de manera implícita) la presencia espectral de su hija muerta. Digo esto porque, la muerte de Romina Yan estuvo vinculada a un autopercibido desfasaje entre una imagen ideal (de su propio cuerpo) pontificado por la cultura que su propia madre ayudó a crear (quien pasados los sesenta años de edad sigue usando minimaldas y con innumerables cirujías estéticas adscribe frenéticamente a los ideales de juventud eterna).

Podría decirse que Cris Morena no ha logrado introyectar la perdida de su hija para, al fin, reconocer el vacío dejado por ella en la materialidad de su propia vida para así pasar al siguiente nivel. Una fase más madura e iluminada en la que todos esos valores que le hicieron mal a Romina y su propio narcisismo de eterna rubia con minifaldas no deberían tener un lugar. En vez de eso, nos agobia con su purgatorio melancolico de ‘ser de luz’ en el que retiene el espectro de su hija invocandolo temática, verbal y visualmente. Obviamente, era cuestión de tiempo para que anunciara un proyecto en el que su maternidad interrumpida fuera sublimada como feroz reality show de busqueda de talento (como ‘The Voice’ o ‘American Idol’) recubierto de ese muy Argentino ethos macrista New Age de zona norte.

En la Argentina, el New Age y el espiritualismo ‘cósmico’, por llamarlo de alguna manera, tienen, al menos, treinta años. En la decada del 90, fue el modo en el que el progresismo supo encontrar un refugio de la oleada atomizante menemista en la que todo fue transformado en commodity privatizada. Esa era la epoca en la que Pagina 12 distribuía fasciculos del I Ching y Ludovica Squirru alcanzaba el pico de su exito. Tras la crisis del Menemismo y el aletargamiento De la Ruista sobrevino el colapso financiero del 2001 y el caos. En ese contexto, los jovenes y creativos se refugiaron en sus amigos, sus parejas, sus comunidades, el sexo y el afecto para poder sobrevivir y seguir produciendo. Otros, como yo, sencillamente nos fuimos del país. Con la llegada del Kirchnerismo, se intentó hacer ese tan postergado luto transformando en política de estado a la memoria activa que, sin embargo, adquirió un criterio patriarcal y biologicista. De pronto, la memoria tenía (como la nobleza) una jerarquía de sangre y sus ‘nobles’ eran los que habían padecido el terrorismo de estado en el cuerpo o descendían (o habían procreado) a aquellos que lo habían padecido (los desaparecidos). Tras esto el Macrismo retomó las estrategias neoconservadoras del olvido en nombre del progreso material individualista pero aprendió la lección de la década del 90 y recurrió a un modelo menos duro y frívolo y más vinculado con el ‘seguir los propios sueños’ del emprendedor. Así, el neoliberalismo precarizante llegaba, por ejemplo, al Museo de Arte Moderno a cargo de Victoria Noorthoorn quien echaba a un empleado sin razón aparente diciendole que: ‘ahora vas a tener la oportunidad de llevar adelante tu propio emprendimiento y tus propios sueños’. En un contexto como el Argentino, el emprendimiento pasaba a ser la propia vida (redes sociales, identidad sexual, amigos, lifestyle, sin recreo ni cortes, etc) convertida en un producto a ser colocado en el mercado, todo el tiempo. Como los artistas de antaño, el ciudadano modelo macrista era aquel que no dependía de un sueldo estatal ni contaba con la protección del estado sino que llevaba su individualidad y subjetividad (tambien su diferencia… de ahí la importancia para Novaresio, de pronto, de ser gay) al mercado. Fue allí donde conceptos como ‘tus sueños’ o ‘tu libertad’ pasaron a formar parte de un estado Larretiano que te hablaba en segunda persona del singular y tuteaba en toda comunicación pública. El Estado que quería quitarte su apoyo, se transformaba en un amigo que te invitaba a soñar (sin él). Todas estas no eran sino herramientas puestas en juego de manera desesperada (24/7) en un mercado aún inexistente (que se prometió y anunció mas nunca llegó).

Así, lo que antes era impensable muy pronto se volvió normal, no solo en la Argentina sino en el mundo. Cuando por las condiciones en las que a uno le había tocado nacer, uno no podia alcanzar sus propios sueños (ni hablar si a uno le tocaba una enfermedad, una perdida o una pandemia), el aislamiento, la depresión, la farmacología y la autoprostitución se convirtieron en caminos aceptable y crecientemente glamorizados. Es en este contexto que tenemos que ver el modo en el que Fernando Portabales presenta la solitaria y triste muerte de Sergio de Loof en los Copacabana Papers y como ayer la directora del museo de arte moderno, esa misma que echó a aquel empleado ‘para que siguiera sus sueños emprendedores’ y que ‘retirara sus cosas de la oficina sin causar problemas’, lo abrazaba emocionada en la premiere en el BAFICI. Lo que el neoliberalismo nos dejó en la Argentina es una confusa mezcla entre precarizacion laboral, polarización de la riqueza, destrucción del mercado, y un emocionalismo victoriano en el que los verdaderos conflictos sociales se transforman en anécdotas de luz o pequeños tropezones.

Todo esto es tranformado por Cris Morena enen ‘Otro Mundo’, ‘una obra de arte total’ que, en sus propias palabras, es ‘nuestra gran industria creativa’. El video de presentación del programa demuestra que Cris Morena no ha aprendido de su errores y en su muy Argentina negación de la realidad va, sociopáticamente, por más. En su discurso (al mejor estilo Fidel), Cris Morena funda su república o, mejor dicho, ‘secta’ con metaforas como ‘la oruga y la mariposa’ mientras que en el video promocional, ella recibe a la joven bailarina rubia, blanca, sexy e hiperflaca del otro lado de una ‘argolla’ vaginal de luz como si su programa fuera el cielo y ella un angel o aún peor, San Pedro o el mismísimo Jesucristo. En su discurso inaugural y sin poder mover un músculo de la cara por su exceso de botox, reclama conocimiento cósmico: ‘Somos lo que soñamos…. ustedes tienen alas de artistas y son los artífices de su propia vida’. Así, todos los ingredientes de ese neoliberalismo asesino (al menos de su hija) son puestos en una problemática coctelera: libertad, excelencia, mercado, comunicación de masas, sexualización, industria cultural y emprendedorismo. Pero Cris Morena va por más y dice: ‘Si hacemos un servicio con lo que amamos, nos conectamos con el universo cósmico y es como si fueramos a tocar el timbre a Dios’.

La sexualizacion del supueso talento de los jovenes ocurre en una época en la que cientos de miles de jovenes se vuelcan en aislada soledad a websites como Onlyfans.com para prostituirse por falta de oportunidades. En su programa Cris Morena ofrece una oportunidad híbrida si bien no aún del estilo de Onlyfans.com, al menos, exigiendo que la formación del artista se ponga al servicio de este modelo ideológico edulcorado, melodramático y de secta new age que destruirá el talento de los participantes. Para ella, el error y el exito van problematicamente de la mano y deben ser mostrados en cámara. El peligro de esto (y, precisamente, este fue el disparador de la muerte de Yan) es que se vincula la identidad, la subjetividad y aún peor, el ‘alma’ de los jóvenes como definido por el éxito en una industria cultural volátil de sexualización extrema que Cris Morena dinamiza. En tono confesional, Morena les dice a los extasiados participantes: ‘antes creía que todo ocurría por casualidad y la vida me enseñó que no existen las casualidades sino los encuentros’. Lo transaccional del mercado y su crueldad es recubierta de una pátina de espiritualizada hipocresía. Ya no son ‘reuniones de trabajo’ o ‘performances’ sino ‘encuentros’ y ‘oportunidades para soñar’. Es precisamente en este contexto (y esto es lo jodido de su proyecto) en el que el artista se transforma en un modelo de emprendedor precarizado que justifica su hambre y, por así decirlo, la violación de sus derechos personales en nombre de ‘la consecución de sus sueños’. Cris Morena acaba de transformar esto en una combinación de secta Palermitana y programa de TV aspiracional en un momento particularmente desesperado de la Argentina. Me pregunto, en nombre de Romina Yan, qué puede llegar a salir mal? J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA Sergio de Loof A UN AÑO DE SU MUERTE