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MI ENTREVISTA CON DANIEL GIGENA SOBRE EL INTENTO DE CANCELACIÓN DESDE EL ESTADO Y AQUELLOS QUE BUSCAN COLOCARSE BAJO SU PROTECCIÓN: EN FULL…

DG: Cuál es tu opinión sobre esta declaración en la que se te acusa de racista, misógino, entre varios etcéteras?

Todo intento de cancelación busca suprimir determinados discursos considerados como inconvenientes para algunos. Calificativos como los que hacés mención surgen de esa busqueda y en ellos, no me reflejo. Yo soy un crítico de arte con un padre boxeador de orígen guaraní y me hice de abajo. De piel marrón (y no blanca) emigré a un país central como Inglaterra y experimenté, en primera persona, tanto aquí como en la Argentina el racismo y la homofobia. Con nueve años de existencia, el blog ha pasado por muchas etapas y he construído una red de interlocutores que desacredita esos calificativos y, a decir verdad, habla por sí misma: Diana Dowek, Alexandra Kehayoglou, Andres Calamaro, M7Red, Ides Kihlen, Laura Batkis, María Riot, Luis Grané, Sergio de Loof, Miguel Rep, Luis Wells, el Che de los Gays, el Cuarteto de Nos, Monique Altschul, Alberto Goldenstein, Diego de Aduriz, La Britney Cordobesa, Dani Umpi, Alejandro Chaskielberg y muchos otros. Si fuera racista, como dicen (siendo, además, de piel más oscura que las que me acusan) no creo que Miguel Rep se siente a hablar conmigo. Si fuera misógino dudo que alguien como Diana Dowek se hubiera prestado a lo mismo. Si fuera transfóbico, sería realmente difícil que una leyenda latinoamericana de la militancia por los derechos de los homosexuales como Victor Hugo Robles (alias el Che de los Gays) manifieste el apoyo y afecto mutuo que nos tenemos, de manera pública.

Sin embargo, el lugar desde que esos calificativos son lanzados es preocupante ya que lo que las que llevan adelante e iniciaron en Facebook el intento de calificación tienen en común es que hablan desde una tarima estatal sustentada por gobiernos federales y municipales. No se trata de ellas contra mí sino de posiciones institucionales frente a alguien, como yo, que autofinancia sus juicios estéticos. A diferencia de todos ellos, yo no tengo ni subsidios, ni nada que se le parezca. Esto significa que el envalentonamiento de esa mal entendida corrección política es esgrimida desde posiciones legitimadas por instituciones. Una cosa que he venido criticando en mi blog y en mi libro desde una perpectiva queer es cómo esa versión obsoleta del feminismo (por esencialista y biologicista) ha sido usado (entre otros por Giunta e empleados K) como brazo armado para cancelar arbitrariamente desde el Estado. En parte, mi proyecto fue poner esto en evidencia. Esto debería preocuparnos por lo fascista porque, desde un punto de vista cultural, cancela todo riesgo y toda experimentación real para pasar a monopolizar el bien, la verdad y no sólo eso: tambien el modo de referirse a ellos. Hacer arte en la Argentina y querer participar de ciertos circuitos coptados por estos grupos implica someterse a una serie de dictados que son presentados como indudables e indebatibles en el nombre del ‘arte’ y de la ‘ética profesional’. Yo diría que este ha sido históricamente uno de los pilares de la política cultural del Kirchnerismo en al que se estatizó lo ‘alternativo’ y el resultado está a la vista. La verdad es que yo he quedado atrapado entre estas instituciones argentinas (en proceso de crisis, transformación y estatización de la disidencia) y la academia norteamericana que nuevamente es puesta desde el Sur como el único y verdadero agente de legitimación, otro de los puntos que mi intervención apunta a desmantelar. Tambien contra esta creencia se dirige ese proyecto estético que es mi blog. La bajada de un discurso estatal del ‘bien y de lo correcto’ está borrando una riquísima tradición argentina de auto-organización, auto-gestión, cruce de debates puestos en terrenos diferentes, etc. El blog surge de esa tradición, al costado de las instituciones y tuvo que crear su propia legitimidad y fue atacado no sólo como lo es ahora sino técnica y materialmente. Sin ir más lejos, el macrismo lo hackeó y por ello, tuve que mudarme de server. Lo que quiero decir con esto es que una vez que el espacio publico fue coptado por el Estado, para hacer disidencia uno se tiene que mover a los espacios disponibles: en este caso, internet. Hay algo análogo con el modo en el que los espacios eran ocupados durante los ochentas como, por ejemplo, el Parakultural. El espacio de contienda ya no es la calle sino la red y ahí yo opero. Por su parte, el Estado que quiere cancelarme, tambien lo hace y sus agentes hacen las convocatorias como funcionarios desde Facebook y Twitter. Lo sorprendente es la incapacidad total de cierto sector cultural de advertir los peligros de lo que pasa.

Pero no todo es negativo. Hay todo un fermento de la cultura argentina (de gran tradición) que no es institucional y a su rescate debemos ir. No son los que usan las instituciones para atacar al que piensa diferente por razones que nunca quedan claras y son desproporcionadas respecto del ataque. A rescatar esa cultural argentina ‘alternativa’ me dedico diariamente en mi trabajo no con unos pocos sino con decenas de artistas como por ejemplo: Romina Ressia, Lucas Jawlowsky, Luis Abadi, José Huidobro, Dardo Fabian Flores, Horacio Inchausti, Mercedes Muto, Luis Grané, Gabriela Zuccolino, Alfredo Srur, Tamara García, Lautaro Bianchi, Carola Compa, Zina Katz, Lucrecia Agulla, Marcela Magno, May Borovinsky, María Santa Cecilia, Sally Juarez, Lobo Velar, Elisabeth Verdugo y al lista sigue porque es extensa. Digo esto porque ninguna de estas acusaciones es válida y es equivocado creer que son todos los ‘artistas’ y ‘críticos’ los que piensan así.

El problema y creo que el quid de la cuestión, en realidad, radica en el sentido de intervención sobre el mundo artístico argentino y es un problema de discursos. Más específicamente, es un problema de la intolerancia de los discursos. Lo que estos grupos específicos parecen no tolerar es la forma en la que yo me refiero en mi blog a ciertos juicios estéticos. Sin embargo, gente que estudia el arte debería saber que, muchas veces, en sociedades negadoras, el incomodar y ‘violentar la forma’ es la única forma de generar algo nuevo.

DG: No pensabas que tus publicaciones podían tener esa repercusión o herir a alguien?

Si tenemos en cuenta el pasado de violencia e invisibilización caracteristico de la Argentina, que, además, constituye el eje argumental de mi libro, y que llega al presente; los argentinos de hoy están muy desacostumbrados al disenso. Yo diría que la ‘alegría’ Macrista nos ha habituado a que cualquier sátira seas considerada como excesivamente agresiva o el énfasis en el uso soez del lenguaje (todos modos válidos de intervención cultural y para eso hay que remitirse a la historia de las vanguardias, por ejemplo) sea inmediatamente tomado como un ataque personal y obsceno. Lo performativo de mi blog plantea una intervención estética basada en la sátira y el humor que no es ajena a una tradición argentina de crítica en momentos altamente opresivos. Repito, la intervención estética del blog se nutre de la tradición del Underground Porteño y el Parakultural con Batato Barea, por ejemplo, que usaba el humor para plantear en tono muy alto cuestiones consideradas como obscenas e inaceptables en ese momento. Mi blog hace algo parecido (aunque su registro sea diferente) al intervenir desde un lugar queer en un feminismo que ha sido apropiado por el Estado en un contexto histórico diferente en el que la noción de lo que es inapropiado ya no es el cuerpo travestido como a principio de los 80s sino el no acatar los mandatos del monopolio vertical de la verdad y el bien definidos por una corrección política que, en el caso Argentino, viene, muchas veces, varias décadas atrasada.

Seguramente, mi discurso desde el blog hiere egos pero el objetivo no son las personas sino las instituciones tras las que las personas se refugian para perpetuar su privilegio blanco. A eso yo lo llamo ‘la mafia del amor’. Un círculo endogámico dinamizado por la dedocracia, el nepotismo y las prebendas dispuesto a invisibilizar a aquel que no esté de acuerdo con él. Para eso, el blog tiene un registro alto que no calificaría de violento sino de ‘inapropiado’ para ciertos sectores involucrados fuertemente investidos (por sus intereses y privilegios) en que lo que yo digo no se diga.

Cómo ves estas acusaciones en simultáneo con la publicación de tu libro?

Yo vengo trabajando en este libro desde hace varios años. Fue pospuesto durante un año por el tema pandemia y mientras tanto me encuentro desarrollando un proyecto doctoral que estoy a punto de terminar y dio la coincidencia que un premio a mi crítica y el libro vieron la luz al mismo tiempo. Lo que en Argentina generó estupor es que un instituto de arte norteamericano muy prestigioso y especializado en arte latinoamericano me otorgara a través de un jurado (pluralista y transparente compuesto por tres miembros: uno queer y dos mujeres, osea, cumpliendo con todos los requisitos del cupo femenino) el premio en cuestión por unanimidad y que, simultaneamente y diría yo milagrosamente, mi trabajo de crítica en la forma de un libro fuera publicado por una de las editoriales más importantes, al mismo tiempo. El estupor de sectores se basa en que habiendo decidido ignorar e invisibilizar mis críticas como provenientes de un ‘chico bloguero enojado, resentido e irrelevante’ de golpe se dieron cuenta de que soy alguien que tiene recursos teóricos para argumentar y lo hace, sin pelos en la lengua de manera financiada y sostenidamente en el tiempo. Esto en una sociedad como la Argentina es intolerable. Lo que yo dije del Rojas en el ensayo ganador hubiera sido imposible de escribir si yo estuviera en la Argentina. Para peor, dedico un capitulo del libro a deconstruir y poner en cuestion el esencialismo feminista y el modo en el que ciertxs curadorxs lo han usado como instrumento de cancelación para perpetuar sus privilegios de clase blanca burguesa de Capital en desmedro de esa tradición artistica que se queda mirandolo desde fuera. Señalar eso es lo que no se me perdona y menos no siendo un miembro de su raza y clase. J A T

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