ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SAMUEL CASALVELINO

a única división política ontológicamente superior a todas las demás es aquella que separa a gobernantes y gobernados, opresores y oprimidos. La práctica puritana de la cancelación desplegada por progresismo actual es heredera del slogan sesentista “lo personal es político” (“the personal is political” o “the private is political”) a partir del cual ese clivaje político superior entre gobernantes y gobernados se “invisibilizó” (para usar el propio lenguaje progre). Pero si se es rico, si se tiene un espacio en los medios masivos, si se es funcionario, si se es galerista, si se es “celebrity”, automáticamente se pasa al bando de los gobernantes y opresores, no importa si se usa peluca, no importa “lo personal” o lo “privado”. El blanco de la crítica mordaz de Cañete siempre ha sido el poder; Flor de la V, Cris Morena, Marley, Fede Baeza (por mencionar sólo los últimos posteos del blog), como así también los curadores, galeristas, coleccionistas, burócratas y “artistas” vendehumo (estos últimos, en su mayoría, meros herederos del poder material de sus familias) son opresores, más allá de la minoría a la que decidan pertenecer circunstancialmente. En este sentido, la crítica de Cañete es una crítica democrática, antielitista, popular; viene a derrumbar la torre de mierda en la que la elite tiene secuestrada a la cultura. Se quieren sacar de encima al tipo que dice: esa obra es una mierda, esa obra no puede valer esa guita, ese museo no puede poner en valor esa mierda; se quieren sacar de encima, además, al tipo que denuncia la compra de bebés, el plagio, la corrupción, en fin: la decadencia de la clase gobernante ampliada (i.e. políticos + intelligentsia + celebrities). Cañete es democracia ¡Fuerza compañero!

 

PODÉS FIRMAR EL PETITORIO AQUÍ 

 

PODÉS ENCONTRALO EN LAS SIGUIENTES LIBRERÍAS